CAPÍTULO 9
La convocatoria llegó al atardecer.
No fue una carta.
No fue una orden directa.
Fue una sensación.
Una vibración en el colgante que Arianne llevaba colgado al cuello desde aquella noche. Un pulso grave, constante, que la obligó a cerrar el libro que intentaba leer.
Kael lo sintió al mismo tiempo.
—Lo sé —dijo antes de que ella hablara.
Eso la irritó.
—¿Qué sabés exactamente?
Kael no respondió de inmediato. Su mandíbula se tensó.
—El Consejo va a activar el Círculo de Cenizas.
Arianne frunció el ceño.
—Eso es un ritual de contención.
—Es un ritual de medición —corrigió él.
El aire entre ambos se volvió más frío.
⸻
El Círculo estaba en las catacumbas antiguas de Vhalderis. Pocas veces se utilizaba. Era un espacio tallado directamente en roca negra, cubierto de símbolos que parecían moverse si se los miraba demasiado tiempo.
Riven ya estaba allí. También Elior. Cedrik apoyado contra una columna, observando con expresión indescifrable.
Arianne sintió que algo no estaba bien.
—¿Por qué están todos? —preguntó.
—Porque esto no es solo para vos —respondió Cedrik suavemente.
Kael dio un paso adelante, colocándose apenas delante de ella.
—Yo entro con ella.
Uno de los miembros del Consejo negó.
—El Círculo responde a una sola energía.
Arianne sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Qué están midiendo exactamente?
Silencio.
Y entonces lo entendió.
No estaban midiendo si ella era inestable.
Estaban midiendo cuánto poder había despertado.
⸻
Cuando cruzó el límite del Círculo, el aire cambió.
El suelo ardió bajo sus pies descalzos. Los símbolos se encendieron en rojo oscuro. Arianne sintió cómo algo en su interior reaccionaba, no con miedo... sino con reconocimiento.
El fuego no luchó esta vez.
Respondió.
Las paredes vibraron.
Riven dio un paso instintivo hacia adelante. Elior extendió apenas sus alas. Cedrik dejó de sonreír.
Kael no se movió.
Pero sus ojos brillaron con una intensidad peligrosa.
Arianne levantó la cabeza.
El fuego subió por sus brazos como venas luminosas. No dolía. Era vasto. Antiguo. Como si siempre hubiera estado ahí, esperando permiso.
El Círculo no la contenía.
La amplificaba.
Y entonces ocurrió.
Las llamas del ritual no tomaron forma de caos.
Tomaron forma de alas.
Sombras inmensas se proyectaron sobre la piedra. Un rugido grave, lejano pero inconfundible, atravesó las catacumbas.
Alaric.
No físicamente.
Pero su poder estaba ahí.
Los miembros del Consejo retrocedieron.
—Esto no estaba previsto —murmuró uno.
Kael apretó los puños.
—Deténganlo —ordenó alguien.
Pero nadie sabía cómo.
Arianne abrió los ojos en medio del fuego.
Y por primera vez no se sintió rota.
Se sintió completa.
El fuego descendió lentamente hasta apagarse en un resplandor tenue.
El Círculo quedó agrietado.
Silencio absoluto.
Uno de los consejeros habló con voz seca:
—El vínculo no es una amenaza.
Es un catalizador.
Kael palideció apenas.
Arianne salió del Círculo por sus propios medios.
—¿Catalizador de qué? —preguntó.
Nadie respondió.
Pero todos entendieron lo mismo:
Si algo antiguo despertaba...
Arianne sería la llave.
Y el dragón, la puerta.
Desde las sombras más profundas de la catacumba, una conciencia observó en silencio.
Satisfecha.