Ciudad bendita

Paseo

Mi primer paseo por Ciudad Bendita fue con mi papá. Las luces iluminaban la ciudad y un boulevard lleno de personas, donde muchas estaban en la panadería, donde frenamos.

—¿Compramos pan salado?

—Pues, sí...

Bajamos y nos acercamos a la panadería. Compramos los panes y volvimos al rancho. Mi padre estaba viviendo con una mujer, María era su nombre, la cual no es como que nos lleváramos muy bien. Aunque no podía negar que a veces María llegaba a ser divertida.

—¡Armonía! Me gritó mi hermanastra, la hija de la mujer de mi papá, Alejandra. Ella sí se podía decir que era una buena chica y muy espontánea.

—¿Qué pasa? Le dije, terminando de masticar el pan.

—Vienen los muchachos de la otra calle para jugar. Únete.

De repente, apareció un vecino de ellos con una máscara de mono, si mal no lo recuerdo, Julio. Con una máscara de terror, pero lo único que daba era risa. Eran las 8 de la noche y el chico salió corriendo a otra calle.

El juego consistía en que él salía corriendo para darnos tiempo a nosotros de correr. Nos escondimos adentro de la casa y otros detrás de los arbustos. Julio saltó el pequeño portón de la entrada al barrio y, casualmente, venían más de 5 patrullas que, con la palma de la mano, golpearon la puerta de la patrulla, diciéndole a Julio: "¡Valla para su casa!".

Yo me reí a carcajadas ante el regaño y seguimos jugando después, hasta que mi papá me llamó para que entráramos a la casa.



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En el texto hay: vacaciones, @familia, @humor

Editado: 29.03.2025

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