Cicatrices de seda - el regreso de Fabia

CAPÍTULO 38: La alianza de los caídos

Camila Sterling arrojó su copa de cristal contra la pared de su lujoso departamento en el barrio de Beacon Hill. El líquido rojo manchó el papel tapiz de seda, pero a ella no le importó. Tenía los ojos inyectados en sangre y las uñas clavadas en las palmas de sus manos.

Esa mañana, el comunicado oficial de la Corporación Roth había salido a la luz: la boda se cancelaba por "decisiones personales". Horas después, los rumores en los clubes de la alta sociedad eran devastadores. Se decía que Victoria Roth había sido desterrada a Suiza y que una mujer llamada Fabia Vance era ahora la dueña absoluta del imperio. Su reputación como la modelo y heredera más cotizada de Boston estaba en la basura. Sabía que sus amigas se estaban burlando de ella a sus espaldas.

—No me voy a quedar de brazos cruzados —siseó Camila, tomando su teléfono satelital, una línea privada que Victoria Roth le había dado antes de que las cosas se salieran de control.

Marcó el número internacional. Tardó varios tonos en conectar, debido a las restricciones de comunicación que Damián le había impuesto a su madre en la residencia de Suiza.

¿Quién habla? —la voz de Victoria sonaba cansada, despojada de su antigua soberbia, pero aún cargada de amargura.

—Victoria, soy Camila —dijo la modelo, caminando de un lado a otro—. Damián me dejó. Canceló la boda y me amenazó con arruinar el negocio de mi padre si abría la boca. Todo por esa... esa perra de Fabia Vance.

Se escuchó un silencio sepulcral al otro lado de la línea, seguido por una respiración agitada.

Esa maldita huérfana... nos lo quitó todo, Camila —susurró Victoria con una voz temblorosa de puro odio—. Damián descubrió la verdad. El niño que tiene escondido en el hotel... es un Roth. Es su hijo legítimo. Por eso me desterró. Le entregó mis acciones a ese bastardo.

Camila se detuvo en seco en medio de la sala. Los ojos se le abrieron con una sorpresa mayúscula que rápidamente se transformó en una sonrisa malévola.

—¿Un hijo? ¿Damián tiene un hijo con esa muerta de hambre? —Camila dejó escapar una risa estridente—. Dios mío... esto es perfecto. Si la prensa se entera de que el gran Damián Roth tiene un hijo ilegítimo con una exempleada a la que acusaron de robo, las acciones de la empresa caerán en picada y el fondo de inversión de Fabia se verá envuelto en un escándalo de reputación brutal.

Damián tiene el control de los medios en Boston, Camila. No dejará que ninguna nota salga a la luz —advirtió Victoria—. Si quieres destruirlos, tienes que golpear donde realmente les duela. En el niño. Sin ese bastardo, las acciones regresan a la línea sucesoria principal... o al menos, Damián se volverá loco de dolor.

Camila entornó los ojos, una idea oscura y peligrosa formándose en su mente retorcida.

—No te preocupes, Victoria. Yo me encargaré de que esa "reina del imperio" llore lágrimas de sangre. Mi padre tiene contactos con la mafia de los muelles de la costa este para el contrabando de diamantes. Voy a contratar a hombres que no hacen preguntas. Ese niño va a desaparecer, y Fabia Vance va a tener que rogarle a Damián de rodillas... mientras yo recupero lo que es mío.




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