Cicatrices De Luna. El Retorno Del Alfa

CAPITULO 34

Kyra

El interior del jet privado era la definición misma de una jaula de oro, paneles de madera de nogal, asientos de cuero premium de un gris tormentoso y un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el zumbido sordo de las turbinas preparándose para el despegue. Me había acomodado en uno de los amplios sillones individuales, lo más lejos posible de Draven, manteniendo mi pequeña caja metálica gris firmemente sujeta sobre mis rodillas.

Draven ocupaba el asiento principal al otro lado del pasillo de la cabina. Había abierto su tableta y revisaba gráficos financieros con una concentración que sabía falsa. Su lobo estaba demasiado atento a mis movimientos, su aroma a ozono expandiéndose por el espacio cerrado del avión, reclamando el aire.

Farid acababa de cerrar la escotilla principal cuando una alarma estridente y de alta frecuencia rompió la atmósfera controlada de la cabina.

No era una alerta de los sistemas de vuelo. El sonido provenía de la consola central del jet, el teléfono satelital encriptado que conectaba directamente con la red de alta seguridad de la manada Amarok. La pantalla táctil del panel parpadeaba en un rojo violento, mostrando un nombre que hizo que la mandíbula de Draven se tensara al instante de forma inhumana, Chelsy.

Draven soltó un gruñido sordo, un sonido bajo que hizo vibrar el cristal de las copas de agua dispuestas en la mesa auxiliar. Presionó el botón de altavoz con un movimiento rápido y violento, sin molestarse en levantar el auricular.

  • Te dije que no me interrumpieras, Chelsy - la voz de Draven bajó a un barítono tan gélido que caló hasta los huesos - Estoy a minutos de despegar para una junta internacional del sector norte.
  • ¡¿Una junta internacional, Draven?! - El grito de Chelsy distorsionó los altavoces de alta fidelidad del jet. Su tono agudo y melodioso estaba completamente deformado por una furia histérica de loba herida - ¡No me veas la cara de estúpida! Mi padre acaba de revisar el plan de vuelo que Farid registró en la coalición de manadas. ¡Te estás llevando a esa muerta de hambre contigo! ¡A una humana de limpieza en un viaje de exclusividad!

Giré la cabeza hacia el ventanal, fingiendo una absoluta indiferencia que no sentía. El veneno de Chelsy no me lastimaba por celos, sino por el asco de verme arrastrada nuevamente al centro de sus estúpidas intrigas de alta alcurnia licántropa.

  • Cuida tus palabras, Chelsy - siseó Draven. El color gris de sus ojos cedió por completo ante el ámbar brillante de su lobo, una advertencia salvaje que cruzó la línea telefónica - Kyra es mi asistente personal, su presencia en las negociaciones del norte está estipulada bajo un contrato, no tengo que darte explicaciones sobre la logística de mi empresa.
  • ¡Es una maldita humillación! - bramó ella. Escuché el sonido de algo rompiéndose al otro lado de la línea, delatando que estaba perdiendo el control de su fuerza en su habitación de hotel - ¡Toda la manada está hablando de esto! Ayer la metes a la Amarok Tower, hoy la subes a tu jet privado vestida con ropa que cuesta una fortuna... ¿Crees que soy ciega? ¡Ella se está interponiendo entre nosotros! ¡Está desafiando mi estatus como la futura Luna!
  • Ella no se está interponiendo en nada - intervine yo, levantándome de mi asiento.

Mi propia voz me sorprendió. Sonó limpia, corporativa, desprovista de miedo, interrumpiendo la transmisión satelital. Draven giró la cabeza hacia mí de golpe, sus pupilas ambarinas dilatándose por la sorpresa ante mi audacia de meterme en la llamada.

  • Señorita Chelsy - continué, mirando fijamente el panel rojo de la consola - Le sugiero que modere su tono histérico. Como le aclaré la última vez que nos vimos en la presidencia, no tengo el menor interés en su prometido ni en el estatus de su manada. Estoy en este avión porque el contrato laboral que su futuro esposo me impuso me obliga a documentar sus juntas bajo amenaza de quiebra legal sobre mi persona. Si usted quiere que este viaje se cancele, le ruego que convenza al señor Amarok de firmar mi liberación ahora mismo. Estaría encantada de bajarme de este jet de inmediato.

Un silencio sepulcral cayó al otro lado de la línea. Chelsy se quedó muda, estupefacta por el desprecio absoluto con el que una simple civil humana trataba al Alfa que ella consideraba el centro del universo.

Pero la verdadera tormenta estalló dentro de la cabina.

Draven se puso de pie con su imponente metro noventa llenando el pasillo del avión. Su respiración se volvió pesada, violenta. El aura de Alfa cayó sobre el espacio cerrado como una losa de plomo que me dificultó respirar. Cortó la comunicación satelital de un manotazo, apagando la pantalla roja, y se inclinó sobre mi asiento, acorralándome contra el respaldo de cuero.

  • ¿Volviendo a buscar aliadas para tu escape, Luna? - me siseé al oído, su aliento caliente rozando mi mejilla, su aroma a ozono envolviéndome por completo Te lo advertí no hay tregua, no hay rescisión y no vas a usar a Chelsy como tu balsa de salvación, te quedas en este avión y te quedas conmigo.

Sostuve su mirada con un resentimiento que nacia de las profundidades de las cenizas de mis fantasmas, del dolor que por su culpa me acompañaba desde hace cinco años. El jet comenzó a moverse por la pista, ganando velocidad para el despegue. Chelsy había intentado marcar su territorio desde la distancia, pero solo había logrado que el depredador cerrara sus garras con más fuerza a mi alrededor, aislándome por completo del mundo en un viaje del que ya no había retorno posible.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.