CAPITULO 24
Draven
El último de los inversores salió de la sala de juntas, dejándonos en un silencio sepulcral, solo perturbado por el sutil zumbido del proyector enfriándose. Kyra guardaba su tableta corporativa con movimientos rápidos y mecánicos. No me miraba, pero la rigidez de sus hombros delataba que sentía mi presencia bloqueando la salida.
- Recoge tus cosas, Kyra. Vamos a salir - ordené, mi voz saliendo en un tono bajo pero frío que resonó en las paredes de granito negro.
Ella se congeló un segundo, con los dedos aún aferrados a la carpeta de cuero. Luego, levantó la barbilla, sosteniéndome la mirada con esos ojos castaños cargados de una profesionalidad que pretendía usar como un muro de piedra.
- No tengo programado ningún almuerzo ejecutivo en su agenda, señor Amarok - respondió, forzando una voz monótona - Además, tengo que procesar los comentarios de la junta y redactar las minutas antes de que termine mi horario laboral. No voy a salir.
- No te estoy preguntando, kyra - di un paso hacia ella, acortando la distancia, permitiendo que mi aroma a ozono y pino invernal invadiera el espacio que tanto intentaba proteger - Te sugiero que revises la sección de bienestar y rendimiento del contrato de exclusividad que firmaste anoche. Como tu empleador y tu esposo tengo la facultad legal y moral de exigir pausas obligatorias si el rendimiento del personal y más el de un miembro de mi manada corre peligro por fatiga. Estás en vela desde ayer porque ese maquillaje que usas ahora no tapa tus ojeras como tanto pretendes, asi que vas a salir a almorzar conmigo ahora mismo.
Kyra soltó una risa seca, un sonido que me quemó la piel. Abrió su computadora portátil sobre la mesa, ignorando mi orden de manera flagrante y comenzó a teclear con furia.
- Mis niveles de fatiga no interfieren con mis resultados, como acaba de ver en la presentación -siseo, sin apartar los ojos de la pantalla - Mi contrato me obliga a entregar informes, no a que sea mi nutricionista y mucho menos a que sea su acompañante de mesa. Si me disculpa, pretendo seguir trabajando en los balances del sector norte. No necesito comida, ya desayuné esta mañana.
Ver su terquedad humana, ver cómo prefería desgastarse las pestañas frente a un monitor antes que recibir un solo gesto de mi parte, rompió la poca paciencia que me quedaba. Di un paso felino, invadiendo por completo su cubículo improvisado.
Extendí la mano y con un movimiento rápido y firme, bajé la tapa de su computadora portátil de un manotazo, cortando el resplandor azulado de la pantalla. Antes de que pudiera protestar, tomé el aparato junto con su tableta corporativa y su teléfono de la empresa, confiscándolos en un solo movimiento y colocándolos detrás de mi espalda.
- ¿Qué crees que estás haciendo, Draven? - exclamó usando mi nombre de pila y no el "señor Amarok" que tanto odiaba y se puso de pie de un salto. Sus ojos castaños destellaron con una furia viva, real, la primera emoción sin filtros que le veía en todo el dí - ¡Devuélveme mis equipos! ¡Es propiedad de la empresa!
La miré desde mi imponente metro noventa, ensanchando mis labios en una mueca mientras saboreaba el eco de un pasado que ella misma había escrito en mi memoria. Repetir sus propias palabras fue el golpe más certero que pude darle.
- El trabajo no alimenta a nadie, Kyra - le siseé, bajando la voz hasta un tono peligrosamente suave, imitando la misma entonación con la que ella solía regañarme en la casa de la manada - Tu cuerpo necesita comida real para el día y tus ojos humanos necesitan descansar. Muévete ahora mismo.
El impacto de mis palabras la dejó sin aliento, el color abandonó su rostro al instante y sus labios se abrieron en un jadeo ahogado. Reconoció el rastro de nuestra antigua vida en mi boca, recordó a la mujer que solía cuidar de mi bestia antes de que todo se fuera al infierno. El contraataque psicológico la dejó completamente desarmada, atrapada entre el dolor del recuerdo y la asfixia de mis cadenas legales.