Ciudad de papel

Capítulo 3

Abigail

Busqué al gato por toda la casa sin éxito, me asomé al estudio, con la esperanza de que estuviera ahí, pensando que se había movido antes de volverse a dormir, sin embargo, me llevé una sorpresa al ver que la ventana estaba abierta y no había rastro de ningún animal. Me acerqué a la ventana para cerrarla antes de ir a prepararme.

Me puse la zapatillas, agarré las llaves y salí corriendo de casa con todo lo que necesitaba. Puse el navegador para encontrar la forma más rápida de llegar, había salido con anticipación con la intención de llegar unos minutos antes para ubicarme. Ando lo más rápido que puedo sujetando la bolsa en mi hombro para que no se cayese con el ritmo acelerado que llevaba.

Giré encontrándome de frente la puerta de la universidad, me quedé paralizada unos momentos mientras admiraba su belleza. Comencé a andar lentamente mientras me aferraba a las tiras de la bolsa por el nerviosismo que recorría por todo mi cuerpo, suspiré con la certeza de que era lo que quería y que, a pesar de lo que me pudieran decir mis padres, esta era la vida que había elegido para mí porque encajaba en todos los huecos que faltaban por rellenar.

Miré la hora inquieta, observaba los alrededores incapaz de pronunciar ni una sola palabra. Me dirigí a la recepción preguntando por mi horario y cómo llegar al aula donde se daría mi primera clase. Me fijé en los números de cada clase por la que pasaba hasta encontrar la mía, ojeé el horario dándome cuenta de que faltaban quince minutos para comenzar, me apoyé en la pared con el móvil esperando a que pasara el tiempo, aunque era complicado por las veces que miraba la hora en un minuto.

Estuve con el móvil para no aburrirme mientras esperaba a que alguien me abriera la puerta, me puse los cascos dándole a una canción aleatoria, las notas de la canción rondaban por mi cabeza dándome nuevas ideas para dibujar. Saqué el cuaderno que traía conmigo, las líneas se iban formando en mi mente poco a poco mientras las iba replicando en el papel, sin embargo, la vibración del móvil me hizo volver a la realidad.

Vi el mensaje de mi tía, le di confundida al ver un mensaje de voz a esas horas de la mañana. Lo puse y en ese instante una sonrisa se formó en mi rostro, mi prima había querido mandarme un mensaje diciendo lo mucho que me extrañaba y mandándome muchos besos, la contesté con un audio esperando poder hablar pronto con ella.

Escuché unos pasos cerca de mí, levanté la cabeza para encontrar a una muchacha que se paró en seco mirando entre su ficha y el número del aula. Se acercó a la puerta intentando abrirla, al ver que no se abría se sentó al lado de la puerta sacando un cuaderno decorado con fotos de obras de arte cortadas que se unían para formar una.

Dudé en si acercarme o no, no solía ser una persona sociable, y menos me atrevía a hablar en un idioma que no era el mío natal, además de las incontables veces que vi que mis esfuerzos eran en vano, pero tenía una oportunidad para comenzar desde cero. Me levanté indecisa hasta ella.

— Hola — dije extendiendo mi mano hacia ella que aparté rápidamente al darme cuenta de que la hablé en español.

—Española— comentó con una sonrisa, se enderezó quedando delante de mí con una sonrisa. —Soy Isha, encantada— exclamó alegre, noté el acento un poco marcado.

— Abigail, ¿de dónde eres? — pregunté intrigada apoyándome en la pared, ella se volvió a sentar y me coloqué a su lado.

—California, mi madre es española, por eso sé español, pero con acento de mi padre—respondió leyéndome la mente.

— Encantada— afirmé animada y relajada.

Pensé que saldría peor, que me ignoraría o me tildaría de pesada, aunque eso podía pasar más adelante, se podría aburrir de mis extensas charlas por lo mucho que me gusta hablar cuando tengo confianza, o tal vez no sea capaz de abrirme al igual que ella y piense que solo la uso para pasar el rato.

" Céntrate en el presente, no en los posibles futuros que tal vez no pasen"

Más tarde un profesor abrió la puerta dejándonos pasar. Estuve toda la mañana atenta a las palabras de los profesores, seguí al grupo cada vez que cambiábamos de clase y me sentaba delante con Isha intentando alejar el sentimiento de ser vista por miles de ojos, enderezaba la espalda para sentirme más segura y confiada.

···

Salí viendo como la lluvia se intensificaba, rebusque con la esperanza de que hubiera metido un paraguas, pero me frustré al ver que no era así y que había sido tan boba de haber olvidado mirar el tiempo. Isha salió detrás de mí, abriendo el suyo, me hizo un gesto con la cabeza para que me metiera con ella debajo del paraguas.

Me acompañó a casa explicando que ella debía coger el tranvía y que no lo importaba subirse en otra parada, me comentó que lo más común era que lloviera la mayor parte del tiempo porque de manera indirecta, o casi una directa, me pidió que comprara uno para que lo llevara siempre. Me habló de su familia y de porqué decidió estudiar aquí. La escuché todo el camino sin hablar demasiado, solo contestaba a sus preguntas o añadía algún comentario relacionado con el tema.

— Quise venir aquí para probar algo nuevo, además que era la ocasión perfecta para practicar mi francés— explicó Isha mientras se colocaba el bolso. — Me encanta viajar y la verdad es que me parecía un buen destino—.

— La verdad es que estoy bastante contenta por lo que he visto de la ciudad, además de que es tranquila, no parece que haya mucha fiesta— añadí.

Me dejó en la puerta de mi piso despidiéndose con dos besos, algo que me hizo sentir extraña ya que no estaba acostumbrada a ese tipo de afecto. Coloqué la llave en el portal, antes de abrir me giré para verla una vez más, pero ella se había acercado a mí.

— Por cierto, ¿me puedes dar tú número? — preguntó metiéndose en contactos, asentí agarrando el móvil, ella levantó la cabeza mirándome con una sonrisa. — Gracias—.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.