La sala estaba fría, iluminada por la luz blanca del monitor de ecografía. Era la prueba en la que se hace un estudio morfológico del niño y una evaluación detallada de la anatomía fetal. También me dirían el sexo del bebé.
Ron no me había podido acompañar. Su compañero estaba enfermo, y no podían dejar el bar solo.
Me recosté en la camilla, temblando un poco por el frío y por los nervios. La doctora untó mi vientre con ese gel helado que parecía más frío cada vez que lo usaba. Deslizó el transductor despacio, con movimientos precisos. El sonido llenó la habitación: un golpeteo rápido, constante, como un tambor diminuto dentro de mí. Era el latido del corazón del bebé.
El sonido del aparato llenó la habitación, y en la pantalla apareció una sombra diminuta, latiendo con fuerza. Sentí una emoción indescriptible. El sonido llenaba el silencio, interrumpido solo por el latido rápido de aquel corazón.
En ese momento la expresión de la doctora se volvió seria. Ajustó la imagen y frunció el ceño. El movimiento se volvió más lento, más cuidadoso.
—¿Todo estar bien? —pregunté, con la voz temblorosa, y la doctora tardó unos segundos en responder.
—Hay algo que necesito revisar con más detalle —dijo, ajustando la imagen en la pantalla—. Detecto lo que creo que es una ventriculomegalia.
No entendí bien esa palabra, pero de algún modo sentí que el aire se me escapaba.
—¿Qué significa eso? ¿Es grave?
La doctora respiró hondo, dejó el transductor a un lado y se giró hacia mí.
—Podría ser consecuencia de una infección congénita. En los análisis que le hicimos hemos detectado marcadores que sugieren exposición al citomegalovirus, o CMV. Es un virus común, pero en el embarazo puede afectar el desarrollo del feto. No le dije nada antes hasta ver antes la ecografía para no alarmarla innecesariamente, por si pudiera ser un falso positivo. Pero lamentablemente, no es el caso.
La miré de nuevo, pero yo seguía sin comprender.
—¿Cómo… cómo poder, pude, contagiarme?
—El CMV se transmite por fluidos corporales: saliva, orina, contacto cercano con niños pequeños… Suele darse al cambiar de ambiente; al exponerse a entornos distintos, donde existen microorganismos sobre los que no se ha desarrollado inmunidad. Muchas mujeres lo contraen sin saberlo… En fin, no es culpa suya.
—¿Y qué le pasar al bebé… cuando nacer... nazca? —pregunté. Algunas lágrimas empezaban ya a aflorar de mis ojos, y la doctora bajó la mirada.
—No podemos saberlo con certeza. Puede que no tenga síntomas graves, pero es muy posible que presente problemas sensoriales, como pérdida de audición o visión... probablemente total. También hay riesgo de parto prematuro. La ventriculomegalia puede mejorar con el tiempo, pero los problemas sensoriales… podrían ser permanentes.
Sentí que el mundo se desmoronaba y me puse a temblar. Apreté la sábana con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos, intentando contener el temblor.
—¿Hay algo que pueda hacer? —pregunté, convulsa.
—Se puede iniciar un tratamiento antiviral para reducir el impacto. Pero quiero que esté preparada para todas las posibilidades. —Hizo una pausa, suavizando la voz—. Por cierto, el bebé es un niño.
La doctora limpió el gel con un papel desechable y me ayudó a incorporarme.
—Ya puede vestirse. Le espero fuera.
Apenas articulé a hacerlo. La cabeza me daba vueltas y sentía un nudo en la garganta que casi me impedía respirar. Tras un par de minutos, salí de la habitación llena de lágrimas y la doctora intentó consolarme.
—No se preocupe. Puede ocurrir lo que he dicho, pero no tiene por qué ser así.
—¿Podría salir el niño bien?
—Eso es improbable, ya se lo anticipo. Hay una alta probabilidad de que se produzcan los problemas sensoriales, pero la ventriculomegalia y sus complicaciones podrían ser leves. Con un tratamiento post parto adecuado, el niño podría superar esos inconvenientes.
—¿El niño poder ver bien y poder oír bien con esos tratamientos? ¿Qué ser?
—Ganciclovir intravenoso o Valganciclovir. —Debí poner cara de no entender nada—. Medicinas, vaya, que se le administrarían durante algunos meses. Con eso probablemente se evitaría la cirugía, y se resolverían los problemas neurológicos que suelen estar asociados al CMV. Habría que hacer seguimiento, pero si todo va bien, antes del año se podría haber resuelto.
—¿Dar esos tratamientos en este centro?
—No. Aquí solo damos asistencia básica. La administración de Ganciclovir requiere un seguimiento especializado con controles frecuentes y monitorización periódica de marcadores. Es un tratamiento caro que… bueno, como no tiene seguro médico… No sé de dónde va a sacar el dinero, francamente.
Eso último no lo escuché. Solo entendí que allí no se podía hacer. Mi mente estaba embotada y llena de miedo ante la posibilidad de tener un hijo con serios problemas de salud.
—¿También ver bien y oír bien el bebé antes del año? —pregunté, llena de ansiedad.
—Eso es ya más difícil. Las deficiencias neurológicas podrían corregirse con ese tratamiento que le he dicho, pero los problemas sensoriales, en la mayoría de los casos, suelen ser permanentes. Probablemente irreversibles.