Cicatrices De Luna. El Retorno Del Alfa

CAPITULO 20

Kyra

El peso de la carpeta de cuero negro entre mis dedos se sentía como plomo puro, sostuve el aire en mis pulmones un segundo antes de empujar las puertas dobles de la presidencia. El aroma a ozono de Draven se mezclaba de forma asfixiante con la pesada estela de vainilla de Chelsy.

Al entrar la escena me revolvió el estómago, Chelsy estaba sentada con total suficiencia en uno de los sillones de cuero italiano, cruzando sus piernas delgadas y balanceando un tacón de aguja con absoluta parsimonia. Draven por su parte, ya ocupaba su lugar detrás del imponente escritorio, su mirada gris se clavó en mí en cuanto di el primer paso evaluando mi postura, buscando el menor rastro de quiebre.

Avancé con paso firme, no iba a arrastrar los pies ni a bajar la cabeza me detuve frente al escritorio, ignorando olímpicamente la presencia de la rubia a mi izquierda.

  • Aquí tiene los informes de viabilidad del tercer sector de transporte, señor Amarok - dije, depositando la carpeta exactamente sobre la superficie pulida - Los balances fiscales están corregidos y listos para la junta de las diez.

Antes de que Draven pudiera siquiera tocar el documento, una risita aguda y condescendiente cortó el aire del despacho.

  • Vaya, de verdad te esfuerzas, ¿eh? - Chelsy se acomodó el abrigo de piel blanca, mirándome de arriba abajo con una sonrisa cargada de veneno - Es tierno ver cómo las humanas corrientes piensan que el trabajo duro las hace indispensables. Aunque claro pasar la noche entera despierta para complacer los pedidos de Draven es una buena táctica no lo puedo negar... cualquiera diría que tienes segundas intenciones con tu jefe, niñita. Las de tu clase son tan predecibles cuando ven a un hombre con verdadero poder.

Draven tensó la mandíbula de inmediato, un brillo ámbar peligroso y contenido, destelló en el fondo de sus ojos grises. Estaba a punto de hablar, de imponer su voz de Alfa para acallarla, pero yo no le di la oportunidad cinco años en el mundo corporativo humano me habían enseñado que el silencio ante un ataque directo solo valida la agresión y yo ya no era la chiquilla indefensa de la manada.

Me giré lentamente hacia ella, plantándole cara con una serenidad fria que pareció descolocarla.

  • Señorita Chelsy, lamento decepcionarla pero está proyectando sus propias inseguridades en el lugar equivocado - solté, manteniendo mi voz en un tono profesional, pausado y perfectamente nítido- No tengo el más mínimo interés personal, ni de ninguna otra índole en el señor Amarok. Para mí, él es única y exclusivamente un jefe impositivo, yo jamás solicité el cambio de departamento ni estar cerca de él y muchísimo menos entre mis pretensiones o ambiciones como usted lo ha sugerido está en convertirme en la dichosa Luna de la manada Amarok o como sea que le digan - fingi deliberadamente desconocer la manada que una vez fue mi hogar.

Chelsy abrió la boca, indignada por mi respuesta pero la interrumpí antes de que pudiera articular palabra. Di un paso hacia su sillón, sosteniéndole una mirada que no flaqueó ni un milímetro.

  • Es más, hagamos un trato. Dado que usted es su prometida oficial y la futura Luna de su manada, asumo que su opinión tiene un peso considerable para él. Si realmente le preocupa mi presencia en este piso o las horas que paso revisando sus informes, le ruego que use su influencia, convenza a su prometido de que rompa el contrato blindado que me ata legalmente a esta empresa, convéncelo de que me deje ir y sería capaz hasta de renunciar a mi liquidación.

La oficina se sumió en un silencio tan denso que el zumbido del aire acondicionado pareció apagarse, el rostro de Chelsy pasó del desprecio a una completa estupefacción no se esperaba que una simple empleada humana le hablara con semejante nivel de audacia, y mucho menos que despreciara abiertamente al Alfa que ella tanto se esmeraba en retener.

  • Si usted logra que el señor Amarok firme mi rescisión y me devuelva mi libertad laboral esta misma mañana - concluí, girándome de nuevo hacia el escritorio para mirar directamente a los ojos oscurecidos de Draven - le aseguro que estaré en deuda con usted por el resto de mi vida y que no me vería la cara nunca más.

Miré a Draven, su rostro se había transformado en una máscara de pura furia salvaje sus manos apretaban los bordes del escritorio con tanta fuerza que la madera crujió bajo la presión de sus dedos el aura de Alfa que desprendía en ese momento era tan violenta que vi a Chelsy encogerse instintivamente en su asiento, aterrorizada por la bestia que yo acababa de desatar sin usar una sola mala palabra.

Había puesto mis cartas sobre la mesa ya no era su Luna, no quería su dinero y estaba desesperada por escapar de su jaula que prefería mul veces aliarme con su odiada prometida antes que pasar un minuto más bajo su yugo, ese era el peor golpe que su orgullo de Alfa podía recibir.




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