Ciudad de papel

Capítulo 16

Dániel

Estaba tumbado en el sofá con los ojos cerrados, estaba intentando pensar en lo que ocurrió en la plaza. Sentí la mirada de Sea en mí, se preocupó un poco al saber lo que vi en el cielo, no entendía qué hacía allí, se supone que estaba ocupada con ese asunto.

— Deberías ir a verla, tal vez sea algo importante— comentó Sea colocándose en el sillón, echó la cabeza hacia atrás mirando al techo pensando en alguna razón por la que estuviera allí.

— Si hubiera sido importante me habría llamado— respondí retirando esa idea de mi cabeza. —Iré a verla, pero aún me debo ocupar de algunas cosas—.

Me levanté del sofá dejándola sola, me fui a mi habitación a coger una chaqueta, necesitaba ir al carrusel y comprobar que todo estuviera bien. Me asomé por la puerta del comedor para decirle a Sea que avisara a Abigail de que debía hacerme cargo de algunas cosas, ella sabía que no debía dar mucho detalle.

Me encaramé al tejado corriendo para llegar lo antes posible, mi pecho se comprimía a cada paso que daba, en todo el tiempo que había estado con ella nunca había venido a buscarme. Ella me había dado mucha libertad, más de la que tuve antes de que aparecieran en mi vida, ambas como un destello que protegía de aquellos que intentaban apagarlo.

Puse las manos en el suelo impidiendo que me hiciera daño, me encorve sacudiéndome las manos y la ropa. Subí las escaleras con rapidez buscando las llaves del carrusel, me moví por toda la sala de control apretando los botones necesarios para que funcionara, al escuchar el sonido de movimiento salí hasta el pilar del carrusel.

Pestañeé un par de veces adaptándome a la luz del Intermedio, salté por los pozos buscando la puerta por la que quería entrar, pero me detuve al ver la de los Soñadores. Dudé un instante en si entrar, pero me guie por el impulso que me controlaba, atravesé la puerta corriendo hasta la casa de Bas e Ilán, la gente me miraba con extrañeza mientras me escabullía por algún hueco, algunos me gritaban pensando que era un gato callejero.

Me detuve en frente de la puerta rasgándola con las garras, escuché pasos al otro lado de la puerta. Bas me abrió sorprendido dejándome pasar, cerró la puerta detrás de mí mientras esperaba a que volviera a mi forma humana, me alise la camisa girándome hacia él.

— No esperábamos tu visita hoy— dijo apoyado en el mueble de la entrada con los brazos cruzados, pero se relajó encorvándose. — Pero me alegra verte, ahora, ¿a qué se debe esta visita tan inesperada Dark? — .

Dejé la chaqueta colgada en el perchero mientras me adentraba al salón con Bas siguiéndome de cerca, me senté apoyando mi cabeza entre mis manos. No tenía idea alguna de lo que estaba haciendo allí, tal vez asegurarme de que estuvieran bien, si sabían algo de Haru.

— He venido por si sabíais algo de Haru— susurré echándome el pelo hacia atrás.

— No, ¿por qué? — Se acercó sentándose a mi lado, sentí como se echaba hacia atrás. — ¿Qué ha pasado Dark? — .

— Se supone que si pasa algo ellos lo notarían— me susurré a mí mismo.

Le miré de reojo, estaba pensando en todas las posibilidades de porqué vino a por mí, podría haberme llamado como otras veces. Bastián esperaba una respuesta un poco preocupado por mi silencio, abrí la boca intentando decir algo.

— No lo sé— contesté abrumado, me levanté andando de un lado a otro de la sala agobiado.

— Dark, debes calmarte— escuché que decía Bas acercándose hacia mí lentamente, sentí una presión aumentar en mi pecho, me apoyé en el reposacabezas del sillón intentando controlar la respiración.

Escuché como Bas gritaba mi nombre preocupado, pero el sonido de su voz me resultaba demasiado lejano como para centrarme en él. Me agarré la chaqueta por instinto esperando a que el dolor se marchara, pero solo lo sentía crecer dentro de mí.

— ¡Dániel! — exclamó Bas agarrándome de los hombros para que le mirara, inspiró profundamente haciendo el gesto de forma exagerada para que lo siguiera.

Cerré los ojos concentrándome en respirar de forma acompasada, sentí como mi cuerpo se relajaba lentamente hasta relajarse, Bas se alejó un poco de mí dejándome espacio. Levanté la cabeza sonriendo con pocas ganas para que no se preocupara tanto, él me apoyó una mano en el hombro para que lo mirara.

— Ella estará bien, ve a verla— dijo con un tono tranquilo, apretó un poco el agarre en mi hombro para que me calmase del todo.

Me acerqué un poco hacia él asegurándole que estaba mejor, en un movimiento rápido me coloqué detrás de él despeinándole con los nudillos, Bas se agachó intentando alejarse de mí, pero mi agarre era demasiado fuerte, escuché como se reía mientras pedía con la voz entrecortada que le soltara, sonreí olvidándome por un momento de la carga que tenía sobre mis hombros.

— Gracias— contesté soltándole, se irguió mientras se peinaba un poco el pelo con los dedos, me observó con una sonrisa burlesca.

— No las des, ve a ver si está bien— respondió dándome un abrazo antes de abrirme la puerta.

···

Caminé por el Intermedio después de dejar atrás el mundo de los Soñadores, bajé por algunos pozos hasta llegar a la puerta que estaba buscando. Aparté las manos del pozo acercándome hacia ella, pero me detuve a lo lejos a ver unas hiedras reptando alrededor de la luz, el césped expandido por la entrada.

— ¡Tú, quieto ahí, no tienes permiso para estar aquí! — escuché que gritaban detrás de mí, me giré asustado, se suponía que Haru y yo éramos los únicos que podíamos entrar en el Intermedio.

— Lo siento, creo que os habéis confundido, yo...—.

— Es él— dijo un muchacho señalando a mi dirección, un hombre se giró hacia mí con sorpresa, me examinó unos segundos antes de dar unos pasos hacía mí.

Me paralice un momento mientras veía cómo se acercaban a mí, oía de fondo como me decían algo, pero era incapaz de prestarle atención. Me giré hacia la puerta y luego volví mi vista hacia el pozo que estaba detrás de ellos, si escapaba a casa podría ponerlas en peligro.




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