Ciudad de papel

Capítulo 23

Dániel

Me apoyé en el marco de la ventana sacando el pie por fuera mientras veía como la lluvia caía de las hojas de lo más alto del palacio. Estaba exhausto de esos meses que había vuelto a casa, me quedaba despierto pensando en alguna solución que nos pudiera ayudar, pero ni siquiera con el conocimiento que tenía era capaz de encontrar una solución, ni siquiera mirando en libros más antiguos que yo.

A veces tenía la tentación de ir a visitarla, aunque no pudiera acercarme a ella, pero Haru me necesitaba cerca, y sabía que solo empeoraría las cosas para mí. Escuché un ruido detrás de mí, no me tuve que girar pues conocía perfectamente de quién eran los pasos, respiré hondo oliendo el aroma a tierra mojada que provenía del jardín.

—Hola Dark— dijo Haru sentándose a mi lado, mirando hacia la ventana. — ¿Cómo estás hoy? — preguntó removiéndose un poco.

— Estoy bien— mentí antes de girarme hacia ella, no debería estar preocupándose por mí. — Tú deberías estar en la cama descansando—.

— No necesito descansar, tengo cosas que hacer hoy— respondió con una pequeña sonrisa. — Y la verdad me gustaría que dejaras de mentir cuando hablamos. — Suspiré cansado.

— Me esfuerzo en buscar una solución al problema, a veces demasiado— murmure sin mirarla a los ojos. — Solo quiero que esto se acabe para todos—.

— Para poder volver con ella, ¿no? — preguntó cruzando las piernas. — Sé que es por ella—.

— Hoy es su cumpleaños— respondí sintiendo una presión en el pecho.

— Lo sé, por eso voy con ella hoy. — Me giré de inmediato hacia Haru. — Luego te lo explico Dark— dijo antes de levantarse y acercarse a la puerta. — No te quedes ahí por mucho rato—.

 

Abigail

Las flores comenzaban a crecer con la llegada de la lluvia. Dibujaba pequeñas flores moradas mientras veía como los aspersores regaban el césped. Mire el reloj viendo que era la hora, camine hacia el carrusel con las llaves en la mano, abrí las puertas con sigilo antes de encenderlo.

El carrusel comenzó a girar deslumbrando con la luz que desprendía. Me aseguré de tener las llaves encima de mí antes de cruzar. Cerré un poco los ojos antes de notar los granos de arena metiéndose en mis zapatos, me los quité sintiendo la textura, comencé a andar hacia mi casa escuchando las olas chocar entre ellas.

Pasé por el paseo marítimo observando las casas que me rodeaban, me detuve en frente de la mía antes de acercarme a dar en el timbre. Les había contado a mis padres lo del carrusel, pero simplemente se rieron creyendo que era un exceso de creatividad, aunque no me esperaba otra cosa de ellos.

Esperé a que alguien viniera a abrirme la puerta, el jardín estaba precioso y lleno de vida que crecía poco a poco. Escuché el crujido de la puerta para ver a mi hermano bostezando con el pelo revuelto, se quedó paralizado al verme, pero unos segundos más tarde me agarró girándome por los aires antes de soltarme y revolverme el pelo.

— ¡Felicidades enana! — exclamó con una sonrisa, me soltó riéndose mientras veía como me arreglaba el pelo con una mano. — Un año más vieja— comentó mirándome detenidamente. —¿Por qué llevas los zapatos en la mano? —.

Sonreí apartándole a un lado para poder entrar, mamá gritaba desde el otro lado de la casa preguntando quién había en la puerta. Mi hermano se quedó callado haciéndome señas de que no dijera nada para sorprenderla, mi madre apareció por la puerta molesta para discutir con mi hermano, sin embargo, se quedó parada en la puerta observándome.

Me acerqué a ella para darle un abrazo, aunque ella seguía inmóvil. Después de unos segundos reaccionó devolviéndome el gesto con fuerza soltando el trapo que traía en sus manos. Luego se separó de mí para verme y llenarme la cara de besos mientras me felicitaba.

— ¿Y papá? — pregunte mirando por todo el salón.

— Está trabajando, llegará dentro de un rato, ven a la cocina conmigo— dijo mi madre antes de comenzar a andar.

Mi hermano se marchó tirando hacia su habitación, escuche como cerraba la puerta y mi madre negaba con la cabeza. Ella volvió a recoger la cocina mientras miraba los imanes que había en la nevera, recordaba los lugares de los que venían la mayoría, levanté un poco la vista para ver que al día siguiente comenzaba mayo, sonreí al pensar lo bonito que se veía el pueblo lleno de flores.

— Iba a hacer pasta para hoy, ¿vas a quedarte a comer cariño? —.

— Sí, he venido a estar un rato con vosotros antes de volver, tengo mucho trabajo esperándome en casa— comente levantándome para ir hacia ella. — ¿Necesitas ayuda? —.

— No, lo que necesito es que vayas a avisar a tu hermano para que recoja sus cosas del comedor y limpie su cuarto— respondió sacando las ollas que utilizaría.

Caminé hacia su habitación, di varios golpes a la puerta esperando a que estuviera decente. Golpeé más fuerte al ver que no me hacía mucho caso, iba a dar una tercera vez, pero abrió la puerta antes de volverse a meter para dentro.

— Ya sabes a qué vengo— comenté lanzándome a su cama aún deshecha.

— Me puedo imaginar que es porque te ha mandado mamá para que haga algo— comentó dándole una patada a sus zapatillas para que no estorbaran. — Ahora voy—.

Me levanté para dejarle solo, pasé por mi puerta deteniéndome en frente de ella. Alargué la mano para abrir la puerta lentamente, noté que estaba tal y como la había dejado, caminé hacia dentro viendo todas las fotos y cosas que había en las estanterías limpias. Escuché un ruido detrás de mí, me giré para ver a mi hermano apoyado en el arco de la puerta.

— Mamá la limpia de vez en cuando, cuando no tiene más cosas que hacer en su tiempo libre— declaró con una sonrisa burlona.

···

Dejé los platos en el lavavajillas escuchando como mi hermano hablaba con mi padre mientras mi madre venía detrás de mí con más cosas. Volví al comedor desviándome hacia mi padre para darle un abrazo por la espalda, me acerqué cerrando los ojos, disfrutando del momento, pero el ruido de mi móvil me hizo levantarme.




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