Cicatrix

1. Nene de Antes

Capítulo 1

​El niño creció en una familia formada por sus padres y dos hermanos mellizos. Desde muy pequeño observaba, escuchaba y aprendía. No era distinto por tener capacidades extraordinarias, sino por la atención, la responsabilidad y la sensibilidad que mostraba a una edad en la que otros apenas empezaban a explorar el mundo.

​Ser el hijo mayor marcó su camino. Sus padres, sin proponérselo, le transmitieron valores que quedaron grabados muy temprano: responsabilidad, honestidad, solidaridad, respeto y el compromiso hacia los demás. Él lo absorbía todo con naturalidad, como quien respira sin darse cuenta; veía en sus padres un ejemplo y, simplemente, lo seguía.

​Cuidar a sus hermanos no era una obligación, sino una tarea que asumía con orgullo. Se adelantaba a lo que hacía falta: ordenar, colaborar, ayudar sin esperar que se lo pidieran. Esa actitud fue moldeando lentamente su carácter y lo distinguió en los gestos cotidianos que, aunque pequeños, revelaban una base sólida.

​Con el tiempo, creció sostenido por una fuerte sensación de utilidad y reconocimiento. Sus padres confiaban en él, y esa confianza se transformó en seguridad interna. Los valores que había aprendido casi sin saberlo despertaban en cada acción, marcando la forma en que miraba el mundo y la forma en que se miraba a sí mismo.

​Pero esa niñez, cargada de afecto, estructura y aprendizaje, estaba llegando a su fin. Lo que vendría después lo enfrentaría a emociones nuevas y a desafíos que pondrían a prueba todo lo que había mamado desde pequeño. Los primeros signos de cambio ya estaban apareciendo... y el paso hacia la adolescencia comenzaba a abrirse frente a él.

​El comienzo de la nueva etapa en el secundario le abrió un nuevo círculo social y, con él, un mundo entero por descubrir. Le había tocado ser parte de un curso formado por repetidores, lo que representaba un verdadero desafío para su timidez e ingenuidad.

​Al principio, su estatura le jugaba a favor: siempre estaba entre los primeros de la fila. Sin embargo, fueron su simpatía y su actitud lo que le permitió integrarse rápidamente a un grupo que, al comienzo, estaba lleno de desconocidos. Supo transformar sus desventajas en ventajas y, poco a poco, logró destacarse. Su timidez y su miedo escénico quedaron casi en el olvido.

​El joven fue forjando su carácter a base de carisma y astucia. Sintiéndose seguro de que era su momento, se animó a dar un paso arriesgado: se postuló como delegado del curso y obtuvo la mayoría de los votos, convirtiéndose en miembro del centro de estudiantes.

​Con el paso de los años y el "estirón", ya no era el más bajito ni el más tímido. Su astucia y su calidez lo ayudaron a lograr lo que se proponía, ganándose un lugar respetado y dejando atrás, definitivamente, aquella vieja imagen del chico retraído.




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