Clan Dracul: amor prohibido - Libro 1

Capitulo 16

Katherine

Ya una semana alejada de todos. El silencio en el castillo de Carcasona es tan vasto como las murallas que me rodean, y tan opresivo como la soledad que me acompaña. No sé de la vida de mis hermanas, no tengo noticias de sus parejas ni mucho menos de Henry. Desconecté todo contacto, temiendo que mi presencia los pusiera en peligro.

Hablando de él, Henry. He arriesgado todo para tener a mi bebé. Y el primer costo ya lo pagué: perdí el apoyo de mi padre. El Conde Drácula, mi creador y protector, vino a Carcasona apenas se enteró y me exigió que abortara, que un hijo de un mortal es una abominación que me condenaría. Este no quiere al bebé por ser hijo de un mortal.

Para él, dejé de ser su hija por ese motivo. Me lo dijo sin rodeos, con esa fría crueldad que tanto me enseñó a admirar. Me cortó los fondos y la protección. Me da igual. No me importa su abandono. Por mi hijo, soy capaz de ponerme al mundo de enemigo. Si mi destino es morir por esa nueva ley vampírica, moriré, pero mi bebé será la prueba de que incluso la hija del mismísimo Drácula puede amar a un mortal.

Estoy sola, pero por primera vez, me siento inquebrantable.

*

3 meses después

¿Un vampiro nervioso? Para nada... Bueno, sí. Hoy sabré el sexo de mi pequeño semivampiro. Me acuesto lentamente en la camilla del consultorio del ginecólogo para vampiros de aquí de Carcasona. El consultorio es frío, sobrio, pero esta máquina es mi ventana a la vida.

El ginecólogo me levanta la blusa para dejar ver un pequeño vientre abultado y me coloca el gel frío para el ultrasonido.

—Miremos qué será este pequeño murciélago. —¡Y ahí está, en la pantalla! Una gran sonrisa aparece en mi rostro. Cualquier momento malo que haya pasado ha sido opacado por esto que acabo de ver. Es mi hijo, el que me da una razón para desafiar al mundo. —¿Qué es esto? —Me alarmó. El doctor frunce el ceño y acerca la sonda a un punto diferente.

—¿Qué pasó, doctor? —Me preocupé—. ¿Ha visto algo mal?

—Todo lo contrario —me dice con una sonrisa, cosa que me confunde.

—No entiendo.

—Katherine, no tendrás un bebé... —He quedado más confundida, y el miedo me paraliza un segundo—. ¡Felicidades, serás madre de mellizos!

¿Qué? Miré la pantalla detalladamente. Él señala dos puntos distintos. Los dos puntos separados que están bastante grandes, son mis pequeños. La noticia me golpea con una ola de dicha y un terror duplicado. Ahora no solo tengo un hijo que proteger de la ira de mi padre y el Clan Brasov, sino dos.

—¡Esta es la mejor noticia! —Quería brincar de la felicidad, olvidando por completo el protocolo vampírico. Mi soledad en Carcasona acaba de desaparecer, reemplazada por dos pequeñas vidas. —¿Cuál es el sexo de los bebés? —Pregunté súper intrigada.

—Déjeme ver. —Hizo su trabajo mientras miraba la pantalla—. Tendrás a la pareja.

¡Un niño y una niña! Me han dado la mejor noticia de todos los tiempos. Un nuevo Dracul y una nueva Dracul. El futuro de mi clan, mi legado, acaba de duplicarse, y mi razón para luchar es ahora más fuerte que nunca.

*

6 meses después

El día más importante de mi vida ha llegado. Hoy tendré a mis mellizos. Agradezco que mi madre y mi hermano estén conmigo en todo esto, porque sola no hubiese podido seguir. Su presencia en Carcasona ha sido mi única fuente de apoyo. Mi madre está aquí conmigo en el quirófano, mientras que mi hermano espera afuera, seguramente leyendo mis pensamientos a través de la puerta.

—Katherine, tienes que ser más fuerte de lo que ya eres —empezó a decir el ginecólogo—. Vas a pujar lo más que puedas —asentí—. Muy bien. —Se acomodó—. Puja. —Y eso hice, reuniendo toda la fuerza de mis 242 años.

—¡Ahhhhhhhhh! —hacía lo que más podía. El dolor era intenso, físico y ajeno a mi naturaleza vampírica.

—Tienes que hacerlo más fuerte.

—¡Ahhhhhhhhh! ¡Duele!

—Hija, tú puedes —decía mi madre mientras me sostenía la mano. Su toque era un ancla.

—¡Vamos! —decía el ginecólogo. Seguía pujando—. ¡Aquí está! —Sentí cómo salía, un alivio inmediato—. Es el niño. —Sonreí enormemente. —¿Cómo le pondrás? —preguntaba mientras se lo pasaba al pediatra que, por cosas obvias, también es vampiro.

—Edward.

—Hermoso nombre —se volvió a acomodar—. Vamos con la niña. Puja.

—¡Ahhhhhhhhhh! —Jamás me imaginé que fuera tan doloroso. Pensé que la regeneración era mala, pero esto... Definitivamente, no tendré más hijos.

—Vamos, sigue así que ya la veo.

—¡Ahhhhhhhhhh! —Se escuchó un gran llanto, agudo y poderoso.

—¡Salió! —Sentí un gran alivio—. Es muy hermosa. ¿Cómo la llamarás?

—Darcy.

—Bienvenidos, hermanos Socarras. —El ginecólogo, que sabía bien la historia, mencionó el apellido del padre.

—Dracul —lo corregí, firme—. No les pondré su apellido. Ellos llevarán solo mi apellido —le dije al doctor.

—Hija, has hecho un trabajo maravilloso —mi madre me dio un beso en la frente—. Felicidades por traer al mundo a unos hermosos semivampiros.



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En el texto hay: vampiros

Editado: 27.11.2025

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