CAPITULO 4
El entrenamiento terminó en silencio
Los instructores nunca llegaron. O tal vez sí, y se mantuvieron ocultos, observando tras los muros encantados de la torre norte. No había forma de saberlo
Arianne fue llevada a la enfermería, aunque no tenía heridas visibles. No podía dejar de temblar. No de miedo, sino de una extraña anticipación. Como si dentro suyo, algo aún estuviera despierto y espiando desde la oscuridad
Kael no volvió a hablarle
La acompañó hasta que se estabilizó y luego se marchó sin decir palabra. Pero antes de irse, le dejó un cuaderno. Piel negra, sin nombre, sin dueño. Cuando lo abrió, Arianne encontró solo una frase escrita con tinta plateada:
"Cuando llegue la noche sin luna, no cierres los ojos"
No entendía qué significaba. Pero algo en esa advertencia se le quedó grabado, como un Esa noche, mientras Arianne dormía inquieta, los chicos se reunieron a escondidas. No era común verlos juntos, mucho menos de acuerdo
—Esto fue diferente —dijo Riven, cruzado de brazos—. No solo liberó magia cruda. El tiempo alrededor de ella se quebró por un momento. Yo lo sentí
—Ella no lo hizo sola —dijo Cedrik, apoyado en la sombra de un pilar—. Lo desató alguien... o algo
—No hay prueba de eso —interrumpió Elior—. Pero hay algo que sí sé: no debemos dejarla sola otra vez
—¿Y qué proponés? ¿Vigilarla como a una amenaza? —bufó Riven
—Protegerla —respondió Elior, firme—. Hasta que ella misma pueda protegernos de lo que lleva adentro
Todos guardaron silencio. Y por un instante, el mundo pareció más oscuro que antes.usurro bajo la piel
En la torre más alta de Vhalderis, el Consejo también se reunió.
—El linaje está despierto —dijo el Archimago, su túnica flotando en el aire como humo—. Ya no podemos ignorarlo
—La Sangre Prohibida no debería existir —murmuró la Dama de Cristal—. Y sin embargo, ahí está... latiendo en esa niña
—¿Es una amenaza?
—Aún no —dijo una tercera voz, más joven, más humana—. Pero si el poder crece sin guía, lo será. Lo fue antes
Silencio
—Propongo vigilarla sin intervenir. Por ahora. Si cruza la línea... —la mirada del Archimago se endureció— ...actuaremos
Nadie lo discutió
Pero alguien más los estaba escuchando
Desde un rincón olvidado del techo encantado, una criatura sin forma susurró para sí misma:
—Otra portadora. Qué pronto llegó el final esta vez...
Mientras tanto, Arianne se despertó con el pecho ardiendo. Soñaba con una puerta. Siempre la misma. Solo que ahora estaba entornada
Y desde el otro lado, una voz cantaba su nombre con un eco ancestral:
—Ari...anne... Aeterna... Sanguine...
Se levantó jadeando, envuelta en sombras
Y por primera vez, quiso escapar de sí misma
La biblioteca de la Academia Vhalderis parecía expandirse con cada paso. Pasillos infinitos, escaleras que se deslizaban solas, estanterías que susurraban nombres prohibidos. Arianne sostenía el cuaderno con la enigmática frase una y otra vez entre los dedos
"Cuando llegue la noche sin luna, no cierres los ojos"
– Lo encontraste demasiado pronto – dijo una voz suave a sus espalda
La profesora Lysandre, con su túnica púrpura y ojos violeta, la miraba con gravedad. Su cabello blanco flotaba como si algo invisible soplara alrededor
—¿Usted sabía? —preguntó Arianne, con la voz áspera—. ¿Qué es Aeterna Sanguine?
Lysandre la llevó a una sala oculta tras una estantería que se abrió sola. Allí, el aire olía a ceniza y a magia vieja
—Aeterna Sanguine no es un linaje. Es una maldición. Una unión imposible entre todas las razas antiguas... sellada para evitar el nacimiento de alguien como tú
Arianne dio un paso atrás. El calor en su pecho volvió, igual que en el entrenamiento. El recuerdo de sus poderes descontrolándose aún ardía en sus huesos.
—¿Por qué existiría alguien como yo?
—Porque el equilibrio... ya se ha roto. Tú no deberías ser. Pero eres
Lysandre abrió un antiguo grimorio. En él, una figura femenina con ojos como galaxias flotaba rodeada de llamas, alas, sombras y colmillos. Bajo la imagen, una palabra tachada:
"Coronam"
La corona perdida
—Hay quienes creen que si esa sangre despierta... también despertará lo que duerme más allá del velo del tiempo
Arianne sintio un temblor en la tierra
– ¿Que fue eso?
Lysandre se volvió hacia la ventana. Sus pupilas se contrajeron.
– Hoy no hay luna
El cuaderno empezó a arder en las manos de Arianne. Una voz resonó dentro de ella, grave, antigua:
"Abriste la puerta. El fuego te recuerda"
La alarma mágica de la Academia rugió como una tormenta. Estudiantes gritaban. Las estatuas de piedra se quebraban solas en los pasillos. Desde el cielo, un rugido descendió como un trueno
Arianne corrió hacia el patio central, seguida por Kael, Riven y Elior. Cedrick los observaba desde las sombras, con los ojos rojos encendidos
Y entonces lo vieron
Una figura dorada descendía desde el cielo envuelto en llamas suaves. No era un dragón... no del todo. Era un hombre. Alto, con cabello como metal fundido y ojos verdes como fuego antiguo. Su presencia hizo que todos se callaran. Hasta la magia se detuvo
Arianne no podía moverse
—Alaric... —susurró Lysandre con un terror reverente—. No puede ser...
El recien llegado sonrio, solo a Arianne
– Te encontre al fin
Kael se interpuso de inmediato. Sus colmillos expuestos. Riven rugió. Elior extendió las alas
Pero Alaric no los miró
Solo a ella
—En otra vida... me llamaste por mi nombre verdadero. ¿Lo recordarás esta vez?
Arianne sintió que el fuego dentro de ella se agitaba. Su piel ardía. Su sangre vibraba como un tambor de guerra
Y en ese instante... recordó algo que no vivió
Una corona. Una caída. Un beso bajo lluvia de fuego