Cicatrices De Luna. El Retorno Del Alfa

CAPITULO 23

Kyra

La sala de juntas del piso cuarenta, ahora era una obra maestra de la intimidación corporativa. Una mesa elíptica de granito negro ocupaba el centro, rodeada por doce sillas de cuero donde ya se acomodaban los inversores más importantes del sector de transporte. El ventanal a mis espaldas dejaba entrar la luz abrasadora de las dos de la tarde, proyectando reflejos afilados sobre el cristal de las tabletas y las copas de agua.

Yo permanecía de pie en el extremo de la mesa, con mi americana gris bien abotonada y un puntero digital entre los dedos. El zumbido del proyector llenaba el silencio sepulcral de la habitación.

  • Como pueden observar en la pantalla, la proyección de viabilidad para el tercer sector muestra un incremento del doce por ciento tras la optimización de las rutas de distribución - anuncié, forzando a mi voz a mantener un tono impecable, nítido y libre de cualquier rastro del desgaste físico que toda está situación me estaba ocasionando.

Los inversores asentían, anotando datos. Para ellos, la presentación era un éxito rotundo pero para mí, cada palabra que salía de mi boca era una prueba de supervivencia. La razón no eran los números, sino el hombre sentado en la cabecera de la mesa.

Draven no había pronunciado una sola palabra desde que comenzó la reunión. Permanecía ligeramente reclinado en su silla, con las manos entrelazadas sobre su regazo y un bolígrafo de plata entre los dedos. Su traje negro parecía absorber la luz de la tarde, pero lo verdaderamente asfixiante era su mirada esos ojos grises, fijos y felinos, no se habían apartado de mi rostro ni un solo segundo.

No miraba los gráficos, no miraba a los inversores me miraba a mí.

Era una vigilancia visual absoluta, pesada y posesiva que se me clavaba en la piel como agujas de hielo, su mirada recorría la línea de mi mandíbula, el movimiento de mis labios al hablar y la forma en que mis dedos apretaban el puntero. Podía sentir el calor invisible de su atención barriendo mi blusa blanca, registrando el pulso acelerado en mi cuello que delataba mi nerviosismo. Draven estaba usando su imponente presencia física para recordarme, frente a todos que aunque yo me escudara en datos fiscales y tecnicismos, seguía estando bajo su completo control.

Un sudor frío me resbaló por la nuca, pero me obligué a no flaquear. Cambié la diapositiva con un toque del pulgar.

  • Si analizamos los costos operativos del último trimestre corporativo de Nova antes de la adquisición... - continué, pero mi voz titubeó un milisegundo cuando Draven cambió sutilmente de posición.

Él apoyó los codos sobre la mesa y se inclinó hacia delante, acortando la distancia visual entre los dos. Sus ojos grises se oscurecieron, brillando con una fijeza peligrosa que evocaba a la bestia que llevaba dentro. El aroma a ozono y pino invernal pareció intensificarse en mi dirección, disolviendo el olor a alfombra nueva de la sala de juntas. Me estaba presionando psicológicamente, disfrutando de mi resistencia midiendo hasta dónde llegaba mi orgullo antes de quebrarse bajo el peso de su escrutinio.

  • Señorita Grainyer - la voz de Draven cortó el aire de la sala, interrumpiéndome a mitad de la frase. Los inversores se tensaron en sus asientos, girándose de inmediato hacia el nuevo dueño del imperio - El gráfico de auditoría del sector norte muestra una discrepancia menor en los tiempos de entrega. ¿Podría desglosarnos esa variable?

Sus palabras eran una pregunta corporativa válida, pero el tono bajo y arrastrado en el que las pronunció era una clara demostración de poder. Me estaba retando a demostrar que era tan eficiente como afirmaba, obligándome a interactuar directamente con él frente a su junta.

Tragué el nudo de mi garganta y sostuve su mirada con toda la frialdad que logré reunir.

  • Por supuesto, señor Amarok - respondí, enfatizando su apellido con un sutil desprecio que solo él podía procesar - Si observa el subapartado B del informe que tiene en su tableta, verá que esa variable se debe al retraso en las aduanas costeras, un factor externo que ya ha sido mitigado en la nueva propuesta bajo su gestión.

Draven entreabrió los labios en una sonrisa gélida y ladina que me erizó los vellos de los brazos. Asintió despacio, pero sus ojos no me soltaron.

  • Eficiente, como siempre - comentó en un murmullo que rozaba lo íntimo, haciendo que un escalofrío de pura frustración me recorriera la espina dorsal - Continúe, por favor. No quiero perder ningún detalle de su exposición.

Terminé la junta veinte minutos después con las manos heladas y el corazón latiéndome en los oídos. En cuanto los inversores comenzaron a ponerse de pie, despidiéndose con apretones de manos y comentarios elogiosos, apagué el proyector a toda prisa. Necesitaba salir de esa habitación, escapar de la asfixia de sus ojos grises antes de que las paredes terminaran de cerrarse sobre mí pero mientras guardaba mi tableta en la carpeta de cuero, la silueta de Draven se interpuso entre la puerta de salida y mi escritorio, bloqueando mi único camino de escape con la parsimonia de un lobo que espera a que la madriguera se quede vacía.




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