Cicatrix

3. Juventud Divino Tesoro

Capítulo 3

​Tenía más amigos en su vida real de los que hoy en día cualquiera presume en una red social. Eran amigos de la infancia, de la adolescencia, de la escuela... y los amigos de toda la vida, esos que no se buscan, sino que simplemente están.

​Durante la semana, compartía las tardes y las noches con ese grupo inseparable. Sentados en la esquina del barrio, planificaban la salida del fin de semana como si cada una fuese la última de sus vidas. De aquellas noches quedaron anécdotas, travesuras y vivencias que, aún hoy, reaparecen en cada encuentro, en cada asado y en cada brindis improvisado.

​Ante el recuerdo de esos años, siempre surgía la misma pregunta: ¿era un líder o simplemente brillaba sin darse cuenta?

​La verdad era que, por convicción, buscaba liderar. Y cuando aparecía un rival que intentaba disputarle ese lugar, no lo enfrentaba: lo transformaba en aliado. Entendía que compartir el liderazgo era una jugada mucho más inteligente que pelear por él.

​Al fin y al cabo, la amistad no se hereda; se forja, se sostiene y se cuida. Es la elección mutua de un hermano, un pacto silencioso que nadie quiere que termine.

​Pero la juventud no se alimenta solo de amigos. Tarde o temprano empieza el amor, ese protagonista inesperado que cambia los ritmos, las prioridades y los latidos del corazón.

​Hubo un momento en que la amistad quedó en pausa. No por traición ni por distancia, sino simplemente porque entró ella: una joven que, desde el primer instante, le dio la impresión de que podría ser su compañera para toda la vida.

​Al poco tiempo, se adueñó de su corazón. Estaban enamorados, soñaban con un futuro juntos, planeaban convivir y formar una familia. El amor crecía con una facilidad que asustaba y, a la vez, traía una profunda calma.

​Aunque todavía no lo sabía, aquello que parecía eterno estaba destinado a convertirse en cicatrices. En ese entonces, no podía siquiera imaginar cómo un plan tan grande, tan sentido y tan real, lograría desmoronarse más rápido de lo que se había construido.

​Pero ese dolor... ese dolor todavía no había llegado. Por ahora solo existían el amor, la ilusión y esa dulce ignorancia de quien no puede prever lo que nadie planifica: la ruptura, el golpe.




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