Cicatrices de seda - el regreso de Fabia

CAPÍTULO 25: Jaque al Rey

La cerradura electrónica de la sala de juntas emitió un chasquido sordo al cerrarse, sellando el espacio exterior y dejándolos completamente aislados del resto de la corporación. Fabia caminó hacia la enorme mesa de caoba, colocó su computadora portátil con un golpe seco y miró a Damián con la frialdad de un verdugo antes de la ejecución.

—Quince días, Roth —dijo Fabia, ajustándose los puños de su chaqueta gris Oxford—. Quince días donde cada decisión operativa de tus hoteles pasará por mi escritorio. Si creías que los cincuenta millones de Vance Global eran un regalo, estás a punto de descubrir el interés de la deuda.

Damián se quitó la chaqueta del traje, la colgó en el respaldo de su silla y comenzó a remangarse las mangas de su camisa blanca con una lentitud deliberada que hizo que Fabia apretara los dientes. Sus brazos bronceados y fuertes quedaron a la vista, recordándole noches del pasado que ella luchaba por enterrar.

—Me encantan tus términos, jefa —respondió Damián, con esa voz grave que vibraba en el espacio cerrado—. Pero antes de empezar con los números de Miami... hablemos de personal. No me gustó el informe de seguridad de esta mañana. Tu secretario, Leo... pasó la noche en tu piso de la suite presidencial.

Fabia dejó escapar una risa amarga, una línea de desprecio dibujándose en sus labios.

—¿Estás controlando los horarios de mis empleados, señor Roth? ¿O es que tu orgullo de Alfa no soporta que haya un hombre en el que confío plenamente durmiendo a pocos metros de mi cama?

—No es profesional, Fabia —Damián dio un paso alrededor de la mesa, reduciendo la distancia entre ambos hasta que ella pudo oler el aroma a café y tabaco de su aliento—. Ese tipo te mira como si fuera tu dueño. Y tú le sonríes como si hubieras olvidado lo que es la verdadera lealtad.

—¡Tú no te atrevas a hablarme de lealtad! —le espetó ella, dando un paso al frente, la distancia profesional desapareciendo por completo bajo el fuego de su furia—. Leo estuvo a mi lado cuando no tenía para comprar la leche de mi hijo. Leo me cubrió las espaldas en los peores suburbios de Europa mientras tú firmabas portadas de revistas con tu preciosa prometida. Si duerme en mi suite, es porque es el único hombre en esta ciudad que no va a apuñalarme por la espalda a la primera oportunidad. Así que guarda tus celos de oficina y revisa la auditoría de Chicago.

Damián se tensó, la mandíbula rígida por el impacto de sus palabras. Quería gritar, quería arrastrarla hacia él y recordarle con un beso a quién pertenecía realmente su cuerpo, pero el dolor genuino en la voz de Fabia lo detuvo. La culpa volvió a pesarle en los hombros.

— Chicago entonces —dijo Damián con un hilo de voz, dando un paso atrás y abriendo la primera carpeta de datos—. Empecemos por los costos de remodelación del ala norte.

Fabia se sentó en su silla, con el corazón latiéndole a mil por hora en el pecho. El encierro apenas comenzaba, y el aire de la sala de juntas ya se sentía tan espeso que temía ahogarse antes de que terminara la primera jornada de trabajo.




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