Cicatrices del Pasado

Capítulo 4: El despertar de la inocencia

Neya

Un pitido rítmico y agudo fue lo primero que rasgó la densa neblina que inundaba mi mente. Intenté abrir los ojos, pero la luz blanca del hospital me caló como mil agujas en la frente. Sentía el cuerpo pesado, entumecido por un cansancio crónico, y un dolor punzante en las costillas y la cabeza me obligó a soltar un gemido ahogado.

—Neya... Neya, mírame, por favor.

La voz era rota, pastosa. Forcé la vista hasta que la silueta borrosa se aclaró. Harry estaba sentado al borde de la cama. Portaba su chaqueta universitaria, pero se veía arrugada; su rostro, usualmente lleno de una suficiencia imponente, estaba demacrado, con ojeras profundas y los ojos oscuros inyectados en sangre.

—Harry... —mancillé en un hilo de voz, estirando mi mano hacia él, buscando la seguridad verídica de su tacto—. ¿Qué pasó? ¿Dónde estamos? Las famosas cosquillas en mi barriga se convirtieron en un vuelco salvaje de angustia—. ¿Y Tomás? ¿Dónde está Tomás?

Harry no tomó mi mano. Se puso de pie con una lentitud rústica, dando un paso atrás, anulando cualquier rastro de cercanía. La mirada que me dedicó no era de preocupación; era de una frialdad helada que me congeló la sangre.

—Tomás está muerto, Neya —soltó con una voz ronca que vibró con una furia sorda—. Mi hermano murió anoche. En la carretera del campus.

El mundo real pareció detenerse. Las palabras golpearon mi pecho con la fuerza de un impacto rústico.

—¿Qué...? No, no puede ser... —Las lágrimas brotaron sin control, nublando mi vista—. Nosotros salimos del club... él iba conduciendo porque nos sentíamos mal... nos echaron algo en los tragos, Harry, te lo juro...

—¡Cállate! —rugió Harry, perdiendo los estribos por completo, haciendo que me encogiera en la cama por la tremenda timidez y el susto—. ¡Deja de mentir! La policía procesó la escena. Estabas detrás del volante, Neya. El examen de sangre dice que tenías varios grados de alcohol en el cuerpo. ¡Tú ibas conduciendo su auto a exceso de velocidad! ¡Tú mataste a mi hermano!

Harry

Verla llorar en esa cama de hospital, fingiendo inocencia con esos ojos dulces que alguna vez me volvieron loco, me revolvía el estómago. El dolor de perder a Tomás me estaba desgarrando el alma, quemándome por dentro con una rabia rústica y destructiva. Mi hermano menor, mi mejor amigo... se había ido para siempre.

Y la culpable estaba frente a mí, luciendo el anillo de compromiso que yo mismo le había comprado con tanto orgullo.

—Harry, por favor, mírame... yo no manejaba, fue Tomás, yo estaba en el asiento del copiloto, ¡tienes que creerme! —suplicó ella, estirando sus brazos hacia mí, rota en llanto.

—No te creo nada —le siseé con una prepotencia cargada de desprecio absoluto, cruzándome de brazos para no caer en la tentación de tocarla—. Las pruebas son contundentes. Te encontraron aplastada contra el volante, Neya. Sienna llegó al lugar antes que las ambulancias y vio cómo te sacaban del asiento del conductor. Ella me lo confirmó todo.

—¿Sienna? ¡Sienna miente! ¡Ella nos odia! —gritó Neya, desesperada, defendiendo una inocencia que para mí ya era una burla mortal.

—¡Sienna fue la única que tuvo la decencia de llamarme mientras tú destruías a mi familia! —le grité de vuelta, sintiendo que el temperamento duro de los Lewis se apoderaba de mis acciones—. Te amaba con locura, Neya. Te di mi vida, mis promesas, mi futuro pulcro... pero no puedo soportar ver a la asesina de mi hermano. Cada vez que te miro, solo veo la sangre de Tomás en tus manos.

Me di la vuelta, ignorando sus gritos desgarradores y sus súplicas que resonaban en las paredes de metal de la habitación. Dos oficiales de policía entraron en ese momento, listos para custodiarla y notificarle su arresto oficial. No miré atrás. Dejaba en esa habitación el cadáver de nuestro amor, ciego por un odio que Sienna había sembrado con una precisión quirúrgica, sin saber que estaba condenando a la mujer de mi vida por un crimen que jamás cometió.



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En el texto hay: carcel, venganza, romance odio

Editado: 20.06.2026

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