Cielo prohibido

Capítulo 6

La mañana del sábado amaneció extremadamente calurosa. El sol que había empezado a brillar en el perfecto cielo azul lleno de nubes blancas, hacía que toda el agua que había caído el día anterior se evaporara. Solo con sentir las sábanas pegadas a su cuerpo, Amelie se dio cuenta de que ese sería otro día pesado y difícil de soportar.

Lo que en realidad la despertó esa mañana, a las ocho exactamente, fue su celular que sonó sobre la mesa de luz con terrible puntualidad. Después de tres intentos de llegar a él y que su mano cayera sin tomarlo, finalmente lo consiguió. Trató de abrir los ojos lo más que pudo, para ver el nombre de quien enviaba el mensaje. Era Nadia. ¿Qué razones tendría?

Apronta tus cosas de playa. En una hora te buscamos. Así decía el mensaje que la tomó por sorpresa, porque no entendía muy bien sus planes.

«¿Playa? ¿A fines de octubre?», pensó sentándose sobre la cama, tratando de ordenar sus ideas. En realidad el calor extremo justificaba la invitación.

De repente su visión se nubló por completo. Un recuerdo de la noche anterior invadió su mente y pudo evocar el sueño de manera tan clara que parecía estar viviéndolo en su propia habitación. Revivió la frescura del paisaje y sintió cómo la brisa rozaba su piel. Había sido el mismo sueño otra vez, sin demasiadas variaciones al principio.

Pero cuando el ser misterioso posó su mano en su hombro para hacerla cambiar de decisión, pudo ver algo más. Llevaba un brillante y dorado anillo al igual que el de Bastian en el dedo.

«¡Otra vez entrometiéndose en mi sueño!», pensó por un momento, pero se dio cuenta que fue solo una simple reacción, porque no le enojó que estuviera en sus sueños, es más, tal vez se sintió un tanto feliz.

Cuando ya estaba vestida, miró todo a su alrededor, girando sobre sus pies lentamente. Los libros estaban en la biblioteca, las mariposas flotando en el aire, el cuadro de Clara sobre su cama y el reloj marcando las horas. Se estaba haciendo tarde, así que se apresuró a aprontar un bolso con todo lo necesario. Pero, ¿qué tenía que llevar? ¿Qué era todo lo necesario?

El traje de baño estaba nuevo porque nunca lo había usado. Lo habían elegido con su mamá hace unos cuantos meses en Santa María y su cuerpo aún parecía ser el mismo, así que estaba segura de que le quedaría bien. Anteojos para el sol, porque a pesar de no ser fanática de ellos ya que ni un modelo le quedaba bien, el sol le molestaba y le hacía llorar los ojos. Sandalias para caminar sobre la arena, pues cuando era pequeña se había quemado andando descalza, así que se quedó aterrada hasta ese día. Encontró protector solar y demás cosas que pensó que iba a necesitar, como una toalla para secarse si decidía meterse al agua.

Bajó las escaleras saltando algunos escalones, sorprendida por su destreza física ese día. Sus padres estaban en la cocina, charlando sobre cuestiones económicas que no entendió del todo, aunque había escuchado algunas palabras en una clase del colegio, pero como ella se había puesto a dibujar mariposas de colores, nunca logró comprender el significado completo de ellas.

—Buen día, familia. Antes de que se vayan por ahí tengo que pedirles permiso y espero que la respuesta sea positiva porque si no me voy a enojar mucho —bromeó sonriente, dirigiéndose a buscar una taza para tomar algo. La verdad era que todo estaba listo, el pequeño bolso preparado en el living, así que lo de pedir permiso era algo protocolar.

—¿Por qué tanta intriga, Amy? ¿Puedes decirnos de que se trata? De otra forma es imposible darte permiso —interrogó su padre, inspeccionándola, mientras ella se miraba en la ventana de la cocina que parecía un espejo. Se había puesto un vestido de playa de color blanco y liviano que le quedaba bastante ajustado al cuerpo, bajo él un bikini de color azul que se podía apreciar levemente a través de la tela del vestido y esa mañana se dejó el pelo suelto, el que caía ondulado sobre sus hombros y cuando se vio en el reflejo de la ventana, recordó que Bastian se lo había acomodado de esa manera el día anterior y tal vez por eso había decidido usarlo así ese día.

—Bueno, resulta que Nadia y Alexis me invitaron hace un rato a ir a la playa. ¿Hay alguna playa famosa que no conozca? —preguntó, esperando que ese lugar no estuviese tan repleto—. Hace tanto calor que pensé que estaría bueno pasar el día cerca del mar.

Su madre la miró con los ojos desorbitados, pensando de seguro que su hija nunca había ido a un lugar como ese, porque no le gustaba demasiado la exposición. Siempre lo había dejado en claro, pero además de eso, se sorprendió al ver que su niña ya no lo era tanto. El pelo rojo y suelto le quedaba hermoso y ese vestido denotaba su figura. Pero no todo era la imagen, sino la actitud. Amelie finalmente se comportaba como una adolescente que quería pasarse el fin de semana con sus amigos.

—¿No es un poco pronto para ir a la playa? —cuestionó la mujer mirando a su hija por sobre la taza de café—. ¿No deberían esperar el verano para ir a nadar? Además recuerdo haber ido a comprar un traje de baño que nunca usaste, pensé que esa clase de actividad no te gustaba.

—Bueno, la gente cambia, mamá.

—A mí me parece bien, porque es una costumbre de los chicos de Puerto Azul. Es normal que vayan a nadar en primavera. Además hoy hace un calor terrible, yo mismo iría si no tuviese cosas que hacer —comentó su padre sonriente—. Por cierto, Playa Calma se llama el lugar y por lo que tengo entendido toda la gente va allí.




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