CAPITULO 32
Draven
La insolencia gélida de Kyra seguía quemándome el pecho. Verla aferrada a esa maldita caja de metal, usándola como un escudo contra mí en medio de mi propio dormitorio, solo avivaba la impaciencia de mi lobo. Ella no entendía que en este espacio las leyes de los hombres no tenían peso. Aquí dentro, mi palabra era la única constitución vigente.
- ¿Un fantasma en mi cama? - repetí, mi voz bajando a un barítono tan espeso y pausado que cortó la distancia entre los dos como una navaja - Ya veremos cuánto te dura esa fachada de analista muerta, Kyra.
Di un paso firme al frente. Ella no retrocedió, pero sus dedos se clavaron con más fuerza en los bordes del cofre gris. Mantuve mi imponente metro noventa cerniéndose sobre ella, obligándola a respirar el aroma a ozono que mi cuerpo desprendía debido a la contención.
- Ya que insistes en hablar de contratos y logística, hablemos de los nuevos términos de tu estancia en este ático - añadí, ensanchando mis labios en una sonrisa carente de toda gracia - Regla número uno, no hay puertas cerradas para ti en esta suite. La única llave de este ala privada la tengo yo. Si necesito revisarte los informes a mitad de la noche, entraré a tu lado de la cama sin pedir permiso.
Kyra tragó saliva, pero sus ojos castaños continuaron fijos en los míos, destellando con una furia silenciosa.
- Regla número dos, esa caja de chatarra vieja - señalé el cofre con la barbilla - se queda exactamente donde la puse. En la cómoda. Bajo la supervisión de mis cámaras y de mis ojos. No vas a esconderla en el armario, ni vas a enterrarla bajo el colchón. Si intentas alterar el inventario de esta habitación, Farid confiscará el cofre de inmediato para una auditoría de seguridad. ¿Te queda claro?
- Eres un dictador, Draven - le siseé en un susurro cargado de veneno - un monstruo.
- Soy tu Alfa, Kyra. Y soy el hombre que firmó el acuerdo que te mantiene con un techo sobre la cabeza - la corregí, manteniendo la voz fría, aplastando la culpa que me había provocado su colapso de la madrugada - Y tercera regla, tu vestuario de oficina se queda en el piso inferior. Farid ya ordenó traer ropa adecuada a los armarios de este piso. No vas a pasearte por mi empresa con las mismas telas baratas, eres una Amarok y vestiras y te comportas como lo que eres, mi esposa.
Me alejé dos pasos, dándole la espalda para caminar hacia el gran vestidor de hormigón pulido. Saqué un traje oscuro de los percheros y me giré para mirarla una última vez antes de romper el tablero de su rutina.
- Y prepárate salimos de viaje dentro de dos horas - anuncié con frialdad.
Kyra dio un paso al frente, la sorpresa quebrando por un milisegundo su máscara de hielo.
- ¿Un viaje? - exclamó, con la voz alterada - La agenda de transporte de la costa este no tiene salidas programadas para esta semana, Draven. Tengo balances pendientes, no puedo dejar la oficina de la noche a la mañana.
- La oficina se mueve conmigo, señora Amarok - le respondí, ajustándome los puños de la camisa con una parsimonia implacable - Industrias Amarok acaba de cerrar las negociaciones preliminares para expandir el territorio financiero en el sector norte. El jet de la manada está listo en la pista privada, como mi asistente de alta disponibilidad y la luna de mi manada tu deber es empacar la tableta, subir al auto con Farid y documentar cada minuto de las juntas comerciales en el extranjero.
Me acerqué a ella, deteniéndome lo suficiente para que sintiera el calor abrasador que subía por mis venas tras la noche de desvelo.
- Y no intentes retrasar la salida, Kyra. El contrato estipula que la negativa a un traslado internacional se considera rescisión unilateral con ejecución inmediata de la deuda millonaria. Te espero abajo en cuarenta minutos. No me hagas subir por ti.
Di media vuelta y salí de la habitación principal, dejando que las pesadas puertas de madera se cerraran con un chasquido definitivo. Mientras bajaba las escaleras hacia el despacho donde Farid me esperaba, mi lobo dio una vuelta en círculos en mi mente, complacido. Llevarla al sector norte, lejos del entorno corporativo de la ciudad y de los ojos curiosos de Chelsy, no era solo un movimiento de negocios. Era la oportunidad perfecta para aislarla por completo en una de nuestras cabañas rústicas. Atrapada en las tierras altas, sin el escudo de la oficina, Kyra no tendría más opción que romper su silencio y Farid tendría el tiempo necesario para desenterrar la verdad del hospital militar sin interferencias del consejo de lobos.