Cicatrices De Luna. El Retorno Del Alfa

CAPITULO 18

Kyra

El vestíbulo del piso cuarenta de las industrias Amarok estaba sumido en esa tensa calma que precede a las tormentas corporativas eran apenas las siete y media de la mañana. Entré arrastrando los pies, pero con la espalda rígidamente erguida, sosteniendo una carpeta de cuero con los informes de viabilidad que había terminado de corregir en mi noche de desvelo. El aire acondicionado del edificio ya funcionaba a máxima potencia, arrastrando el aroma helado a ozono y pino que delataba la presencia de Draven en el ala ejecutiva

Mis compañeras de recepción me miraron con una mezcla de alivio y absoluta curiosidad cuando me senté detrás de mi escritorio de cristal. Ninguna sabía que venía directamente del complejo residencial de nuestro nuevo jefe, ni que dormía o intentaba hacerlo en su ático. Para ellas, yo seguía siendo Kyra Grainyer, la asistente que milagrosamente había sobrevivido al primer día del temido Alfa.

  • Kyra, menos mal que llegas - susurró Lucía, inclinándose sobre la barra divisoria con el rostro tenso - El señor Amarok llegó hace media hora y su humor parece el de un huracán de categoría cinco. ¿Estás bien? Te ves... pálida.
  • Estoy bien, Lucía. Solo dormí poco - respondí, forzando una sonrisa profesional mientras encendía el monitor de mi computadora.

No alcancé a abrir el sistema de archivos cuando el tintineo agudo del ascensor privado rompió el silencio del pasillo. Las puertas de acero inoxidable se abrieron de par en par y un aroma empalagoso, denso y artificial a vainilla y laca para el cabello inundó el espacio de inmediato, chocando de frente con la pulcritud del ambiente corporativo.

Era Chelsy.

La prometida de Draven entró al piso pisando con una fuerza desmedida, haciendo que sus tacones de aguja de diseñador resonaran contra el suelo de mármol como disparos. Vestía un abrigo de piel sintética de un blanco inmaculado a pesar del clima templado de la mañana, y llevaba unas gafas de sol oscuras que se retiró con un gesto teatral en cuanto localizó mi escritorio. Detrás de ella, dos asistentes humanos de la manada cargaban bolsas de boutiques de lujo y un enorme arreglo de orquídeas blancas que parecía costar más que mi sueldo mensual.

Las conversaciones de los pocos empleados que habían llegado temprano se extinguieron al instante. Lucía bajó la cabeza de inmediato, fingiendo teclear en su teléfono del conmutador.

  • Vaya, vaya. La secretaria eficiente ya está en su puesto - anunció Chelsy, deteniéndose justo frente a mi escritorio. Apoyó ambas manos sobre el cristal, inclinándose lo suficiente para que el destello del enorme diamante de su anillo de compromiso me diera directamente en los ojos - Pensé que las humanas de tu nivel necesitaban marcar tarjeta más tarde.
  • Buenos días, señorita Chelsy - respondí, manteniendo mi voz en un registro plano y monótono, usando la neutralidad corporativa como mi único escudo disponible - El señor Amarok se encuentra en su despacho. Si desea, puedo anunciarla.
  • No necesito que me anuncies en el imperio de mi futuro esposo, niñita - se mofó, soltando una risa aguda que pretendía que todo el piso la escuchara. Giró el rostro hacia los asistentes que la seguían y señaló con un dedo perfectamente manicurado una mesa auxiliar cercana a la entrada de la presidencia - Pongan las flores ahí. Quiero que mi prometido recuerde quién lo espera en casa cada vez que levante la vista de sus aburridos papeles.

Los hombres obedecieron en silencio, Chelsy volvió a clavar sus ojos en mí, recorriendo mi blusa sencilla y las profundas ojeras que mis intentos de maquillaje no habían logrado ocultar. Dio un paso lateral, rodeando la barra de recepción hasta quedar a mi lado, invadiendo mi espacio de trabajo con una familiaridad insultante.

  • Me enteré de que Draven firmó una orden de disponibilidad para ti anoche - soltó en un susurro cargado de veneno, lo suficientemente bajo para que los demás no escucharan, pero con la suficiente fuerza para hacerme tensar los puños bajo el escritorio.- Sé que te hizo mudar a la Amarok Tower, no te creas especial, humana. Draven hace eso con todo el personal que planea exprimir hasta los huesos antes de desecharlo eres solo una herramienta de trabajo, una empleada de limpieza con un título más bonito.

El dolor fue un pinchazo agudo en mi estómago, no por sus palabras sino por la humillación pública de tener que soportar su arrogancia en el lugar donde me había costado cinco años construir una reputación de paz, Chelsy estaba marcando territorio frente a toda la oficina, dejando claro ante los empleados quién poseía al Alfa y quién era simplemente la sirvienta legalmente encadenada.

  • Mis funciones y mi lugar de residencia son decisiones estrictamente corporativas del señor Amarok, señorita - le planté cara, sosteniéndole la mirada fija, negándome a bajar la cabeza como ella esperaba - Si tiene alguna objeción sobre la logística de la empresa, le sugiero que lo discuta directamente con él en su despacho. Mi horario laboral ya comenzó y tengo tres informes de viabilidad que entregar.

Chelsy entrecerró los ojos, sus fosas nasales dilatándose ligeramente mientras su instinto lobuno captaba la absoluta falta de sumisión en mi respuesta. Levantó una mano, dispuesta a golpear el cristal de mi escritorio para amedrentarme, cuando la pesada puerta doble de la presidencia se abrió con un chasquido seco.

Draven apareció en el umbral, impecable, con un traje negro que resaltaba su imponente metro noventa. Su mirada gris recorrió la escena en un segundo, deteniéndose en la cercanía física de Chelsy hacia mí y en la tensión que flotaba en el aire.

  • ¿Qué está pasando aquí? - la voz de Draven tronó en el pasillo, haciendo que Lucía y los asistentes dieran un respingo. El aire del piso cuarenta pareció congelarse bajo el peso de su autoridad de Alfa.




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