Cuando tenía unos ocho o nueve años, recuerdo que mi papá quería llevarme de vacaciones con él, aunque no supiera a dónde íbamos. Mi padre me dijo que él vivía en un rancho y yo, como nunca he sido sofisticada o creída, no me importó la verdad. Ya había ido antes cuando estaba en construcción, y ahora sí estaba de vacaciones.
Ciudad Bendita no es solamente ranchos y palos; existe una parte que es la verdadera ciudad, una gran ciudad con una iglesia enorme donde cada año, en Semana Santa, hacían la procesión de la Virgen María y el Nazareno de San Pablo. En mi familia, todos somos católicos y yo adoraba la iglesia.
Y aquí voy a contar cómo fueron mis vacaciones en Ciudad Bendita. Mi nombre es Armonía.