Cielo prohibido

Capítulo 4

El miércoles encontró a Amelie un tanto desprevenida porque no lo estaba buscando. Le habían sucedido tantas cosas los días anteriores que parecía que el tiempo volaba. La vida que había tenido hasta hace unos días atrás era completamente diferente. En ella había podido contar uno a uno los segundos, siguiendo las interminables vueltas de las agujas del reloj. Los días pasaban más lento para una persona de rutina monótona.

Esa mañana volvió a despedir a su familia al escuchar la bocina del auto de Alexis, quien puntualmente había estacionado fuera de su casa. Tomó el bolso del colegio, apurada, sin fijarse si llevaba las cosas necesarias. También se puso una chaqueta liviana de algodón, pues parecía que el calor se había alejado por unos días de la ciudad. El clima había decidido jugar.

Subió al auto colocando el bolso a su lado, en el asiento trasero. Nadia y Alexis se estaban besando apasionadamente, así que giró su cabeza a la izquierda para mirar por la ventana, tratando de que la situación fuera menos incómoda. Era uno de esos momentos en que el que no tiene nada que ver con el entorno, desearía no estar allí. Pero cuando continuaron haciéndolo tuvo que aclarar su garganta.

—¡Hey! Estoy aquí, basta de espectáculos —dijo, pateando el respaldo del asiento de su amiga y ambos se separaron, luego de darse un beso rápido. Con cada segundo que pasaba se podía dar cuenta de que Nadia y Alexis se amaban. Esa simple idea la llevó a pensar si algún día le sucedería lo mismo, si tendría el rostro de esa persona especial en su mente todo el tiempo.

—Oh, Amelie, estabas ahí. Podrías haber saludado apenas te subiste, ¿sabes? Tengo una pregunta para ti —dijo Nadia en tono alegre y luego giró en el asiento para poder mirar a su amiga. Alexis seguía mirando hacia el frente con los ojos puestos en la ruta una vez que el auto comenzó a andar.

—Adelante, amiga. Creo que estoy dispuesta a contestar aunque, ¿no te parece temprano para un interrogatorio? Tal vez es mejor que te sigas besando con Al, aunque eso nos haría estrellar —cuestionó sonriente aunque tenía dudas con respecto a la pregunta que pudiera hacerle.

—Ya te dije que no exageres tanto las cosas. No es una pregunta de vida o muerte. Solo quiero asegurarme de que ayer no nos evadiste para darnos tiempo de estar juntos, es solo eso —comentó ella volviendo a mirar hacia adelante.

—Esa no fue la razón, nada que ver y no sé de dónde sacas eso. De todos modos no estaría mal darles un tiempo para que estén solos, ¿no les parece? Considerando el show que acabo de presenciar —dijo despeinando un poco a Alexis con su mano—. No pueden andar acarreando conmigo cada hora del día. Además, como les dije ayer tenía cosas que hacer, pero hoy si quieren podemos seguir el trabajo de investigación. Seremos como la triple alianza.

—La triple alianza… eso me gusta, ni siquiera se me hubiera ocurrido llamarnos así. ¿De dónde sacas tú esas ideas? —comentó Al sonriente, acomodando su pelo. Al ver que las chicas lo miraban con el ceño fruncido, continuó—. No me malinterpreten, solo pienso que el nombre está bueno, no estaba pensando en el sentido destructivo de la cuestión. La culpa es de Amy por proponerlo.

—¡Traidor! —rio ella y se movió hacia adelante para ocupar el espacio libre entre los dos asientos—. Si quieres saber lo que hice ayer, Nadia, puedo decir que morí del aburrimiento. También los agregué a Facebook y ayudé en mi... —comenzó a decir Amelie, cuando de repente su vista se dirigió de lleno a un punto exacto. Estaban pasando frente a la catedral y no supo si se lo estaba imaginando o Alexis había empezado a conducir lentamente, pero el segundo que les debería haber tomado perder de vista el edificio se hizo eterno.

La catedral era una monstruosa construcción gótica, como sacada de tiempos antiguos y de otra parte del mundo pero puesta allí, en su realidad. Había dos enormes estatuas de santas que ni siquiera conocía sobre una delgada saliente en cada torre. Ambas de rodillas y con la cabeza a gachas pero enfrentadas, como hermanas que habían discutido. Las campanas de bronce viejo se movían en lo alto gracias al viento y cuando estas sonaron, decenas de palomas que se posaban en las tejas naranjas de las cúpulas, huyeron volando despavoridas dejando caer plumas en el aire como si fueran copos de nieve que descendían en espirales. A un costado de la catedral, Amelie descubrió una pequeña casa, y frente a ella estacionado, un auto azul oscuro.

—Ese es el auto que arreglamos con papá —mencionó Alexis como si nada—. Es de Bastian, el chico de la cafetería, ¿recuerdan? Solo tenía un problema con el motor, pero quedó como nuevo.

—Bonito auto, ¿eh? —dijo Nadia al pasar y sin demasiado interés.

—Con bonito te quedas corta. Es una maravilla de auto, Nadia. Es algo más que bonito —afirmó su novio, con renovado entusiasmo y ella se lo vio venir. Alexis iba a comenzar a hablar de autos—. Es un Chevy Nova, su tercera generación. Tiene un diseño increíble, súper resistente, como todos los de su clase… asientos de cuero originales, totalmente reacondicionado…

Amelie no estaba interesada en las condiciones del auto, solo en lo que Alexis había dicho al principio acerca de que ese auto le pertenecía a Bastian. Le había visto conducirlo a la salida del colegio.

—No sé qué piensen ustedes, que parecen conocerlo cuando yo ni siquiera lo había visto, pero ese chico es lo más arrogante que existe. Arrogante y lindo sí, debo reconocerlo. Pero con esa personalidad tan autoritaria lo arruina todo, casi hasta el punto de ser detestable —comentó Amelie y su amiga se quedó con la boca levemente abierta. Estaba sorprendida porque no se había esperado un comentario así por parte de Amy.




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