Ciudad Arcadia - Felicidad o Libertad

Ciudad Arcadia. Manifiesto

Praenotanda

La sociedad tecnológica moderna ha conseguido logros inimaginables hace tan solo unas décadas, y ha avanzado en todos los campos del saber. Entre los más significativos, caben destacar los avances en medicina, que han elevado la longevidad de la mayoría de la población hasta rozar casi los cien años, e incluso superarlos sin demasiadas dificultades.

Las enfermedades que en siglos pasados diezmaban a poblaciones enteras ahora tienen un impacto insignificante, y las pocas que quedan sin curación, apenas causan ya muertes: o se han convertido en crónicas, o su remedio está, según los expertos, a la vuelta de la esquina.

Por otra parte, los avances en el conocimiento de la estructura del átomo han conseguido producir energía limpia a bajo coste en centrales nucleares seguras, sumamente perfeccionadas tras los primeros y turbulentos tiempos tras su invención. La misma energía que ha sido capaz de crear las armas nucleares, que, lejos de suponer una amenaza para la paz mundial, son las responsables de que no se hayan producido guerras entre los países desarrollados que las poseen, ante la amenaza de la aniquilación mutua. Un entorno libre de conflictos que ya va para 70 años, algo inimaginable en los dos últimos milenios de historia.

En definitiva, la tecnología ha proporcionado importantes logros, pero también nos ha traído inventos de nefastas consecuencias, como son los que comentaremos a continuación.

En primer lugar, la red Internet. A esta tecnología le ocurre algo similar a la energía nuclear. Si bien nadie puede dudar de lo útil que resulta poder comunicarse con alguien de manera casi instantánea aunque esté en el otro extremo del mundo, o consultar cualquier información y tenerla en la palma de la mano inmediatamente, esa misma tecnología también nos ha proporcionado horrores como son la pornografía más exacerbada, las casas de juego online, o las redes sociales. Unas redes que alienan e idiotizan a nuestros hijos, haciéndoles adeptos a mensajes, opiniones o bulos propagados maliciosa y sistemáticamente por terceras personas que nada tienen que ver con sus padres.

Es el lado perverso de la red de redes. Una red que destroza a nuestros hijos ofreciéndoles un acceso ilimitado a todos esos horrores y perversiones, y lo que es peor, desde nuestros propios hogares, en sus propias habitaciones.

Pero no podemos achacar todos los males de nuestro tiempo a Internet. También creemos que la invención de los anticonceptivos, lejos de aumentar el bienestar del hombre, ha abierto una caja de Pandora de consecuencias inimaginables, y que está llevando a la infelicidad a la raza humana.

En efecto, la reducción en el número de hijos motivada por la popularización de estos métodos de control de la natalidad, así como la proliferación inaudita de divorcios, ha hecho naufragar a las familias, las ha desarticulado y las ha destruido por completo. Y esto no es una mera opinión de quienes fundamos esta ciudad. Todas las estadísticas muestran que las personas que se consideran más felices son aquellas que conviven en hogares familiares, siendo las más dichosas de todas, aquellas que tienen muchos hijos.

Y sin embargo, a pesar de estos datos tan claros y obvios, observamos con profunda preocupación cómo la maternidad ha sido denostada, desprestigiada, relegada, criticada, en suma, abandonada, y se incita a las mujeres a trabajar, castigo bíblico donde los haya —ganarás el pan con el sudor de tu frente (Génesis 3,19). Todo orientado en un esfuerzo, diríamos diabólico, para procurar la infelicidad de la raza humana, comenzando por las mujeres. En efecto, con el caramelo envenenado del cortoplacismo, a estas se las ha reeducado y se han convertido masivamente a la “religión” dominante, en un esfuerzo planificado por hacerlas más infelices, sobre todo en el largo plazo. Pues no hay nada que realice más a la mujer que la maternidad, especialmente en las etapas posteriores de la vida, donde los hijos y los nietos colman la felicidad de las parejas.

La ausencia de los hijos hace que los matrimonios no duren; que se destruyan y se desintegren en un afán desmedido de sus miembros en volver a constituirse y formar otras parejas de más éxito, un éxito que nunca se logra. Es una constante huida hacia adelante en busca de una pretendida felicidad, que no suele acabar sino en frustración, y que provoca que ya no tenga sentido la lucha diaria, el empuje hacia delante; desincentiva el espíritu de sacrificio, y propicia el abandono, la molicie y la acedía.

Esta escasez en el número de hijos, que es motivada por el egoísmo y la estrechez de miras de las parejas, tiene otra de sus causas en las relaciones prematrimoniales o sin vínculo permanente con múltiples parejas, que hacen que los jóvenes ya no tengan ilusiones y se encuentren desnortados, sin proyecto existencial alguno salvo satisfacer su propio hedonismo, siempre insatisfecho.

¿El resultado? Las plagas del aborto, el divorcio, la anticoncepción y la pornografía que, lejos de liberar a quienes las practican, no generan sino frustraciones, vidas desechas e infelicidad.

Podemos encontrar entre nuestros conocidos y allegados un gran número de personas divorciadas que, en la segunda mitad de sus vidas, se encuentran solas, amargadas e infelices. Mujeres que han abandonado a sus esposos y que, lejos de encontrar al hombre ideal, acaban viviendo solas, sin más compañía que una mascota. Mujeres que se hicieron voluntariamente estériles en los años en los que podrían haber concebido unos hijos que ahora llenaran sus vidas.

Igualmente, los hombres abandonados a esas edades, ante la dificultad creciente de encontrar pareja, son devorados sin piedad por la pornografía y el alcoholismo. Se convierten en desechos humanos, siendo muchos los que acaban suicidándose.



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En el texto hay: miedo, amor, frustracion

Editado: 30.03.2026

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