Cicatrices De Luna. El Retorno Del Alfa

CAPITULO 26

Farid

El sonido nítido del ascensor privado rompió el silencio tenso que reinaba en los pasillos de la planta ejecutiva. Me mantuve de pie a unos metros de las puertas de acero inoxidable, con los brazos cruzados a la espalda y la tableta digital firmemente sujeta contra mi costado. Había pasado las últimas horas sumergido en las redes más oscuras del submundo digital, y lo que había encontrado, o mejor dicho lo que no había podido encontrar requería la atención inmediata del Alfa.

Las puertas se abrieron con un tintineo sordo. Draven salió primero, con su imponente altura cortando el aire, portando el maletín de cuero de Kyra. Justo un paso por detrás avanzaba ella, Kyra se veía pálida, con la mirada fija en el suelo alfombrado, pero el rastro químico que ambos desprendían al entrar al pasillo hizo que mis instintos de Beta se pusieran en alerta máxima.

Había una estela densa de ozono y jazmín fuertemente entrelazados. La intimidad forzada de ellos había alterado el ambiente, el lobo de Draven estaba momentáneamente apaciguado, saciado por una sumisión que yo sabía perfectamente que él le había impuesto a la fuerza, mientras que el aroma de Kyra denotaba una fatiga que rayaba a un paso del agotamiento absoluto.

Me cuadré de inmediato, bajando ligeramente la cabeza en una reverencia que iba dirigida estrictamente a ella, reconociendo el linaje y el estatus que ninguna ley humana podría borrar.

  • Buenas tardes, Luna - dije, mi voz resonando con el respeto absoluto e inquebrantable que su título merecía dentro de nuestra estirpe.

Kyra se detuvo en seco, vi cómo sus hombros se tensaban bajo la americana gris y una chispa de dolor antiguo cruzó sus ojos castaños antes de que se transformaran en dos témpanos de hielo. Se giró hacia mí, sosteniéndome la mirada con una firmeza que me descolocó.

  • No me llames así, Farid - respondió, su voz saliendo en un susurro pausado pero cortante- No soy tu Luna, jamás lo fui. Para ti y para todo este edificio, soy únicamente la asistente personal del señor Amarok. No vuelvas a usar ese título conmigo.

Draven contuvo el aliento a mi lado, sus ojos grises encendiéndose en un ámbar peligroso ante el tajante rechazo de Kyra de aceptar el lugar que le correspondía como pareja predestinada del Alfa. Ella no esperó a ver nuestra reacción, le arrebató el maletín de cuero de la mano a Drake con un gesto cortante y caminó con paso firme hacia su escritorio de cristal. En cuanto estuvo fuera del alcance de nuestros oídos licántropos, di un paso al frente, interceptando a Draven antes de que cruzara el umbral de la presidencia.

  • Alfa - dije, recuperando el registro confidencial de la manada - Tenemos un problema grave con el rastreo de Kyra. Necesito que vea esto de inmediato en su despacho.

Draven entrecerró las pupilas, captando la rigidez en mi postura. Asintió con la cabeza y empujó las puertas dobles de su oficina. Entré detrás de él y esperé a que el pestillo encajara con su clic definitivo antes de encender la pantalla de la tableta y colocarla sobre el escritorio de caoba.

  • ¿Qué encontraste, Farid? - preguntó Draven, arrojando las llaves del auto sobre la mesa mientras se aflojaba el nudo de la corbata con fastidio - ¿A dónde huyó durante ese primer año? ¿Quién la ayudó?
  • Ese es el problema, Draven. Nadie puede saberlo - respondí, deslizando el dedo por la pantalla para mostrarle los códigos de error en rojo que parpadeaban en el sistema corporativo - Inicié un rastreo retrospectivo profundo desde la noche cero. Crucé sus datos biométricos, cuentas bancarias humanas, registros de conducción y satélites de tráfico estatales. No hay absolutamente nada. Kyra Grainyer es un vacío digital durante los primeros catorce meses de su huida.

Draven frunció el ceño, acercándose al escritorio para examinar los gráficos en blanco. Una de sus manos se cerró en un puño.

  • Es una humana, Farid. No tiene el entrenamiento ni la capacidad para evadir un rastreo satelital de la manada. Las migajas digitales de los civiles son imposibles de borrar por completo. Alguien tuvo que haber cometido un error en el departamento de seguridad.
  • No es un error de nuestro personal, Alfa - lo corté, manteniendo mi tono imperturbable - Su historial no fue borrado de manera descuidada, fue sellado. Alguien con un inmenso poder político o financiero tomó el registro de ese primer año y medio y le colocó un bloqueo criptográfico de nivel gubernamental. Usé las identidades digitales de la coalición de manadas de la costa este y el sistema continuó rechazando la búsqueda. Es una bóveda impenetrable para el ojo público.

Draven se quedó inmóvil, sus manos se apoyaron en el borde de la madera y vi cómo su mandíbula se tensaba tanto que un sutil temblor recorrió sus hombros. El color gris de sus ojos comenzó a ceder ante el ámbar salvaje de su lobo, que despertaba de golpe ante la amenaza de lo desconocido.

  • Un sellado gubernamental... - repitió en un murmullo sordo, su voz bajando a un barítono gélido que me erizó la piel - Ella no conoce a nadie en el gobierno, no tenía dinero, no tenía conexiones. Estaba sola. ¿Me estás diciendo que una fuerza oculta la protegió de mí?
  • Exacto. Y eso cambia por completo la naturaleza de su huida - concluí, retirando la tableta - Una humana común y corriente no obtiene un blindaje de este calibre por un simple berrinche o una discusión de pareja. Alguien se tomó muchas molestias para asegurarse de que usted jamás encontrara el lugar exacto donde ella se escondió esos primeros meses. Si queremos romper ese sello, tendré que activar nuestros contactos en el submundo de la inteligencia federal y desviar fondos de la manada para comprar los servidores civiles necesarios. Esto va a desatar una tormenta si el consejo de lobos lo nota.

Draven no respondió de inmediato. Se giró despacio hacia el gran ventanal, observando el horizonte de la ciudad iluminado por la luz de la tarde. Su respiración se volvió pesada, violenta. Las acusaciones de cobardía que le había escupido a la cara esa misma mañana empezaban a agrietarse ante una realidad mucho más oscura. La pequeña caja metálica gris que Kyra protegía con su vida en el piso inferior y el misterio de su huida ya no eran solo un drama personal, eran las piezas de una conspiración que le había arrebatado a su Luna ante sus propios ojos y el depredador dentro de él acababa de oler la sangre de los culpables.




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