Cicatrices De Luna. El Retorno Del Alfa

CAPITULO 21

Draven

Un crujido seco y violento resonó en la oficina cuando las fibras de la madera de caoba cedieron bajo la presión de mis manos. Mi lobo arañaba las paredes de mi mente, rugiendo con una furia tan primitiva que el dolor me nubló la vista por completo, los ojos me ardían, el gris humano completamente devorado por un ámbar brillante y salvaje que ya no me molesté en contener.

¿En deuda con ella? ¿Aliarse con Chelsy para comprar su libertad?

Cada palabra de Kyra había sido un dardo envenenado directo a mi orgullo de Alfa pero principalmente a mí lobo, una humillación calculada frente a la mujer que se suponía debía respetarme por encima de todo. Verla allí de pie, con su blusa blanca perfectamente planchada, mirándome con esos ojos castaños llenos de un desprecio gélido, prefiriendo el destierro absoluto antes que tolerar mi cercanía, me destrozó las últimas defensas.

  • ¡Fuera! - bramé.

Mi voz no fue la de un director ejecutivo, fue un rugido de Alfa cargado de tanto poder y vibración que los cristales del ventanal temblaron sutilmente.

Chelsy dio un salto en el sillón de cuero, ahogando un grito de terror. El color abandonó su rostro al instante, sus instintos de loba surgieron obligándola a encoger los hombros y bajar la cabeza ante la bestia desatada que tenía enfrente.

  • Pero, Draven, mi amor, ella... - intentó balbucear, con la voz temblando.
  • ¡He dicho que te largues, Chelsy! - me puse de pie, mi imponente metro noventa cerniéndose sobre el escritorio como una sombra de muerte - ¡Toma tus malditas flores y lárgate de mi edificio ahora mismo! ¡No me hagas repetirlo!

Chelsy no esperó una tercera advertencia, se levantó a trompicones con los ojos llenos de lágrimas de puro miedo y humillación pública y corrió hacia las puertas dobles, dejándolas abiertas de par en par en su huida.

  • Farid, cierra la maldita puerta y no dejes entrar a nadie - siseé por el intercomunicador, sin apartar los ojos de mi prófuga.

Escuché el clic definitivo del pestillo a la distancia, estábamos solos. La asfixiante estela de vainilla se disipó rápido, dejando únicamente el aroma puro a jazmín de Kyra, que se agitaba en el aire debido a sus latidos desbocados. Estaba asustada sus pulmones humanos subían y bajaban con rapidez, pero se negó a retroceder, mantuvo la barbilla en alto, desafiándome con su sola existencia.

Rodeé el escritorio con zancadas rápidas y pesadas, deteniéndome a escasos centímetros de ella. La presión de mi aura cayó sobre sus hombros como una losa de cemento, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás para sostener mi mirada ambarina.

  • ¿Así que estás dispuesta a rogarle a Chelsy? - le siseé, mi voz saliendo en un susurro tan bajo y peligroso que vibró en su pecho - ¿Prefieres aliarte con la mujer que ocupa tu puesto, humillarte ante ella, con tal de no ver mi rostro? ¿Tanto me odias, Kyra?
  • No te odio, Draven - respondió ella y aunque su voz tembló un milisegundo, recuperó una frialdad que me caló hasta los huesos - El odio es un sentimiento demasiado fuerte. Lo que siento por ti es pura indiferencia, quiero mi libertad, quiero que me dejes en paz en el mundo al que pertenezco ahora y haré lo que este a mí alcance para conseguirlo.
  • ¡Tú perteneces a mi mundo! - el golpe de mi puño contra la pared contigua hizo que un cuadro de arte abstracto se tambaleara. Me incliné sobre ella y empezó a retroceder hasta que termine acorralándola entre mi cuerpo y el muro, obligándola a respirar mi aliento - ¡Eres mi esposa ante las leyes de tus amados humanos y eres mi Luna por derecho de sangre! No me importa cuántas veces lo niegues en este cubículo gris pero no voy a firmar tu rescisión. No voy a romper este contrato. Vas a quedarte aquí, vas a mirarme todos los días y vas a tragarte cada una de tus palabras de desprecio.
  • ¿Para qué? - un par de lágrimas de frustración finalmente rodaron por sus mejillas, pero sus ojos seguían fijos en los míos, quemándome con su dolor - ¿Para ver cómo paseas a tu nueva prometida por los pasillos? ¿Para recordarme la noche en que me traicionaste? Ya me destruiste una vez, Draven. Ya me quitaste todo, déjame ir antes de que termines de aplastar lo poco que queda de mí.

Mi lobo gimió en mi pecho ante el rastro de sufrimiento crudo en su voz. Quería enterrar mi rostro en su cuello, lamer sus lágrimas y rogarle que me explicara qué demonios creía haber visto hace cinco años pero mi orgullo herido y la furia de ver cómo se me escapaba de las manos me cegaron.

  • Puedes luchar cuanto quieras pero no te vas a ir - le siseé al oído, rozando apenas su piel fría con mis labios, sintiendo el estremecimiento que recorrió su cuerpo -Puedes usar tu máscara de analista fría todo lo que quieras ante el personal o anre mi pero al final del día estás atrapada en mi jaula y de aquí solo saldrás cuando yo decida que has pagado cada segundo del infierno en el que me dejaste. Prepárate para la junta de las diez. No quiero volver a escuchar una sola palabra sobre tu libertad.

Me aparté bruscamente, dándole la espalda para mirar por el gran ventanal ocultando el hecho de que verla llorar me estaba destrozando por dentro. Escuché el sonido de sus pasos apresurados alejándose hacia la salida y el suave chasquido de la puerta. Me quedé solo en la inmensidad de la presidencia, con los nudillos ensangrentados por el golpe en la pared y el alma más rota que nunca.




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