El auto se detuvo frente a la gran casa. Las luces estaban encendidas en varias habitaciones y de seguro estaban esperando a Amelie para cenar, pero ella no quería alejarse de Bastian, justo cuando se habían dicho que se amaban. Ella entendía también que no lo podrían vivir como un noviazgo normal, porque había ciertas cuestiones que el muchacho debía resolver.
—Bastian, ¿me vas a cuidar esta noche? —preguntó ella, con pocas ganas de bajarse del auto. Los cristales del vehículo se empañaban lentamente por el frío que hacía afuera.
—¿Qué te hace pensar lo contrario?
—Nada, era solo para confirmarlo.
—Quédate tranquila, allí estaré como todas las noches desde que naciste. Aunque esta noche tal vez deje que me veas, así te sientes más tranquila.
—Gracias, entonces nos vemos en un rato. Te voy a estar esperando —dijo la muchacha sonriente y bajó rápidamente del auto, reprimiendo sus ganas de besarlo.
Miró como el auto se alejaba, siendo tragado por la oscuridad a lo lejos. Ingresó rápidamente a la casa dejando el bolso del colegio en una silla y se frotó los brazos tratando de proporcionarse un poco de calor. Nadia la sorprendió aún en el hall, mientras los demás se hallaban en el comedor.
—¿Qué sucedió, Amy? ¿A dónde te llevó?
—Fuimos hasta el cerro, él sabía que siempre había querido ir hasta allí. Tomamos un camino que te conduce hasta la cima —mintió y omitió el hecho de que había volado junto a Bastian y la parte de las mariposas, que llamarían la atención de su amiga.
—¿Solo eso? Aunque me parece bastante romántico, los dos solos observando todo desde lo alto.
—Sí, pero lo mejor es que me dijo que está enamorado de mí —confesó Amelie, con una sonrisa imposible de ocultar.
—¿En serio? —preguntó Nadia, su cara iluminada—. ¿Y tú que le dijiste? No te habrás quedado sin hablar como una tonta.
—Obvio que le dije que sí, que lo amo con toda mi alma. Ni yo me reconocí, porque estuvimos en el bosque todo el tiempo cerca... besándonos. OK, esa parte debería ser privada, pero estoy feliz.
—¿Qué hacen aquí hablando? ¿Secretos de mujeres? —interrogó Alexis repentinamente. Llevaba una jarra de cristal vacía, para llenarla de agua en la cocina.
—Amy y Bastian son novios —soltó Nadia.
—Si esto fuera una telenovela dejaría caer la jarra al suelo —bromeó el chico—. Pero hablando en serio, me alegro mucho por ti. Ya me preguntaba cuándo lo reconocerían, porque a mí no me engañan, ustedes se gustan desde aquel día en la cafetería.
—Bueno, creo que es pronto para decir que somos novios de manera tan formal.
—Te entiendo, amiga —dijo Nadia.
—Pero en fin, me alegro de que les agrade la noticia, aunque de esto ni una sola palabra a Clara y Héctor.
—Entendido —repitieron los dos y se dispusieron a cenar.
Frente al espejo del baño, Amelie cepilló sus dientes y pensó en todo lo que le había pasado ese día, totalmente feliz por ello. Extrañaba a Bastian a pesar de que se había despedido de ella hacía unas pocas horas. Se puso una camiseta blanca y sus shorts para dormir y caminó hasta la habitación de manera apresurada.
Se acercó a la ventana para comprobar si él cumpliría su promesa. El muchacho estaba sobre el techo de la casa que quedaba cruzando la calle. Ella sonrió y corrió el ventanal, el frío penetró por sus poros haciéndola temblar.
Bastian se quitó la camisa bajo la tenue luz y extendió sus alas que casi se perdían en la oscuridad de la noche. Hizo un movimiento con su mano en el aire y se lanzó a volar a toda velocidad. Bajó hasta el balcón, el viento que produjeron sus alas hizo que el cabello de la chica volara. Amelie lo arrastró hacia el interior de la habitación porque se estaba congelando.
—Tengo una pregunta importante, Amy.
—Bueno… ¿Qué cosa quieres saber?
—¿Pudiste verme volando, cierto?
—Sí, ¿por qué lo preguntas?
—Ese movimiento que hice con la mano pone alrededor de mi cuerpo una especie de nube oscura que refleja lo que hay a mí alrededor, o sea que nadie puede verme. Nadie, excepto tú.
—Eso es porque soy asombrosa y especial —bromeó ella y corrió hasta la puerta para cerrar con llave, no quería que nadie los sorprendiera.
Bastian la observó atentamente, cada uno de sus movimientos, con una sonrisa pícara en sus labios que le hizo olvidar la respuesta que le había dado y lo raro que aquello era. Cuando ella se dio vuelta, pudo verlo.
—¿Por qué me miras así? Como un stalker que finalmente podría matarme.
—No son esos mis planes exactamente. Es que te ves sexy con esos shorts, nunca antes te había visto de esa manera —bromeó guiñando un ojo.
—Eso es porque estabas concentrado en tu trabajo —dijo ella sonrojándose un poco y se metió en la cama, cubriéndose con la frazada. Estaba temblando.
—Bastian, tengo mucho frío. ¿No puedes hacer algo para que me sienta mejor?
—¿A qué te refieres? —preguntó él un tanto confuso y tenso.
—Algún poder en especial que haga que la habitación esté cálida.
#566 en Fantasía
#336 en Personajes sobrenaturales
#71 en Paranormal
ángeles guardianes y demonios, romance juvenil drama, ángel y protegida
Editado: 17.07.2026