Kyra
El repentino aroma a vainilla artificial y laca para el cabello de la rubia rompió la asfixiante burbuja de ozono de Draven. En cuanto los dedos de acero de mi aún esposo se apartaron de mi cuello para recibir el abrazo de su deslumbrante prometida, el aire frío de la oficina volvió a entrar de golpe en mis pulmones.
No esperé una presentación no me quedé a ver cómo la mirada gélida de Draven se transformaba para atender a la mujer que ahora ostentaba mi antiguo título de futura Luna. Agarré mi tableta corporativa y mi libreta con dedos temblorosos, usándolas como un escudo contra mi pecho.
Sentí la mirada ambarina de Draven clavarse en mi nuca como un puñal mientras caminaba hacia las puertas dobles. La rubia me barrió con una última expresión de asco, pero no me importó. Empujé los paneles de madera y salí al pasillo del piso cuarenta, cerrando la puerta tras de mí.
Solo cuando estuve lejos de la zona ejecutiva, metida en el cubículo del baño de mujeres, dejé que mis rodillas cedieran. Me apoyé contra los azulejos fríos y respiré hondo, conteniendo el sollozo que amenazaba con destrozar mi garganta. Cinco años de paz tirados a la basura en una sola mañana.
Piensa, Kyra, piensa, me ordené, golpeando mi frente suavemente contra la pared. Eres una civil ahora. Las leyes de los lobos no dictan tu vida.
Saqué mi teléfono personal del bolsillo. Tenía que haber una salida. Draven mencionó que mi contrato laboral estaba blindado y que nuestro matrimonio civil seguía vigente en este país, pero este era el mundo humano. Aquí, el acoso laboral, la intimidación y la retención forzada de documentos son delitos graves.
Busqué en mi lista de contactos hasta encontrar el nombre de Mateo Varga. Es un abogado laboralista brillante con el que coincidí en varios proyectos de la empresa, un humano común y corriente, pero sumamente implacable con las corporaciones abusivas.
Mis dedos temblaban tanto que fallé un par de letras antes de marcar su número. El teléfono sonó tres veces antes de que su voz pausada respondiera.
Hubo un silencio pesado del otro lado de la línea. El sonido de Mateo tecleando en su computadora me devolvió una pizca de realidad humana.
Colgué el teléfono y dejé salir el aire que retenía. Una pequeña flama de esperanza se encendió en mi pecho. Draven Amarok podía ser el Alfa más temido de su mundo y un titán en los negocios, pero estaba jugando en el tablero de los humanos. Y yo no iba a dejarme arrastrar a su cama ni a su control sin dar una pelea legal absoluta.