Cielo prohibido

Epílogo

Cuando Amelie abrió la puerta de su cuarto, lo primero que vio fueron los rostros de Nadia y Alexis. No sabía qué hacían ahí, tampoco creía que hubieran estado escuchando, pero estaba segura de que le pondrían las cosas más difíciles. Realmente se sorprendió al observar sus ojos cargados de confusión, tratando de entender qué era lo que le pasaba a su amiga, que se había puesto rara otra vez.

—Justo estábamos por golpear tu puerta. Amy… ¿te pasa algo? Yo entiendo perfectamente que puedan haber momentos en los que no te sientes bien, porque te han sucedido muchas cosas terribles, pero casi no hablamos como antes y sabes que nos encanta escucharte y ayudarte, creo que lo hemos hecho siempre. Eres nuestra amiga, una hermana para nosotros. ¿Estas enojada o hicimos algo que te molestó? —preguntó la muchacha rubia, a punto de llorar y Amelie no pudo dejar que eso sucediera por su culpa. La tomó suavemente de las manos y la atrajo hacia ella para poder abrazarla. Al instante hizo lo mismo con Alexis, se había estado guardando ese abrazo hacía tiempo y pudo darse cuenta que le sería difícil no pensar en ellos, se estaba desprendiendo de sus amigos.

—Chicos, ustedes no son el problema. Nunca lo han sido y no quiero que piensen que estoy enfadada con ustedes. ¿Cómo podría enojarme con quienes siempre han estado a mi lado? Ustedes me sacaron a la vida, me arreglaron el corazón luego del accidente, los quiero con toda mi alma. Les pido perdón si los estuve ignorando, pero he tenido cosas importantes en que pensar —dijo mirándolos a los ojos—. Ahora con Bastian vamos a salir un rato, a pensar en eso. Pero estén seguros de que siempre voy a estar a su lado. Somos la triple alianza y somos sobre todo her-ma-nos —agregó separando en sílabas, lo que los hizo sonreír. Les dio un beso en la mejilla y se alejó sin mirar atrás, tragándose las lágrimas y odiando el nudo que tenía en la garganta.

—Espero solucionen las cosas —dijo Nadia en voz alta y volvió a su habitación junto con Alexis.

Amelie dio gracias porque sus amigos no tenían conocimiento de su anterior intento de suicidio, porque las palabras que les había dicho sonarían como una nueva tentativa, como una despedida, aunque realmente lo era. Esperaba visitarlos en sus sueños, pararse a su lado invisible y cuidarlos de sus pesadillas todas las noches que iban a venir.

Subió al auto llorando porque no pudo contenerse más, mientras Bastian la miraba. Encendió el motor y el vehículo comenzó a andar lentamente por la calle poco iluminada, era una noche oscura.

—Amelie, no lo hagas. No estás lista para esto y eso está más que claro en tus lágrimas. Lo vas a terminar lamentando por toda la eternidad y eso no es para nada bueno, es demasiado tiempo para vivir con una culpa, te lo digo yo que sé de eso.

—No sé de qué culpa hablas, ya que nunca me contaste que es eso tan malo que hiciste, pero aun así, ser un ángel te cambió la vida. Ahora eres más feliz que antes, ¿no quieres que yo sea feliz también?

—¿Cómo puedes preguntar eso? Todo lo que hago, cada pequeña acción, cada segundo es para que seas feliz, pero nuestras historias son completamente diferentes. Yo no tenía familia ni amigos a quienes recurrir, nada de nada. Tú si los tienes y puedo ver cuánto los amas. ¿Estás dispuesta a abandonarlos así como así? Pensé que eras más fuerte que esto, que lucharías por lo que amas —comentó cuando se acercaban al bosque que precedía el cerro. Las palabras de Bastian la atravesaron como una daga.

—Sí, los abandonaré porque creo que es lo mejor para todos. Estoy dispuesta a dejarlos, para que no sean heridos por mi culpa.

—Sigo pensando que no debes desprenderte de tu vida. Además yo te amo tal cual y como eres ahora, con tus problemas, graciosa, aniñada y sin poderes —dijo él tomando la mano de la muchacha—. Y si las cosas se ponen feas otra vez, los dos nos arreglaremos para salir adelante, eliminando el mal de nuestro camino, como lo hicimos con Zaira —agregó cuando el auto ya había estacionado. Pero eso no fue lo que más llamó la atención de Amelie, sino lo que dijo a continuación.

A pesar de que estaba seguro de que los resultados serían malos, Bastian pronunció unas palabras que hicieron que el corazón de Amelie casi estallara de felicidad y un mundo de posibilidades se abrió ante ella. Por fin y después de pensarlo, él tomó su decisión final.

En la base rocosa del cerro, Bastian se quitó la camiseta y la tomó entre sus brazos. Sus inmensas alas negras se abrieron y empezaron a volar. El viento se sentía fresco cuando golpeaba la piel de Amelie y acarreaba el perfume de flores silvestres que crecían entre las rocas.

Luego de unos momentos, cuando estaban en la cima, se tomaron de la mano fuertemente.

—¿Estás lista, preciosa? Solo deseo que todo esto salga bien —preguntó el muchacho con una sonrisa en los labios. Ella respiró hondo, pensando en las consecuencias y en todos los momentos vividos junto a él. Deseó con toda su alma, como lo hacía para que el timbre sonara en el colegio, que nada malo pasara luego de lo que iban a hacer.

—Sí, estoy lista y estoy muy segura de que todo saldrá perfecto —respondió convencida, porque al fin y al cabo estaban por hacer lo que ambos querían con todas sus fuerzas.

Bastian se alejó un poco de ella, la miró fijamente y comenzó a hablar.

—Pater noster, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum... —Sus ojos se pusieron blancos y se elevó del suelo lentamente junto con unas pequeñas piedras que se levantaron también. Empezó a girar en el aire, como un torbellino pero de manera lenta, mientras discutía con Dios seguramente. Amelie pensó que Él estaba enojado.




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