Despertó con la sensación de haber dormido muy poco, aunque Amelie no estaba segura de cuánto tiempo había pasado. Solo sabía que era domingo y que llovía muy fuerte, porque las gotas de lluvia golpeaban furiosamente contra el techo y las ventanas de toda la casa. Dio unas cuantas vueltas en la cama y notó que por primera vez en diecisiete años no había soñado nada que pudiera recordar. Lo atribuyó a que había superado sus ganas de lastimarse, entre otros traumas de su vida y el hecho de que ya sabía que Bastian era su ángel de la guarda y había vuelto a su lado. A simple vista ya no quedaban misterios por resolver.
Se sentó en la cama tratando de desperezarse y vio que la pantalla de su computadora seguía encendida. El aviso del nuevo mensaje titilaba en espera de su atención. Un email de su amigo Nando, que decía lo siguiente:
Hola Amy. ¿Cómo estás? Por aquí todo bien, descansando un poco. Hace días que no te conectas y chateamos. Sé que debe ser difícil lo que te ha pasado, pero espero que vuelvas pronto y puedas hablar conmigo si te hace bien. Por más meses que hayan transcurrido, no debe ser nada fácil recuperarse de una pérdida como esa.
Te quería contar que mis padres y hermana saben de tu existencia. Prácticamente te conocen, porque están aburridos de escucharme contarles sobre ti y de tu vida en Argentina. Además les mostré tu foto de Facebook. Espero que no te enojes.
Bueno, me dijeron, y aquí vienen las grandes noticias, que puedes venir a visitarnos cuando quieras. Espero que tengas tus documentos en regla para que sea pronto. ¿No sería chévere que nos conociéramos? ¿Recuerdas que hablamos de eso una vez? Espero tu respuesta.
«¡La noticia perfecta!», pensó ella. Nunca había ido más lejos que Brasil y la idea de viajar sola era un poco aterradora, pero realmente necesitaba un viaje como ese si quería pensar y vivir experiencias diferentes.
Nando vivía en Venezuela, en un pueblo llamado El Junco. Le había enviado unas fotos y parecía el lugar más mágico que había visto, aún más fantástico que Puerto Azul. Además, el distraerse y conocer gente nueva, poder respirar otros aires, le haría bien, estaba segura de ello. El problema sería comunicar a su familia sobre su repentino plan.
Su pasaporte todavía no vencía y tenía bastante dinero ahorrado en una cuenta que su padre había abierto para ella en el banco. Lo único que le faltaba era un permiso firmado por su tutor para viajar al extranjero, porque aún no cumplía la mayoría de edad y por eso rogaba que Héctor o Clara se lo permitieran. Justo cuando estaba por responder el mensaje, Nando se conectó.
—Hey, amigo, gracias por tus palabras, leí el mail. Tú sabes que me hace bien hablar contigo.
—Para eso están los amigos, aunque sea a la distancia. ¿Qué te pareció mi idea?
—¡Genial! Te juro que antes de ver el email, estaba pensando en un viaje para las vacaciones de julio.
—Buenísimo, ¿cuándo empiezan tus vacaciones?
—En dos semanas, aunque me falta un permiso. ¿Te parece bien o necesitas más tiempo para aprontar las cosas?
La respuesta del muchacho tardó un poco en llegar y Amelie se preguntó qué podía estar haciendo, cuando volvió de repente.
—Acabo de preguntar a mis padres y dicen que no hay problema, que no importa si es muy pronto. Están ansiosos de recibirte.
—¡Wow! Les debes haber hablado bastante de mí —escribió y sonrió para sí misma.
—No podía ser de otra manera. Ahora tengo que irme, luego te mandaré por email datos más específicos. Nos vemos.
Amy bajó corriendo las escaleras, todavía en pijama y con pantuflas, pues la ansiedad del momento había hecho que se olvidara de todo lo feo que le había pasado la noche anterior, el amigo de Zaira y su mal comportamiento.
Realmente no tenía hambre así que solo tomó una manzana y se dirigió a la sala.
—Esto les sonará raro —les anunció a los presentes—, pero necesito que me firmen una autorización para viajar a Venezuela en las vacaciones.
—¿Qué? Obvio que suena raro —cuestionó Nadia, quien se hallaba recostada en el sofá mirando televisión—. Buen día, ¿no?
—Buen día, amiga. Te hacía en la cama todavía.
—Amelie, ¿a qué viene todo esto? —preguntó Clara, un tanto confundida ante la reciente solicitud de la muchacha.
—Es que necesito hacer un viaje, necesito irme lejos aunque sea por unos días. Y no es que desmerezca todo lo que han hecho por mí, porque ustedes me han curado casi al cien por ciento, pero quiero hacer esto, por favor.
—Pero ¿adónde irías? ¿Dónde vas a quedarte? —interrogó Héctor, un tanto sorprendido.
—En la casa de mi amigo Nando, siempre he querido conocerlo y visitar su país —respondió Amelie—. Lo conozco hace más de un año ya. Realmente necesito hacer esto y necesito que me apoyen, una vez más.
—Es cierto —agregó Nadia, levantando la mirada—. Doy fe que lo conoce hace tiempo, nos ha contado sobre eso.
—Lo entiendo, hija. Pero alguien debería ir ella, tal vez Clara y Nadia —propuso Héctor.
—Necesito ir sola y si quieren quedarse más tranquilos podemos llamar a Nando para que hablen con sus padres, son gente realmente buena.
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Editado: 17.07.2026