Henry
La cabaña se sentía como una tumba de madera hasta que el aire cambió. No fue el viento de la montaña, ni el crujido de los pinos bajo la nieve; fue un rastro de magia antigua, un aroma a violetas y tormenta que no había sentido en tres largos y agónicos años. Mi corazón, que latía con la pesadez de una piedra muerta, dio un vuelco violento contra mis costillas.
—¿Papá?
La voz era un susurro quebrado, una nota de música en medio de mi silencio eterno.
Me giré con una rapidez sobrenatural. Allí, en el umbral de mi puerta, estaba ella. Mi pequeña mística. Destiny. Se veía tan cambiada, tan mujer, pero sus ojos seguían siendo dos pozos de sabiduría que me atravesaban el alma.
—¡Ay, mi niña! ¡Cómo te extrañé!
Las palabras salieron de mi garganta como un rugido de alivio.
Crucé la habitación en un parpadeo y la estreché contra mi pecho con una fuerza que temí que rompiera sus huesos. El contacto con mi propia sangre fue como una descarga eléctrica que me devolvió la vida. Enterré mi rostro en su cabello, respirando el olor de mi verdadero hogar, ese que me fue arrebatado por el orgullo y la traición.
Sentí que su cuerpo temblaba. Destiny, la que siempre mantenía la calma frente a las visiones más oscuras, estaba llorando. Un sollozo amargo empapó mi camisa, y sentí cómo el frío de su miedo se filtraba en mi propia piel. Me separé lo justo para tomar su rostro entre mis manos, buscándole la mirada.
—Y yo a ti, papá...
Logró decir entre lágrimas.
—¿Qué pasa, Destiny?
Mi voz se volvió gélida. Una preocupación ancestral despertó en mis entrañas.
—¿Es tu madre? ¿Te han hecho algo?
Ella respiró hondo, tratando de estabilizar su aura, que parpadeaba con una luz violeta errática.
—No soporto al novio de mi mamá.
Hizo una pausa, y el nombre de ese hombre sonó como una maldición en sus labios.
—Él está tramando algo. Siento los hilos moviéndose bajo el suelo de la mansión, pero por más que busco en las sombras, no logro descifrar qué es. Es como si estuviera tejiendo una red alrededor de todos nosotros.
Sentí cómo la furia empezaba a hervir en mi sangre. La mención de ese hombre me provoca un sabor metálico en la boca, pero escucharlo de mi hija era diferente.
—¿Qué quieres decir?
Mi mandíbula se endureció tanto que mis colmillos amenazaron con rasgar mis propios labios.
—¿Ese tipo está con tu madre solo para hacerla sufrir? ¿Para destruir al clan?
—Sí, papá.
Asintió ella, secándose las lágrimas con rabia.
—Y no solo es mi intuición. Christian ha escuchado cosas muy sospechosas.
Al mencionar a Christian, una punzada de dolor y orgullo me atravesó el pecho. Aunque Katherine nunca me lo haya dicho oficialmente, sé que Christian es mi hijo. Cada vez que Edward o Matthew me lo traen en secreto para pasar un rato con él en los límites del bosque, veo mis propios ojos reflejados en esa carita inocente. Es el regalo más grande que me dejó la mujer que amo, y el recordatorio más doloroso de lo que perdí.
—¿Qué ha escuchado el pequeño?
Pregunté, bajando la voz.
—Lo ha seguido hasta su despacho.
Empieza a explicar Destiny con urgencia.
—Lo escuchó hablar por celular. Max decía que "falta poco para el golpe final contra ese clan". Papá... creemos que se refiere a nosotros. A mis hermanos, a mamá... a todos. Quiere borrar nuestro apellido del mapa para siempre.
Cerré los puños, y por un momento, las luces de la cabaña parpadearon bajo el peso de mi poder liberado. El dolor se transformó en un propósito de hierro. Miré a mi hija a los ojos, transmitiéndole toda la fuerza que me quedaba.
—Tranquila, hija.
La atraje de nuevo hacia mí en un abrazo protector, un escudo de carne y magia.
—Yo no voy a permitir que nada les pase. Ni a ustedes, ni a su madre. Ese impostor cree que soy un lobo viejo y moribundo, pero no sabe el poder que tengo.
Me separé de ella y miré hacia la puerta. El tiempo de las sombras y el arrepentimiento se había terminado.
—Vuelve a la mansión, Destiny. Diles a tus hermanos que el juego ha cambiado. Si Max busca un golpe final, yo le daré una guerra que durará milenios. Que se cuide del hombre que no tiene nada que perder, porque ese es el hombre que lo quemará todo para salvar lo que ama.
* * * * * *
Destiny
El bosque susurraba advertencias mientras corría de regreso a la mansión. Las ramas se enganchaban en mi ropa como manos desesperadas, y el aire frío me quemaba los pulmones, pero la fuerza del abrazo de mi padre todavía vibraba en mis costillas, dándome el impulso que necesitaba. Había dejado a papá en la cabaña con los ojos encendidos en un carmesí que no veía desde mi infancia; el león había despertado, pero la presa seguía dentro de nuestra casa.