Katherine
Admiro cada rincón de la nueva casa. No perdí el tiempo. Compré una propiedad grande y bien aislada, lejos de la mansión de mis hermanas, lejos de Henry.
Las paredes las pinté de color negro, de un tono profundo y mate, para sentirnos más en casa. El negro absorbe la luz, trae la noche adentro y me da la paz visual que necesito. La alcoba de los niños está pintada igual, con una decoración infantil pero gótica: murciélagos estilizados en las paredes y pequeños detalles de estrellas nocturnas.
Mi propio cuarto es mi santuario personal. Está decorado con animales disecados que mandé traer de Transilvania: un gran lobo en posición de aullido, cuervos posados en estantes, y un búho de ojos amarillos vigilando desde la esquina. Es el toque de mi verdadero hogar.
La cocina está repleta, pero no de comida mortal. Está llena de sangre humana, que hace unos días robé discretamente de un banco de sangre en un hospital de aquí de Londres. Esta es nuestra bebida fundamental.
Además de esto, el refrigerador y la despensa contienen otros manjares que comemos aparte de la sangre.
Hemos creado un hogar perfecto. Es oscuro, seguro, y nos recuerda de dónde venimos.
*
Una sonrisa aparece en mi rostro al ver a los niños muy bien acomodados en sus pequeños ataúdes. Sí, ataúdes. Son mucho más cómodos y seguros que cualquier cuna, y están listos para escuchar una gran historia de su abuelo, el Conde Drácula. Acomodo una silla entre medio de los ataúdes.
—¿Listos para la gran historia? —les pregunté con una gran sonrisa.
—¡Súper listos! —Edward habló por los dos, moviendo sus pequeños brazos.
—Muy atentos a esto —sonreí al empezar el relato—. Hace 800 años, el Conde Drácula se mudó a un pequeño pueblo de Italia. Todos los habitantes hablaban de él al llegar allí; desde el primer día generó miedo por la soledad de este. Lo que no sabían es que aquel hombre era el depredador más peligroso del mundo.
» Durante una semana hubo muchas desapariciones. A muchos de estos los encontraban tirados en la calle con dos marcas en el cuello, indicando que un animal había atacado. Estas desapariciones ya eran masacres. Los habitantes estaban temerosos de salir de sus casas. Después del último cuerpo encontrado, se dieron cuenta de que los ataques eran producidos por un vampiro, lo que jamás se imaginaron.
» El pueblo se armó de valor y llegó a la conclusión de que todo comenzó desde que aquel hombre solitario llegó. Así que estos hicieron estacas y antorchas para destruir a aquel depredador que llegó a destruir al pequeño pueblo. —Me acomodé en la silla.
» ¡El Conde Drácula tiene una inteligencia mucho más avanzada a la de los mortales, así que pudo saber que iba a pasar! Lo iban a quemar. —Los niños hicieron cara de susto.
» Los habitantes del pueblo tenían rodeada la casa del Conde. Estos no sabían que él tiene más de mil poderes, haciendo que se transformara en un hombre pueblerino cualquiera. Salió de la casa sin que se dieran cuenta. Se iba a ir a otro lugar, pero antes dejaría un premio para todos. Una chica que allí se encuentra mirando todo es la última víctima de aquel hombre. No se escondió, lo hizo frente a todo el pueblo que tenía rodeada la casa.
» Muertos del susto, lo fueron atacar, pero este, en un ágil movimiento, quemó vivos a varios habitantes, causando mucho más temor. Este lo único que dijo fue: "Conmigo nadie puede", mientras veía cómo se incineraban los cuerpos de aquellos habitantes.
—¡Qué gran historia, mami! —dijo Darcy—. Mi abuelito es malo, ¡es el mejor! —decía con una gran sonrisa. Al fin de cuentas, estos pequeños son vampiros y siempre verán al Conde Drácula como a un héroe.
—Bueno, a dormir, que ustedes sí lo hacen —se acomodaron.
—Mamita —miré a Edward, que me empezó a hablar.
—¿Mañana nos cuentas más historias?
—¡Claro que sí! —les dije con una sonrisa, cosa que los alegró—. Que descansen, mis pequeños murciélagos. —Les di un beso en la frente a cada uno.
*
El timbre retumba por toda casa. El sonido es tan fuerte en la quietud de la noche que siento la vibración en mis huesos. ¿Quién será a esta hora? Ya me tengo que ir a cazar.
Llego hasta la puerta principal a velocidad vampírica. Abro la puerta y no veo a nadie, solo una hoja doblada en el piso. Sin rodeos, la recojo y me adentro a la casa. Me siento en un sillón de la sala y empiezo a leer lo que tiene escrito.
Querida Katherine Dracul:
Nos hemos enterado que tienes dos hijos semivampiros de un ex mortal. ¿Acaso no conoces la más grande ley? Y que solo tú tienes que cumplir, te guste o no. Eres la vampira con los 8 poderes. No podemos permitir lo que has hecho, nos veremos obligados a tomar cartas en este asunto. Despídete de tus hijos, alguien en esto tiene que salir sacrificado; si no eres tú, serán esos mitad mortales que tienes por hijos. El día de mañana, en la tarde para especificar, se definirá esto. Te esperamos en el bosque oeste de la ciudad de Brasov. Te llegó la hora Dracul.