Taylor
Me quedé sola en ese baño, sintiendo cómo el frío que esa mujer irradiaba se pegaba a mi piel. Su amenaza, su descaro, su forma de mirarme por encima de los hombros... Me dejó hirviendo de rabia.
Juro que algún día me vengaré de esa aparecida. Nadie me trata como se le da la gana, y menos esa guardaespaldas de cuarta. Ella cree que puede venir a este país y robar lo que es mío, pero se equivoca.
Aquí solo habrá una ganadora y esa seré yo. Esto no ha terminado.
* * * * * *
Katherine
Tomo asiento en una de las sillas que los hijos de mami apartaron para nosotras. Nuestro deber es estar vigilando el lugar, pero ellos quieren que estemos sentadas a su lado. Con eso sí no voy a protestar. Detesto estar de pie tanto tiempo, y más si me toca hacer vigilancia como nos pidieron.
Mis pensamientos se sumergen tanto que Henry llegó a aparecer dentro de ellos. ¿Qué me pasa otra vez? Me siento tan confundida. Quiero odiarlo por ser un mortal, por su arrogancia y por ser un peligro para mi existencia, pero no puedo. Me atrae con una fuerza que no puedo combatir.
—¿Qué te pasa, Kathe? —Mi hermana Eleanor se inclina hacia mí para hablarme al oído. Inmediatamente me saca de esos pensamientos tan profundos y peligrosos.
—No pasa nada, estoy bien —contesto rápidamente, intentando que mi voz suene lo más plana posible.
—¿Segura? —Asiento, torciendo los labios. —Querida hermana, sabes que no me puedes engañar. —Suspira pesadamente acomodándose en la silla, lista para el interrogatorio. —Tus pensamientos están inundados por Henry Santamaría.
—¡Claro que no! ¿Por qué piensas eso? —Ahora trato de mirar a otro lado, hacia la multitud, pero es imposible con la mirada penetrante de mi hermana.
—Que no se te olvide que llevo conmigo el poder cupido. Con solo tener ese poder puedo sentir y decir quién te gusta.
Odio tanto su poder. Suele ponerse fastidiosa cuando empieza a decir quién gusta de quién, o a señalar el patético destino de los corazones.
—A veces se me olvida que tienes ese poder tan cursi —ruedo los ojos—Nadie tiene por qué enterarse —le advierto sin mirarla—. Sabes perfectamente que no me puedo involucrar con un mortal.
—Me parece tan ridículo esa regla que te impusieron. —La frustración de Eleanor hace que los demás sientan lo mismo.
—Por venganza a nuestro padre. Así que no hay de otra que cumplirlo por toda la eternidad. —Me hago la dura, por mucho que quiera llorar por esa estúpida regla que arruina cualquier posibilidad de felicidad real.
—Tranquila, hermana, eso lo vamos a solucionar. —Me da una sonrisa acogedora, muy típico de ella. Siempre la esperanza, siempre la solución mágica. —Ya van a empezar los premios. —Se aleja de mí para prestar atención a lo que dicen los anfitriones.
Todos los focos se apagan para solo encender los del escenario. Muchos gritos se escuchan. ¡Por Drácula, esos gritos son una tortura para mí! The Five son los encargados de abrir estos premios. Wow, tienen unas voces espectaculares, hay que aceptarlo. Pero la voz que captó mucho más mi atención fue la de Henry. Qué maravilla de talento.
Lo recorro con mi mirada mientras canta en el escenario, rodeado de luces. Es brillante, carismático, vivo.
¿Por qué tiene que ser él? O más bien, ¿por qué es un mortal?
Esa es la verdadera pregunta, la que no tiene respuesta y la que, sé, un día nos va a costar a ambos.
*
—En esta gran noche quiero presentarles con mucho orgullo a un gran amigo. —Empieza a decir una chica que se me ha olvidado el nombre. —Este bello cantante con tan solo 18 años de edad es un hit mundial. Tengo el placer de presentarles a Nick Moore.
No sé qué pasó, pero me quedo mirando con mucha curiosidad a ese chico. Es pelinegro, con una energía desbordante. Tiene un parecido muy particular con alguien que en estos momentos no recuerdo. De repente, el aire se me corta. ¡Un momento! Se parece a mí. ¿Pero cómo es eso posible?
—Hermana, ese chico se parece demasiado a ti. —Dice mi hermana Danielle, que se encuentra a mi otro costado, confirmando mi horror.
—Claro que no se parece a mí. —Desearía que fuera mentira.
—Si no fueras mi hermana y no te conociera bien, diría que él es tu hermano gemelo o tu doppelgänger. —Eleanor habla con mucha intriga, su poder cupido no sirve de nada aquí, pero su instinto sí.
—No creo que sea mi doppelgänger —digo, imposible dejar de mirarlo. Su rostro es una versión masculina del mío—. Para que eso pase, debería de ser una mujer, ¿o me equivoco? —Digo en bajo tono mientras que ese chico canta. Lo hace muy bien, debo admitirlo.
—Y no debería de ser vampiro. —Danielle nos deja confundidas con su comentario, elevando la apuesta a lo imposible.
—¿Por qué dices eso? —Pregunto, sintiendo un escalofrío que no tenía nada que ver con mi temperatura fría.
—Mírenlo bien y concéntrense. Van a sentir que no le corre sangre y no le late el corazón.
Hice lo que nos dijo Danielle. Me concentré, usando mis sentidos vampíricos a través del ruido atronador. Me enfoqué en su pecho, en el latido rítmico de un corazón mortal... y no puede ser. No siento su corazón. Está frío, inactivo, muerto.