Cicatrices de seda - el regreso de Fabia

CAPÍTULO 41: El rapto en la sombra

Quince minutos después de que Fabia bajara, el timbre de la suite sonó.

Damián, que estaba concentrado colocando las baterías en el control remoto del coche de juguete, se levantó.

—Quédate aquí, Leo. Voy a ver quién es. Debe ser el servicio de habitaciones con los helados —dijo Damián, caminando hacia la entrada.

Al abrir la puerta, no encontró a un camarero. Encontró a dos hombres de imponente físico, vestidos con chaquetas de cuero oscuras y gorras que ocultaban sus rostros. Antes de que Damián pudiera reaccionar o usar su entrenamiento de defensa personal, uno de los hombres levantó un arma con un silenciador acoplado y le propinó un golpe brutal con la culata directamente en la sien.

¡Crack!

Damián soltó un quejido sordo y cayó al suelo de la entrada, con la vista nublada y la sangre brotando de su frente. El golpe lo dejó seminoqueado, incapaz de mover los músculos de su cuerpo.

—¡Damián! —el pequeño Leo Jr. asomó la cabeza por el pasillo de la estancia, con los ojos abiertos por el terror al ver al hombre tirado en el suelo.

—A por el niño, rápido —ordenó uno de los hombres con voz ronca.

El segundo sujeto corrió hacia el niño, lo tomó del torso y le colocó un pañuelo empapado en cloroformo en la nariz. El pequeño Leo Jr. luchó por un segundo, soltando a "Rayo" de sus manos, antes de que sus ojitos grises se cerraran y su cuerpo se quedara completamente laxo.

Martha, la niñera, salió de la cocina al escuchar el alboroto, pero uno de los hombres la empujó con fuerza contra la pared, dejándola inconsciente en el suelo.

Damián, tirado en la alfombra, intentaba desesperadamente arrastrarse, estirando una mano temblorosa hacia los secuestradores, pero el golpe en la cabeza lo tenía al borde del desmayo.

—Suelta... al niño... —consiguió balbucear Damián con un hilo de voz, antes de ver cómo los hombres metían a su hijo en una bolsa de lona negra y salían por la puerta de servicio de la suite, que daba a las escaleras de emergencia donde las cámaras del hotel habían sido previamente desactivadas.

La oscuridad total se apoderó de la mente de Damián justo cuando las puertas del ascensor principal se abrían al final del pasillo.




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