CAPITULO 13
Draven
La pluma estilográfica de hilos de plata pesaba en mi mano mientras firmaba la última página del nuevo anexo contractual. Las luces de la ciudad, parando a través del ventanal de la presidencia, eran el único testigo de mi fría victoria.
- Ya está hecho, Alfa - la voz de Farid rompió el silencio desde la penumbra de la puerta - El equipo de seguridad ya instaló el sistema de monitoreo y la puerta de acceso directo a su ático está asegurada. Solo falta su firma en la orden de traslado obligatorio.
- Excelente - respondí, estampando una rúbrica firme en el papel - Pon las copias en una carpeta. Voy a entregárselas yo mismo.
Farid asintió, pero no se movió de inmediato. Sus ojos fijos me evaluaron con esa maldita perspicacia de Beta.
- Es casi medianoche, Draven. Ella es humana su cuerpo no resiste el ritmo de nuestra especie. Si la presionas demasiado rápido, la vas a romper antes de obtener las respuestas que buscas.
- Sé perfectamente lo que es - le espeté y mi lobo gruñó en el fondo de mi mente, resentido por la advertencia - Es frágil, carece de garras pero su terquedad es más dura que el acero de la manada. Déjanos solos.
Tomé la carpeta de cuero negro y salí de la oficina ejecutiva. El pasillo del piso cuarenta estaba sumido en una oscuridad parcial, iluminado solo por las luces de emergencia. Me desplacé sin hacer el menor ruido, guiado por el hilo invisible de su aroma, que a estas horas de la noche se sentía más denso, cargado de un cansancio agudo que hacía reaccionar mis instintos protectores, muy a mi pesar.
Me detuve frente al cubículo de Kyra. La luz de la pantalla de su computadora iluminaba su rostro pálido.
Tenía la cabeza apoyada en una mano, los ojos entrecerrados fijos en las líneas de los informes de viabilidad que le había asignado. Su blusa blanca estaba ligeramente arrugada y varios mechones de su cabello castaño se habían escapado de su moño profesional. Se veía exhausta, al borde del colapso físico.
Pero lo que hizo que mi mandíbula se tensara por completo fue el desastre que adornaba el cristal de su escritorio.
A la derecha del teclado, una jarra de cristal de la cafetería estaba prácticamente vacía, mostrando apenas un residuo espeso de café frío. Alrededor de la base de la pantalla, se acumulaba un pequeño cementerio de basura humana, montones de envolturas plásticas y metalizadas de galletas industriales de chocolate y snacks procesados.
Un destello de memoria me golpeó el pecho como un mazo, invirtiendo la escena en mi mente.
Hace cinco años, en la cocina de la casa de la manada, era ella quien vaciaba las alacenas llenas de los snacks que mis guerreros traían de la ciudad. Recuerdo ver sus manos humanas arrojando con severidad los paquetes al bote de la basura. "Eres el Alfa, Draven y esta chuchería no alimenta a nadie. Tu gente necesita comida real, no estos químicos procesados", me decía con los brazos cruzados y una mirada firme que me obligaba a sonreír y a acatar sus reglas de salud en mi propio territorio.
El recuerdo se evaporó, dejando un sabor amargo a hiel en mi boca. La realidad actual era una bofetada la mujer que antes cuidaba de mi bienestar y despreciaba los químicos artificiales ahora se estaba destruyendo la salud en mi propio edificio, alimentándose de basura solo para demostrarme que podía cumplir mis órdenes de trabajo.
- ¿Este es tu concepto de eficiencia corporativa? - mi voz barítona tronó en el cubículo vacío, rompiendo el silencio de la noche.
Kyra dio un respingo violento, su cuerpo humano saltó de la silla por el susto y su mano golpeó accidentalmente la jarra de café vacía, que tintineó peligrosamente contra el monitor. Se giró hacia mí, parpadeando con rapidez para enfocar la vista, intentando recomponer su máscara de frialdad a pesar de las pronunciadas ojeras que enmarcaban sus ojos castaños.
- Señor Amarok... - su voz sonó ronca, debilitada por el cansancio - No lo escuché venir. Los informes de viabilidad del tercer sector están casi listos. Solo me falta procesar los datos de la última auditoría.
- Te hice una pregunta, Kyra - di un paso hacia el cubículo, señalando con la mirada las envolturas arrugadas y la jarra - ¿Qué es este desastre? Te dejé en esta oficina para trabajar, no para que convirtieras mi inmobiliaria en un depósito de basura. Veo que tus estrictas reglas sobre lo que alimenta y lo que no se han evaporado convenientemente en estos cinco años.
Kyra tragó saliva, pero la chispa de rebelión humana volvió a encenderse en sus pupilas. Se irguió en la silla, cruzando los brazos sobre el pecho, imitando inconscientemente la misma postura del recuerdo.
- La gente cambia y al final que importa lo que coma ahora. Te recuerdo que fuiste quien decidió encadenarme al escritorio a las doce de la noche - siseó con un deje de ironía que me encendió la sangre - Estas galletas y este café viejo son lo único que había en las máquinas expendedoras del pasillo. Si le molesta el desorden, lo limpiaré en cuanto termine los balances.
- No vas a terminar nada hoy - arrojé la carpeta de cuero negro sobre el teclado, cubriendo los datos de la pantalla - Firma eso. Ahora mismo.
Ella frunció el ceño, mirando el documento con recelo. Con dedos ligeramente temblorosos, abrió la carpeta y leyó las primeras líneas. Vi cómo sus ojos se abrían con horror y el poco color que le quedaba en las mejillas desapareció por completo.
- ¿Una orden de reubicación residencial obligatoria? - leyó en un susurro ahogado, levantando la vista hacia mí - ¿Estás loco? Mi contrato dice que soy asistente personal, Draven. ¡No puedes dictar dónde vivo! Aquí dice... dice que debo mudarme al complejo residencial Amarok Tower esta misma noche.
- Tu contrato especifica disponibilidad absoluta las veinticuatro horas - le recordé, inclinándome sobre su escritorio, obligándola a retroceder contra el respaldo de su silla - Mírate, estás mas flaca y temblando de fatiga. Si te dejo salir a la calle en este estado a mitad de la noche, apenas podrás llegar a tu departamento actual. No voy a permitir que un retraso logístico arruine mis juntas porque tu cuerpo humano no tolera el horario.
- ¡No voy a ir a tu edificio! - se levantó de la silla, plantándome cara con las pocas fuerzas que le quedaban, aunque tuvo que apoyarse en el borde del mueble para no tambalearse - Conozco tus intenciones. Dijiste que usarías tus derechos legales hasta tu cama...
- El departamento del piso treinta y nueve es propiedad exclusiva de la empresa, Kyra. Está estipulado como una vivienda de función ejecutiva para el personal de alta disponibilidad - la corté, manteniendo la voz fría, ocultando el hecho de que verla tan débil estaba torturando a mi lobo era evidente que su alimentación era un desastre - Está amueblado, tiene seguridad privada y comida real en la cocina. No tendrás que caminar por la calle de noche.
- Es una jaula - escupió ella, con los ojos empañados por la frustración - Una maldita jaula de cristal.
- Es una orden corporativa y una cláusula de tu contrato de exclusividad - tomé un bolígrafo del organizador y se lo puse en la mano, obligando a sus dedos fríos a cerrarse alrededor del metal - Firma, Kyra. Si te niegas, mañana a primera hora la penalización por incumplimiento de directiva se cargará a tu cuenta bancaria. Y ya sabes lo que le pasó a tu abogado hoy. No te quedan cartas que jugar.