Cicatrices de seda - el regreso de Fabia

CAPÍTULO 18: Ruptura pública

Mientras Fabia planeaba su contraataque en la suite, en la mansión Roth el ambiente era un infierno de gritos.

Damián había llegado a la residencia familiar hecho una fiera. Se despojó de la chaqueta del esmoquin y la arrojó sobre un sofá de la sala principal, donde su madre y su prometida, Camila, intentaban curarse las heridas del orgullo tras la humillación de la gala.

—¡Es una maldita impostora! ¡Te lo dije, Damián! —gritaba Victoria, caminando de un lado a otro—. Esa mujer tiene información de la empresa porque alguien se la está filtrando. ¡Debemos denunciarla por espionaje industrial!

—¡Cállate, madre! —el rugido de Damián hizo que los cristales de las vitrinas vibraran. Victoria se detuvo, impactada por la agresividad en los ojos de su hijo—. Deja de mentir. Ya sé la verdad. Es ella. Es Fabia. La misma chica a la que acusaste falsamente de robo hace cinco años.

Camila, que estaba sentada en un sillón retocándose el maquillaje, levantó la vista con el ceño fruncido.

—¿De qué están hablando? ¿Quién es esa Fabia? Damián, ¿me vas a decir que esa mujer es una de tus viejas amantes muertas de hambre? ¡Me dejó en ridículo frente a todas mis amigas de la fundación!

Damián caminó hacia Camila. Su mirada era tan fría que la modelo dio un paso atrás en su asiento.

—Nuestra boda se cancela, Camila —dijo Damián con una calma que daba más miedo que sus gritos.

—¿Qué...? ¡Estás loco! —Camila se puso de pie, con la cara desencajada—. Los anillos ya están comprados, los invitados... ¡Nuestras familias tienen un acuerdo comercial! ¡No puedes hacerme esto por una aparecida!

—No hay boda —repitió Damián, quitándose el anillo de compromiso secundario que llevaba en el meñique y dejándolo sobre la mesa—. Nunca te amé, Camila. Esto fue un capricho de mi madre para unir nuestras empresas. Pero ya no me importa. Recoge tus cosas y pídele a mi chofer que te lleve a tu casa. Mañana mi departamento de relaciones públicas enviará un comunicado diciendo que la ruptura fue de mutuo acuerdo por diferencias de agenda. Si dices una sola palabra a los tabloides, cancelaré los contratos de distribución de las joyerías de tu padre en todos mis hoteles.

Camila soltó un grito de frustración, tomó su bolso y salió de la mansión pisando fuerte, azotando la puerta principal.

—¡Has destruido la alianza con los Sterling! —reprochó Victoria, con el rostro pálido—. ¿Por qué, Damián? ¿Por esa muerta de hambre que ahora tiene un fondo de inversión? ¡Ella nos odia! ¡Te lo dijo en la cara, quiere destruirnos!

—Nos odia porque tú la convertiste en esto, madre —Damián se acercó a ella, tomándola por los hombros con una presión firme—. Me mentiste. Dijiste que ella había robado las esmeraldas. Dejé que la echaran a la calle por tu maldito orgullo. Ahora ella tiene el control de casi la mitad de mi división hotelera, y lo peor de todo... es que la deseo más que a mi propia vida.

—Estás enfermo, Damián. Ella te va a destruir.

—Si me va a destruir, que lo haga —dijo Damián, soltándola y caminando hacia la puerta—. Pero lo hará conmigo de frente. Mañana voy a mudarme a la suite presidencial contigua a la de ella en el Roth Executive. Si quiere guerra, le daré guerra. Pero no voy a dejar que se vuelva a escapar de mis manos.




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