Ciudad bendita

Comenzó la diversión

—Me la voy a llevar. Quiero que pase al menos unas semanas conmigo, ya que está de vacaciones y no tiene nada que hacer aquí.

Hablaba mi padre con mi mamá, tratando de convencerla de que me dejara ir con él. A lo que ella, obviamente, no se opuso, ya que ninguno de los dos quedaron como enemigos después de separarse. Así que no hubo problema con eso.

Yo, por otro lado, también estaba emocionada. Por fin iba a jugar con mis primos e iba a salir un rato de mi casa.

Mientras íbamos caminando hacia la avenida, esperando el autobús, miré a mi papá de reojo.

—¿Y también podré ir contigo a tu trabajo? Sabes que me encanta cuando me llevas allá. Además, ese parque es gigante y puedo jugar todo el día, hasta las 2 de la mañana, cuando tú salgas de allí.

—Pues, muchas ganas de estar allí metida jugando hasta las 2 de la mañana. Es como si nunca te cansaras. A esa hora deberías estar durmiendo.

Dijo mi padre, haciendo una voz exagerada y divertida al mismo tiempo. Era cierto. Él trabajaba todo el día hasta las 2 de la mañana, cuando cerraban el restaurante. Eran muchas personas las que asistían a ese restaurante llamado "El Fogón del Pollo". Así es, mi padre era uno de los cocineros más famosos de allí. Y tenía ciertos privilegios, por decirlo así. El dueño me adoraba, aparte de eso.

Por fin llegó el bendito autobús, después de dos horas esperando. Sin mencionar que comencé a marearme a mitad del camino. Desde muy pequeña, los autobuses siempre me han causado problemas.

—Estoy mareada. Mejor me como mi galleta...

—¿No se supone que cuando alguien está mareado es mejor no comer nada?

Yo era todo lo contrario. Yo tenía que estar comiendo y comiendo para no vomitarme. Era media rara, la verdad.

—Pues, no. Yo necesito comer.

—Como quieras, mija...

Sé que eso era exagerado, pero duramos una eternidad para llegar a esos lugares. Ciudad Bendita quedaba lejos de donde yo vivía. Cuando por fin llegamos, era como si hubiera respirado después de no haber respirado durante meses. Es que el autobús daba más vueltas que la vía de Ocumare. Ocumare es un lugar en Venezuela donde están algunas de las playas más bonitas, como por ejemplo, Bahía de Cata.

—Por fin llegamos. Ya estaba cansada. Aparte, tengo hambre.

—Pues, vayamos a pedirle la bicicleta a tu abuelo y vamos a la panadería. Así te preparo pan con revoltillos de huevo.

¡Genial! Cuando escuché eso, era como si hubiera escuchado la gloria. Aparte, mi abuelo vivía allí mismo, también cerca de mi papá. Era un poco malhumorado, pero solamente había que saberlo tratar.

Pero lo importante era cuando comenzara a jugar, corriendo de calle en calle. Y yo sabía que había comenzado la diversión...



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En el texto hay: vacaciones, @familia, @humor

Editado: 29.03.2025

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