El trabajo de las lámparas terminó al octavo día. Albert nos pagó en efectivo —un fajo arrugado de billetes de veinte y diez dólares que parecía demasiado pequeño para tantas horas de dolor de espalda y dedos entumecidos—. Nos dio las gracias con una palmada en el hombro y nos deseó suerte. Ron y yo salimos del almacén con el sol pegándonos en la cara, cansados pero contentos: era nuestro primer dinero de verdad en Denver.
Al llegar a casa, Hortensia no estaba. Ron se quedó para guardar las cosas y comprar algo de comida con lo que habíamos ganado —pan, leche, fruta, un paquete de café barato—. Yo, con el estómago revuelto por las náuseas matutinas que ya se habían convertido en rutina, me dirigí directamente a la iglesia.
Encontré al padre David en la sacristía, colocando los ornamentos que acababa de usar en la misa: el cáliz, la patena, el purificador. Cuando me vio entrar, dejó todo con cuidado y cerró la puerta detrás de mí. El espacio era pequeño, íntimo, olía a incienso y cera derretida.
—Liz —dijo, sin preámbulos—. Sabes que mentir es pecado, ¿verdad?
—Sí, padre.
—Entonces… ¿por qué me habéis engañado? ¿De dónde sois realmente?
Me quedé callada. El corazón me latía tan fuerte que pensé que él lo oiría. ¿Cómo lo sabía? ¿Era algo que dije sin darme cuenta? Bajé la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada. Pero el silencio se hizo pesado, y al final, no tuve más remedio que confesar.
—Venimos de Arcadia, padre.
—¿Dónde está eso?
—No sabría decirlo exactamente.
—Pero… ¿está en América?
—No lo sé.
—A ver… ¿cuánto tardasteis en venir, y cómo?
—Nos recogió un coche cuando salimos de allí. Al poco de anochecer… y llegamos a Denver al mediodía.
—Arcadia, dices, ¿eh?
—Sí —contesté, con la voz apenas un hilo.
El padre David sacó su celular, tecleó algo y esperó. La pantalla se iluminó con el resultado de una búsqueda en Wikipedia.
«Arcadia (desambiguación): 1. Unidad periférica de Grecia en la región del Peloponeso. 2. Figuradamente, un lugar imaginario de paz, belleza natural y vida simple, opuesto a la corrupción de la civilización. 3. Ciudad fundada por el multimillonario Rosendo Hip en el año 2005 a unas 40 millas de Houston, en el estado de Texas. Se trata de una sociedad oscurantista formada por fanáticos religiosos de los que se sabe más bien poco, pues guardan celosamente su intimidad. Una comunidad cerrada e integrada por superdotados que… Leer más…»
El padre me miró con una mezcla de enfado, y resignación.
—¿Por qué no me dijisteis la verdad desde el principio?
—Teníamos miedo, padre. Mucho miedo. Cuando llegamos aquí se lo dijimos a una mujer y nos tomó por locos o algo así.
—Vale. —Suspiró, como si el peso de la confesión le cayera encima—. ¿Por qué os habéis marchado de casa? ¿Sois mayores de edad, o no?
—Sí, eso sí. Él tiene veinte y yo dieciocho.
—De acuerdo. ¿Por qué os fuisteis?
—Ron no quería estar más allí y yo le acompañé. Es mi novio y le quiero.
El padre David se quedó mirándome fijamente.
—Es tu novio... O sea, que no estáis casados, ¿verdad?
—No, padre. Otra mentira más.