A la mañana siguiente, la oficina principal de los Roth era un hervidero de llamadas. Victoria Roth estaba sentada en su sillón de piel, tomando un té para calmar los nervios, cuando Damián entró como un torbellino.
—Madre, necesito que seas completamente honesta conmigo —dijo Damián, cerrando la puerta de golpe—. Hace cinco años, cuando echaste a Fabia de la mansión... ¿estás absolutamente segura de que no volvió a buscarme? ¿Investigaste a dónde fue?
Victoria dejó la taza con fuerza, haciendo que el líquido se derramara un poco.
—¿Otra vez con esa muerta de hambre, Damián? Te he dicho que esa mujer se fue con el dinero que robó. ¿Por qué me preguntas eso ahora?
—Porque Fabia Vance tiene un hijo —soltó Damián, caminando de un lado a otro—. Lo escuché anoche en su suite. Un niño de unos cuatro o cinco años. Y cuando me acerqué a la puerta, ella se puso como una fiera, dispuesta a romper el trato millonario con tal de que yo no entrara. ¿Por qué escondería a un hijo con tanto recelo de mí?
Victoria sintió que el rostro se le quedaba pálido. Cuatro o cinco años... La línea de tiempo coincidía perfectamente con los meses en que esa maldita huérfana había estado revolcándose con su hijo. Si esa mujer era la misma Fabia y tenía un hijo de Damián, el heredero legítimo de la dinastía Roth no sería el hijo de la refinada prometida que ella había elegido para Damián, sino el hijo de una bastarda.
—Damián, estás paranoico —dijo Victoria, forzando una risa despectiva—. Esa mujer es una empresaria europea. Debe tener un hijo de algún aristócrata del que se divorció. Si quieres salir de dudas, organicemos algo donde no pueda escapar. Mañana es la gala benéfica de la fundación Roth. Está obligada a asistir como nuestra nueva socia mayoritaria. Yo misma me encargaré de desenmascararla frente a todos. Si es una impostora, caerá.
Damián se detuvo, mirando a su madre. La idea no era mala. En una gala pública, rodeada de cámaras, fotógrafos y la alta sociedad, Fabia Vance no podría ocultarse tras sus amenazas financieras. Tendría que actuar como la aristócrata que decía ser, o cometer un error.
—Bien —dijo Damián—. Invítala formalmente. Pero madre... si descubro que me ocultaste algo sobre el pasado, no me importará que seas mi madre. Te quitaré del consejo de administración para siempre.
Victoria tragó saliva, pero asintió con la cabeza. En cuanto Damián salió de la oficina, la anciana tomó su teléfono y marcó a su jefe de seguridad privada.
—Necesito que entres a la suite presidencial del hotel Roth Executive mientras la señora Vance esté en la junta de hoy —ordenó Victoria con voz venenosa—. Busca cepillos de dientes, cabello, lo que sea. Quiero una prueba de ADN de ese niño que tiene escondido allí. Si ese bastardo es un Roth, tengo que deshacerme de él antes de que Damián se entere.