Cicatrices De Luna. El Retorno Del Alfa

CAPITULO 8

Draven

El olor a vainilla artificial y laca de Chelsy me revolvía el estómago. En cuanto la puerta de la oficina se cerró tras la huida de Kyra, la fragancia a jazmín y lluvia primaveral comenzó a desvanecerse, reemplazada por la pesadez de la mujer que se aferraba a mi brazo como una enredadera venenosa.

Mi lobo gruñía en el fondo de mi mente, de mal humor, exigiendo que apartara a la intrusa y fuera a buscar a nuestra Luna. Cinco años de frustración contenida se habían concentrado en esos escasos minutos de confrontación y la interrupción de Chelsy solo había servido para dejarme a medias, con la sangre hirviendo y el pulso desbocado.

  • Draven, amor, no me has respondido - insistió Chelsy, tirando de mi solapa con una sonrisa ensayada que no llegaba a sus ojos - ¿Quién era esa mujer y por qué la estabas tocando de esa manera? Las humanas ordinarias de este sector no deberían ganarse tu atención y mucho menos tu toque.

Me zafé de su agarre con un movimiento brusco, caminando hacia el gran ventanal que daba a la ciudad. Apoyé las manos en los bolsillos del pantalón, tratando de canalizar el aura de Alfa que amenazaba con destrozar el mobiliario humano.

  • Es la nueva asistente que la administración anterior me dejó en el contrato - respondí, manteniendo la voz fría, desprovista de cualquier matiz que delatara el vuelco que mi mundo acababa de dar - Estaba asegurándome de que entendiera cuáles son sus nuevas obligaciones bajo mi mando. Nada que deba importarte.

Chelsy entrecerró sus ojos claros, adoptando esa postura altiva de hija de Beta que creía tener el futuro asegurado. Ella no era tonta su instinto, aunque inferior al mío detectaba que el ambiente en esta oficina no estaba cargado por una simple reprimenda laboral. El olor a sumisión, miedo y una atracción salvaje seguía flotando en los rincones del despacho.

  • ¿Una asistente? - preguntó, cruzando los brazos y acercándose a mi escritorio - Tienes decenas de secretarias cualificadas en la sede central de la manada. No necesitas a una civil desaliñada de los suburbios. Despídela, Draven. No me gusta cómo te miraba. El consejo de la manada espera una imagen impecable de nuestra parte, sobre todo ahora que la boda se acerca y asumiré el cargo completo de Luna.

Me giré despacio mis ojos ambarinos destellaron con una fijeza peligrosa que congeló las palabras en su garganta la miré con un desprecio tan absoluto que dio un paso atrás, tragando saliva.

  • ¿Boda? - solté una risa seca, carente de cualquier atisbo de humor - ¿De qué maldita boda estás hablando, Chelsy? Yo jamás te he hablado de matrimonio, ni he mencionado esa palabra contigo.
  • Draven, el consejo acordó que yo... - comenzó a balbucear, palideciendo.
  • El consejo puede sugerir lo que quiera, pero yo soy el Alfa - la corté, dando un paso al frente y dejando caer mi aura como una losa de hormigón sobre sus hombros - Deja que te quede claro de una vez por todas tú eres la Luna solo de nombre. Es un trabajo, un acuerdo político y social. Tienes los beneficios económicos que el puesto te da, las propiedades, las cuentas bancarias y el prestigio disfruta de eso y mantén la boca cerrada.

Me acerqué a ella, obligándola a sostener mi mirada implacable.

  • Pero que termine de quedarte claro mi manada ya tiene una Luna, una real y ninguna otra mujer va a ocupar ese lugar en mi vida ni en mi cama.

Ella apretó los puños, con las lágrimas de humillación y rabia agolpándose en sus ojos, pero no se atrevió a replicar. El poder de mi voz de mando la obligó a sumisión.

  • Ahora sal de mi oficina - ordené en un susurro gélido - Tengo contratos que revisar.

Chelsy dio la vuelta y salió a toda prisa, haciendo resonar sus tacones con furia contra el suelo. En cuanto el clic de la puerta confirmó que estaba solo, dejé caer la máscara corporativa.

Una sonrisa sombría cruzó mi rostro, Kyra pensaba que sus pequeñas reglas de ocho horas laborales iban a salvarla. No tenía idea de que el contrato que firmó con los antiguos dueños la obligaba a una disponibilidad absoluta para la dirección general, un vacío legal humano que yo planeaba exprimir al máximo.

Saqué mi teléfono del bolsillo y marqué un número interno de la red de seguridad de la manada.

  • Señor - respondió al segundo tono la voz grave de Farid, mi jefe de seguridad y beta de la manada.
  • Monitorea todos los dispositivos electrónicos vinculados a Kyra Grainyer dentro y fuera de la red del edificio - ordené, con la voz fría como el hielo - Llamadas, correos, mensajes. Quiero saber con quién habla y qué está tramando.
  • Entendido, Alfa. ¿Busca algo en específico? - preguntó Farid con su habitual tono imperturbable.
  • Va a intentar buscar una salida legal humana. Encuentra a su abogado, a sus aliados o a cualquiera que intente meter las manos en este asunto. Si un abogado humano intenta meter las narices en mi contrato, destruye su bufete financieramente antes del anochecer. Kyra no se va a escapar de este edificio.

Corté la comunicación. Una sonrisa gélida se dibujó en mi rostro mientras observaba el reflejo de mis propios ojos, que volvían a destellar en un ámbar salvaje. Kyra quería pelear usando las leyes de los humanos, pero había olvidado que las corporaciones más grandes de este país se mueven con el dinero de mi manada. Si jugaba la carta de los tribunales, descubriría muy pronto que yo soy el dueño del juez, del jurado y del tablero.




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