Cinco Elementos. La Prisión para Magos de Valtoria.

XVI. La Competencia de Tiro con Arco. Parte 1.

—“Una competencia pequeña e informal. Algo de bajo perfil…” ¿Tío? —preguntó Melina algo nerviosa observando el panorama.

 

XVI

—Así era en un principio. Pero ya ves, la grandeza te busca por donde vas, querida Melina —respondió Gastón dándole a la chica un golpecito en el hombro. Su tono de voz, sin embargo, no era tan seguro como de costumbre.

Una carcajada estridente llamó la atención de ambos a sus espaldas.

—¡Así que está es tu niña prodigio, Silveira! —Un hombre rechoncho y de poblada barba negra se acercaba cabalgando, llevaba el uniforme de la policía militar de Nova Orda. Le seguían tres jóvenes vestidos con lo que Melina asumió era la versión de bajo rango de la misma institución.

—Melina. Saluda al sargento Winston —dijo Gastón que se notaba algo descolocado. La chica saludó elegantemente, gesto que el Sargento replicó de manera burlona. Los tres chicos hicieron una reverencia desde sus respectivas monturas.

—Esperemos que cumplas las expectativas, jovencita Ferranza. No sabes cuánta fe deposita tu pobre tío en ti… —Winston habló con un tono algo despectivo y burlezco acercándose a Gastón y dándole una palmada amistosa en el hombro. El gesto hizo al tío de Melina tener que maniobrar para recuperar el equilibrio y no caer del caballo—. Veremos si alguno de mis chicos logra imponerse ante el enorme avance del protagonismo femenino en nuestras filas —continuó el sargento, confirmando entonces que los tres muchachos eran competidores representándolo.

Melina calculó que rondarían los veinte años cada uno. Winston se acercó entonces a Melina, sonriente, tomo aire para seguir hablando, pero lo que fuese a decir murió en su boca ante una voz imponente que sonó proveniente desde el lado contrario.

—¡Sargento Winston! ¡Formarse! —La voz masculina era raspada e imponente. Winston dio la vuelta para ubicarse en frente de sus representantes.

—Sargento. Las mujeres no son terroristas ni magos ¿Cuántas veces se lo tengo que explicar? —La segunda era una voz conocida. Melina había escuchado ese tono de reprimenda condescendiente toda su vida.

Cuando se dio vuelta para mirar, vio tres figuras de a pie. El primero era su padre, el Señor Arturo Ferranza, alto, elegante y estoico como siempre. A su lado un hombre aún más alto y severo, de piel curtida, el cabello y la barba blanquecinos. Su figura robusta la cubría un uniforme azul brillante y repleto de medallas de honor. La cicatriz en su rostro y su imponente presencia no dejaban lugar a dudas, aquel hombre era Olivander Krom, leyenda viviente de Nova Orda. Comandante en jefe de la UMA y hombre de confianza de Leopoldo. A su lado una chica joven, no mucho mayor que la misma Melina, de largo cabello rubio y uniforme de la misma unidad de Krom.

Winston y sus tres chicos se encontraban en formación recta e inmutable, Gastón tenía los ojos extremadamente abiertos. Melina bajó del caballo y se acercó a saludar a su padre, Gastón hizo lo mismo. El grupo de Winston hizo lo propio luego de que la voz raspada de Krom les otorgase el permiso para relajarse.

—Pensé que sería un evento pequeño… —dijo Melina en tono de disculpa a su padre, quien le había ordenado durante todo su entrenamiento que mantuviese un perfil bajo en lo que tenía que ver con el arco y la flecha. Pero Arturo la tranquilizó.

—Hablaremos más tarde, Melina. Ahora que estás aquí, disfrútalo. —Sonrió el hombre, desordenando el cabello de su hija, tal como cuando era pequeña—. Este es…

—Olivander Krom. —Se presentó el imponente General, con elegante manejo de la etiqueta. La joven prodigio que ves a mi lado es mi aprendiz la Teniente Katya Eisenhart.

La joven, de mirada severa asintió respetuosamente con la cabeza.

—Temo que el arco no es mi mejor elemento, pero espero estar a la altura —dijo la joven mujer de manera respetuosa pero en ningún momento servicial. Melina saludó de vuelta de la manera más cordial y elegante posible dentro de su nerviosismo.

Las maneras de Krom y Katya eran diferentes a las de otros soldados frente a los que se había presentado, quienes —con excepción de Winston que parecía ser un caso aparte— se mostraban sinceramente serviciales y hasta temerosos frente a la antigua nobleza, asimismo los otros nobles que había comenzado a frecuentar desde hacía poco, manejaban la etiqueta de tal forma que la buena fe y la cordialidad parecían siempre reales, aun cuando de seguro no representaban el sentir real de sus emisores. En el caso del General y su subordinada, no había un deseo forzado de caer en gracia, no se sentía en ningún minuto una diferencia de status, incluso si sus palabras manifestaban cortesía y respeto.

En ese minuto Melina no pudo darle un adjetivo a lo que le transmitían estos militares de alto rango, pero la palabra “implacable” hubiese sido adecuada.

Deseándole suerte a su hija, Arturo Ferranza se retiró a observar desde las gradas, le siguieron Krom —quién ocuparía un lugar como juez— y la joven Katya quien se dirigió a la zona de los competidores. Winston dio la orden a sus subordinados de retirarse al mismo tiempo que Krom, y —no sin antes dirigir una mirada de burdo desprecio a la chica y su tío— siguió el camino arengando a los tres chicos a demostrar su valía en el campeonato. Melina recordó entonces que Gastón seguía a su lado, tenía la cara pálida y sus manos golpeaban sus piernas demostrando sus nervios y frustración.

—Cerdo. Jodido cerdo arrogante —dijo mirando con resentimiento a Winston—. Piensa que por cazar magos y tener un par de contactos puede despreciar a los ciudadanos de bien y a sus mujeres. Su único talento es su falta de moral y decencia… —Gastón hablaba con la voz temblorosa, empequeñecido. Y lo cierto es, que entre la agresividad de Winston, la presencia de su Padre y el aura de Krom junto a su discípula, su tío —aun siendo un noble con un lugar en la administración gubernamental de Nova Orda— por unos minutos pareció diminuto y casi invisible.




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