Cicatrices de seda - el regreso de Fabia

CAPÍTULO 45: El lazo inquebrantable

Damián estaba de rodillas en el suelo, con una mano presionando su costado ensangrentado, pero con la otra estaba desatando rápidamente las cuerdas que ataban al niño. En cuanto Leo Jr. quedó libre, se arrojó a los brazos del hombre, llorando con fuerza por primera vez.

—¡Tío Damián! ¡Tuviste mucho miedo! ¡Estás sangrando! —gritaba el niño, aferrándose a su cuello.

—Ya pasó, campeón... ya estás a salvo —susurró Damián, con la voz débil, perdiendo el conocimiento por la pérdida de sangre, pero con una sonrisa de paz absoluta en los labios.

Fabia se arrojó al suelo junto a ellos, tomando el rostro de su hijo y llenándolo de besos, asegurándose de que no tuviera ni un solo rasguño. El niño estaba intacto; Damián había recibido todas las balas por él.

—Damián... Dios mío, estás muy herido —Fabia miró la herida del costado de él, que empapaba su camisa negra de un rojo espeso. Sintió que el pánico le oprimía el pecho, pero esta vez no era solo por su hijo; era por el hombre que acababa de dar la vida por ellos—. Quédate conmigo, Damián. No te atrevas a cerrar los ojos. ¡Leo, llama a los paramédicos! ¡¡Muévanse!!

Damián levantó una mano temblorosa y la colocó en la mejilla de Fabia, dejando una mancha de sangre en su piel pálida. La miró con unos ojos grises que se apagaban lentamente, pero que desbordaban un amor puro.

—Te lo prometí, Fabia... —susurró Damián, con dificultad—. Dije que pagaría mi deuda... Mi imperio es tuyo... mi vida es tuya... Protegí a nuestro hijo...

—Cállate, no hables —lloró Fabia, presionando la herida con sus propias manos, sintiendo que el odio de cinco años se desintegraba por completo en ese charco de sangre. No quería su imperio, no quería su dinero; lo quería a él—. No te vas a morir, Damián Roth. No te di el perdón todavía, ¿escuchaste? Tienes que quedarte para ganártelo. Nuestro hijo te necesita... yo te necesito.

Damián esbozó una última sonrisa antes de que sus ojos se cerraran por completo y su cuerpo se quedara laxo en los brazos de Fabia, justo cuando las sirenas de las ambulancias y la policía empezaban a resonar en la entrada del muelle.




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