Cicatrices del Pasado

Capítulo 16: La grieta en la verdad

Harry

El silencio de mi despacho privado en la firma Lewis se sentía denso, rústico y asfixiante. Me desabroché el nudo de la corbata con movimientos lentos, intentando disipar la maraña de pensamientos que me oprimía el pecho. La reacción histérica de Sienna en la casa, su pánico crónico y esa absurda insistencia en inventar pruebas para volver a encerrar a Neya me habían abierto los ojos por completo.

Neya no mentía. Había una dignidad pulcra en su mirada en el kínder que una culpable jamás podría sostener.

Me senté detrás del escritorio de madera rústica y tomé el teléfono privado. Había llegado el momento de dejar de ser el títere del despecho y el dolor. Marqué un número que guardaba varios años atrás con absoluta confidencialidad en mis contactos de artillería civil.

—¿Marcus? Necesito que vengas a mi oficina de inmediato. Tengo un trabajo de alta prioridad para ti —dije en un hilo de voz ronca y cortante.

Marcus era el mejor detective privado de la ciudad, un hombre de una suficiencia implacable, pulcro en sus métodos y de una lealtad verídica que ya habíamos probado en la firma. Veinte minutos después, la silueta robusta del investigador cruzaba la puerta de mi oficina, sentándose frente a mí con una rigidez corporal que derrochaba profesionalismo.

—Dime, Harry. ¿De qué se trata? Te escuchas tenso —mancilló Marcus, sacando una pequeña libreta.

—Quiero que reabras una investigación del mundo real. Un caso cerrado hace cuatro años —le siseé, inclinándome hacia adelante sobre mi cuerpo fornido—. El accidente automovilístico en la carretera del campus universitario donde murió mi hermano Tomás.

Marcus parpadeó, mostrando una timidez mental de asombro por varios segundos. —Ese caso se cerró con una culpable en prisión, Harry. La señorita Ricci cumplió su condena. ¿Por qué escarbar en el pasado ahora?

—Porque creo que nos engañaron a todos, Marcus —confesé con una rústica amargura que me quemó la garganta—. Quiero que investigues a mi esposa, Sienna Mouth. Necesito que revises sus movimientos de esa noche: cuentas bancarias, llamadas telefónicas, varios registros de cámaras de seguridad del club nocturno y del barman que estuvo de turno. Quiero saber verídicamente si ella alteró la escena del crimen antes de que llegaran las ambulancias. No dejes ni una piedra sin remover.

Perspectiva de la escena (Narrador)

Marcus asintió con una seriedad absoluta, guardando su libreta con parsimonia rústica. Él conocía el temperamento duro de Harry Lewis y sabía que, si el abogado estaba dispuesto a remover los cimientos de su propia familia, era porque la duda se había convertido en una furia crónica e insoportable en su fuero interno.

—Tendrás resultados en varios días antes de lo que te imaginas, Harry. Si alguien sembró una mentira esa noche, encontraré el hilo que la desarme —sentenció el detective antes de ponerse de pie y salir del despacho con paso firme.

Harry se quedó solo una vez más, observando las luces de la ciudad a través del gran ventanal. El veneno de los celos posesivos que sentía por el profesor de música seguía allí, latiendo en sus venas con una locura destructiva, pero ahora se sumaba la adrenalina de la justicia. Tenía terror de descubrir que había compartido la cama y la vida con el monstruo que mató a su hermano y condenó a su gran amor, pero el orgullo de los Lewis no le permitía retroceder. El proceso para desenterrar la verdad había comenzado, y la perfecta mentira de Sienna Mouth empezaba a desmoronarse en la oscuridad del mundo real.




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