Aranza
Di un último paso hasta la puerta principal de esta gran mansión, aunque es ridículamente más pequeña y moderna que el castillo de la estúpida de Katherine. Miro a mi alrededor antes de tocar el timbre, asegurándome de que nadie me vea. Vine a sorprender, no a ser registrada.
Saco del bolsillo de mi pantalón los lentes de contacto y me los coloco rápidamente. No puedo permitir que Katherine lea mis pensamientos, ni que sus hermanas detecten la verdad de mi presencia aquí. No sabrán que no solo vengo por Logan, sino a destruir a mi supuesta mejor amiga.
Respiro profundamente antes de empezar a soportar a las otras estúpidas de las Dracul. Mi paciencia con ellas es nula. Toco el timbre. Que empiece el espectáculo.
* * * * * *
Katherine
Odio los jardines; son demasiado vivos y perfumados. No puedo estar ni un minuto más en este lugar. Me levanto del césped, sacudiéndome el pantalón, obteniendo la mirada inquisitiva de Logan. Me excuso con él por unos minutos. Necesito ir a otro lugar, a respirar aire que no sepa a flores. Entro a la cocina pensando que no me encontraría a nadie.
—¿Qué haces aquí? —Hago una media sonrisa al ver a Henry.
—Quería pensar —dice este sin mirarme.
—¿Y por qué no lo haces en tu alcoba? —Es raro verlo así de pensativo, tan quieto.
—A veces es bueno pensar en otro lugar que no sea tu cuarto —responde serio.
—¿Y te ha funcionado? —Alzo una ceja, colocándome frente a él.
—No mucho. —Tuercen los labios, estirando un poco el cuello. El aroma de su sangre es tan fuerte que no sé cómo haré para controlarme. *Deseo morderlo*.
—¿En qué pensabas? —Me acerco más a él. En realidad, solo necesito un poco de su sangre para calmar esta sed repentina.
—En una mujer que no sale de mi cabeza.
Ahora él se acerca a mí, cerrando la distancia que acababa de crear.
—¡Oh, claro, en tu novia! —Exclamo con obviedad, pero sin separarme.
—Pues no. Es una mujer que me tiene loco desde que la conocí. —Nuestros labios quedan a centímetros.
—Su agresividad me atrae tanto. —Se lame los labios. Necesito de ellos.
No llego a responder. Sus labios ya están sobre los míos, provocándome miles de sensaciones. Este beso es más profundo, más urgente que el anterior.
Esto que está pasando es un completo error. Vampiros y mortales jamás pueden estar juntos, y menos yo, que estoy condenada por el Clan Brasov. Tengo prohibido involucrarme sentimentalmente con un mortal. No puedo volver a enamorarme de uno porque esta vez no solo matarían a Henry, a mí también. Me matarían por romper la regla suprema.
—¡No, Henry! —Lo separo de golpe. —Estamos cometiendo un error.
—Sé que no lo sientes así. —Me acaricia la mejilla derecha. —Oye, estás helada —me mira con preocupación. —¿Te sientes bien?
—Está haciendo mucho frío, es por eso —desvío la mirada. La temperatura de nosotros los vampiros puede llegar a -0°C; somos seres no muertos. —Me tengo que ir donde Logan. —Tengo que salir lo más pronto de aquí.
—Déjalo un momento, que te espere —ruega.
—Es mi novio, no voy a dejarlo solo.
—Está bien, pero dame un último beso.
Me atrae a él para besarme con una fuerza irresistible. Sus brazos me envuelven y me acercan a su pecho. El beso es como un incendio que arde dentro de mí, llenándome de una emoción y un deseo por morderlo que no puedo controlar. Mi destino y su vida penden de un hilo que estoy rompiendo con cada roce de labios.
* * * * * *
Logan
—¿Crees que me puedes engañar tan fácil?
Murmuro para mí, escondido en la sombra del pasillo. Acabo de ver cómo se besaban. Vi cómo ella se derretía en sus brazos, olvidando por completo que yo, su novio, estaba esperando en el jardín. La calidez del mortal contra su piel helada. Patético.
Nadie se burla de mí, y mucho menos por un mísero mortal. Ella ha roto la regla, se ha involucrado sentimentalmente con él. Esto es oro puro.
Esto lo tiene que saber sí o sí el Clan Brasov. Su condena es clara: si se enamora de un mortal, debe morir. Mi trabajo aquí está hecho, y mejor de lo que esperaba.
Es hora de acabar contigo, Katherine Dracul. Llegó la hora de matarte finalmente.
* * * * * *
Bárbara
El sonido del timbre retumbó por toda la mansión, un ruido estúpido y agudo. Nadie más se movió, así que, con un suspiro de fastidio, decidí abrir yo misma la puerta. No esperé que una de las sirvientas lo hiciera; mi curiosidad es más rápida.
Me llevé la peor de las sorpresas. Aranza Gragham está con una gran sonrisa hipócrita al pie de esta.
—¿Qué haces aquí? —Endurecí la voz. Esta chica no me cae para nada bien. Sé muy bien que es amante de Logan, pero Katherine, en su ceguera sentimental, no me quiere creer. Su presencia era un mal augurio, una plaga.