Cicatrices De Luna. El Retorno Del Alfa

CAPITULO 9

Kyra

El zumbido del aire acondicionado en el pequeño café de la esquina parecía sincronizarse con el latido desbocado de mi corazón. Me sente en la mesa más apartada, oculta tras una planta alta, mirando fijamente la pantalla de mi teléfono mientras esperaba que Mateo se acomodara las gafas. El abogado tenía el rostro pálido y frotaba su frente con una frustración que me heló la sangre.

  • Dime que hay una salida, Mateo - le supliqué en un susurro, apretando una taza de té frío entre mis manos temblorosas - Dime que podemos impugnar esa cláusula de rescisión por abuso de poder.

Mateo dejó escapar un suspiro pesado y cerró la carpeta digital en su tableta me miró con una mezcla de lástima y absoluta seriedad profesional.

  • Kyra, desearía tener mejores noticias para ti, pero el panorama es devastador - comenzó, bajando la voz - Revisé línea por línea el contrato original que firmaste con la administración anterior y luego analicé el anexo de absorción que firmó el consorcio de Draven Amarok. No hay forma humana de apelar esto a corto plazo.
  • ¿A qué te refieres? - el pánico arañó mi garganta - Es solo un contrato de trabajo. Ninguna empresa puede obligar a un empleado a quedarse bajo amenazas.
  • Ese es el problema, no es un contrato laboral común - explicó Mateo, mostrando la pantalla con varias cláusulas subrayadas en rojo - El antiguo dueño, en su desesperación por salvar los empleos, aceptó una estructura legal muy inusual. Tu puesto está catalogado bajo una figura de personal clave estratégico con acceso a activos confidenciales. Al absorber la empresa, Amarok no solo compró los camiones y las rutas, compró legalmente la exclusividad de tus servicios directos y la de otros tantos empleados.

Sentí como si el techo del café se me viniera encima.

  • Pero la penalización por renuncia... - insistí, con la voz quebrada.
  • Es perfectamente legal en el ámbito corporativo de alto nivel - me cortó Mateo, propinándole un suave golpe a la mesa con el dedo - La cláusula de rescisión está fijada en cinco millones de dólares. Si presentas tu renuncia mañana, el departamento legal de Amarok tiene el derecho inmediato de embargar tus cuentas bancarias, tu coche, cualquier propiedad a tu nombre y demandarte por daños y perjuicios civiles. Te dejarían en la calle en menos de veinticuatro horas.

Me llevé una mano a la boca, conteniendo las lágrimas. El vientre se me revolvió al recordar la advertencia gélida de Draven en la oficina. Él sabía perfectamente el poder del papel que tenía en sus manos.

  • Pero hay algo peor, Kyra - añadió Mateo, su tono volviéndose aún más sombrío - Hablaste de una disponibilidad de ocho horas diarias. El nuevo puesto que ahora tienes viene con traspaso de funciones ejecutivas que incluyen una cláusula de confidencialidad y asistencia de emergencia. Especifica que, debido a la naturaleza de la transición, debes estar disponible para el director general las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, ante cualquier requerimiento operativo.
  • Eso es esclavitud moderna, Mateo - escupí, sintiendo la rabia mezclarse con el terror.
  • Para la ley es un contrato de alta dirección blindado que tú aceptaste tácitamente al no oponerte a la fusión - sentenció el abogado, guardando sus cosas - Si a eso le sumamos lo que me dijiste sobre ese matrimonio que sigue vigente... legalmente él tiene todas las de ganar. Si intentas huir puede denunciarte por abandono de hogar y usar el incumplimiento de contrato para destruirte financieramente en los tribunales. Estás atada de manos, Kyra. Mi única recomendación legal es que vayas mañana, cumplas con tus funciones y busques la manera de negociar con él de forma pacífica. Si lo provocas, tiene las herramientas legales para aplastarte.

Me quedé congelada en la silla mientras Mateo se despedía con un apretón de manos lleno de impotencia. Miré por el ventanal del café hacia el cielo gris de la tarde. No había escapatoria. El mundo, el refugio que construí con tanto esfuerzo a lo largo de estos cinco años para sanar mi alma y ocultar el dolor de mi pérdida, se había convertido en mi propia prisión. Mañana tendría que volver al piso cuarenta y entregarme directamente al control absoluto del Alfa que una vez amé y que ahora prometía destruirme mientras trataba de mantenerme de pie y no terminar de romperme en el proceso.




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