Cicatrices De Luna. El Retorno Del Alfa

CAPITULO 5

Draven

Una carcajada ronca, cargada de un cinismo absoluto, escapó de mi garganta. El sonido reverberó en las paredes de la enorme oficina, cortando el aire con la fuerza de una bofetada. Kyra dio un imperceptible paso hacia atrás, con los hombros tensos y la barbilla en alto, fingiendo una valentía humana que mi lobo detectaba como puro pánico.

  • ¿Ocho horas al día? ¿Límites profesionales? - me mofé, acortando la distancia entre los dos con pasos lentos y felinos - De verdad te has creído ese cuento de la ejecutiva civil e independiente, ¿No es así, Kyra?

Me detuve a escasos centímetros de ella. El aroma a jazmín y lluvia primaveral golpeaba mis sentidos, nublando mi juicio con una mezcla salvaje de deseo y resentimiento.

  • Te permití hablar porque me divierte ver hasta dónde llega tu delirio - le siseé, inclinándome hasta que mi aliento rozó su mejilla - Pero déjame recordarte algo que pareces haber borrado convenientemente de tu memoria. Huyiste de la manada como una cobarde dejaste tus deberes de Luna a un lado, abandonaste a tu gente y me diste la espalda cuando más te necesitaba, todo por un maldito berrinche.

Vi el destello de dolor en sus ojos castaños, pero la furia dentro de mí era un monstruo ciego que exigía retribución.

  • Quieres jugar bajo las reglas de este mundo. Quieres usar tus queridas leyes humanas como un escudo para mantenerte lejos de mí - continué, ensanchando mi sonrisa en una mueca gélida - Pero has cometido un error garrafal. Has olvidado un detalle crucial sobre esa sociedad humana en la que tanto te gusta camuflarte.

Tomé su barbilla con dos dedos, obligándola a sostener mi mirada ambarina. Su piel estaba fría, contrastando con el calor abrasador que subía por mis venas.

  • Ante las leyes de este país, ante los registros civiles humanos que tanto respetas... sigues siendo mi esposa.

El color abandonó su rostro al instante. Sus labios se abrieron en un jadeo ahogado y por primera vez en toda la mañana, el pánico real, crudo y sin filtros, inundó su mirada. Cinco años atrás, antes de que todo se fuera al infierno, firmamos esos papeles para facilitar los movimientos financieros de la manada en el mundo exterior. Ella pensó que huir al otro extremo del continente borraba el pasado, pero los contratos humanos son tan difíciles de romper como los lazos de sangre si tienes el dinero suficiente para congelar cualquier intento de divorcio unilateral.

  • Nunca firmé los papeles de divorcio que enviaste a través de tus abogados humanos, Kyra. Los quemé todos - le recordé, saboreando mi victoria mientras bajaba la mano hasta su cuello, sintiendo el pulso desbocado de su arteria carótida - Así que no hay tregua de ocho horas. No hay una línea que divida tu vida laboral de tu vida privada. Voy a reclamar cada uno de mis derechos legales y de manada. Y voy a extender esos derechos desde esta oficina corporativa... hasta mi cama.




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