Ciudad Arcadia - Felicidad o Libertad

Trámites

La oficina de la Administración de la Seguridad Social era un edificio anodino, con largas filas y el aire denso de papeles y paciencia. Ron y yo llegamos temprano, y nos sentamos en la sala de espera, rodeados de familias, ancianos y jóvenes como nosotros. Cuando por fin nos llamaron, nos acercamos al mostrador.

—¿En qué puedo ayudarles? —preguntó la funcionaria, sin levantar mucho la vista.

—Queremos solicitar la tarjeta de la Seguro Social —dijo Ron, intentando parecer seguro.

—¿Tienen identificación con foto? —preguntó ella.

—¿Cómo decir?

La mujer suspiró y al detectar el acento extranjero de Ron se temió lo peor.

—Para emitir una tarjeta de la Seguridad Social, necesitamos una prueba de identidad. Si no tienen licencia de conducir ni State ID, ¿tienen identificación escolar, tarjeta médica, o alguna carta oficial con su nombre?

Nos miramos. Yo no entendía nada de lo que decía aquella mujer, pero por el tono de su voz y la mirada de Ron, presentí que había problemas.

—No tener nada de eso. ¿Hay alguna otra forma?

—Si no tienen ninguna identificación secundaria, pueden solicitar una State ID en el DPS (Departamento de Seguridad Pública). Con la State ID, pueden volver aquí y tramitar la tarjeta de la Seguridad Social.

Salimos de la oficina con una hoja de instrucciones y la sensación de darnos de bruces con la tan temida burocracia. En el DPS la fila era aún más larga. Cuando nos tocó el turno, un funcionario con uniforme gris y la cara aún más gris, nos preguntó:

—¿Tienen tarjeta de la Seguridad Social?

—No, por eso querer la State ID —respondió Ron. Encima, estábamos dando vueltas en círculo.

—Sin esa tarjeta, solo puedo tramitar la solicitud si presentan una carta de la Administración de la Seguridad Social que indique que son elegibles.

—Pero, nosotros venir de allí, y nos decir que venir aquí. No entender nada —se irritó, y con razón.

El empleado nos miró con compasión y tras suspirar, nos dijo:

—Mire, vuelvan al mismo sitio de donde vienen, y vayan a la quinta planta. No a la planta baja donde han estado. ¿Me entiende? A la quinta. Allí les darán esa carta. Si no están muy ocupados se la darán en el momento, y después vengan aquí.

—De acuerdo, muchas gracias.

Otra vez a volver al mismo sitio, y otra vez a guardar la cola. Por fin, cuando nos llegó el turno, un empleado que servía allí le dijo a Ron:

—Ya es raro que no tengan tarjeta de la Seguridad Social. ¿De verdad que son ciudadanos americanos? —Por nuestro acento, el hombre tenía todo el derecho del mundo a dudar.

—Sí, señor —respondió—. Hemos nacer en este país, y nuestros padres son de aquí. Pero… hemos estar toda la vida fuera.

—Está bien. Dejénme el certificado de nacimiento de cada uno, y les proporcionaré la carta.

Ron se lo entregó y el hombre consultó algunos datos en una pantalla. Después hizo algunas gestiones y al cabo de unos minutos volvió con el tan deseado papel.

—Ahora el suyo, por favor —se dirigió a mí.

—Liz, supongo que te lo habrás traído, ¿no?

—¿El qué?

—El certificado de nacimiento. Mira, es un papel como este —me enseñó el suyo.

—Yo no tengo nada de eso.

—¿Te lo has dejado en Arcadia?

—No me lo he dejado en ninguna parte. Simplemente, no lo tengo. En mi casa nunca lo he visto, desde luego.

—Ella no lo tiene —dijo Ron, volviéndose hacia el funcionario, sin plantearse nada más.

—Pues sin eso, no podemos hacer nada.

—De acuerdo. Y ahora, ¿qué hacer para mí? ¿Ya poder tener la tarjeta del seguro social?

—No. Con esta carta que le he dado tienen que solicitar el State ID. Una vez que lo tengan, ya podrán tener esa tarjeta. Vuelvan al DPS y supongo que ahora se lo tramitarán. Pero dense prisa porque deben estar a punto de cerrar.

Fuimos corriendo y afortunadamente, llegamos a tiempo. Nunca nos imaginamos que la burocracia del mundo exterior iba a ser tan pesada, sobre todo por lo que nos pasó a continuación. El funcionario del DPS era otro distinto. Registró la solicitud, hizo una foto a Ron, le tomaron las huellas dactilares y se quedó con una copia de la carta que tanto nos había costado obtener. Luego pasó lo siguiente:

—¿Ya poder tener el State ID? —preguntó Ron.

—Sí. Le llegará por correo certificado al domicilio que han indicado en la solicitud.

—¿Por correo? ¿No poder dar ahora?

El funcionario sonrió de forma irónica:

—Me temo que tendrá que ser por correo, y tardará su tiempo, caballero.

—¿Cuánto tiempo?

—De uno a dos meses. Más bien dos que uno.

Ron se desesperaba.

—¡Pero yo necesitar tarjeta de la seguridad social para trabajar!

—¿Es que no la tiene?

—No. Por eso necesito el State ID. ¡Necesitar trabajar ya!



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En el texto hay: miedo, amor, frustracion

Editado: 17.04.2026

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