Clan Dracul: La entrevista - Libro 4

Capítulo 5

Bárbara no respondió. Solo avanzó más profundo, más abajo, hacia donde los cimientos del castillo se hunden en la tierra cruda. El entorno cambió drásticamente: las paredes ya no estaban pulidas, eran bloques de piedra antiguos, marcados por el tiempo y por algo más oscuro que el simple olvido.

—Esto no tiene que ver con el clan —murmuró—, ellos están bien. Esto… es mío.

El aire se volvió gélido, un frío que calaba los huesos.

—¿Qué pasó?

Bárbara no se detuvo. —Me descontrolé.

La palabra se sintió pequeña para la atmósfera que nos rodeaba. Era algo mucho peor.

—No como antes —añadió—, esto fue diferente.

Llegamos a una puerta pesada. Sellada con marcas que no eran decorativas, sino restrictivas; antiguos sellos de contención que vibraban con una energía sorda.

—Después de siglos… —continuó— pensé que ya lo tenía dominado, pero hay cosas que no desaparecen. Solo esperan.

—¿Qué hiciste? —pregunté, casi en un susurro.

Bárbara apoyó su mano en la puerta, y por un momento, su fuerza pareció flaquear. —Casi mato a alguien del clan.

El golpe fue directo. En una familia tan cerrada, eso era la traición definitiva. —¿Quién?

Silencio. —No importa. Lo que importa… es que no pude detenerme.

El aire se volvió denso, difícil de respirar. —¿Y Nicolás?

Bárbara cerró los ojos un segundo. —Estaba ahí. No intentó hablar conmigo, no al inicio. Sabía que las palabras no llegaban a donde yo estaba. Intentó detenerme y yo… lo ataqué.

No había duda en su voz, solo una cruda aceptación. —¿Con todo?

—Con todo. No lo reconocía, solo veía una amenaza.

—¿Y él?

Bárbara soltó aire lentamente, un suspiro cargado de siglos. —No retrocedió. No fue una pelea normal. Fue destrucción contenida. Rompiendo paredes, velocidad inhumana, sangre manchando el suelo. Y él… aguantando.

—¿Por qué no se defendía? —pregunté horrorizada.

Bárbara me miró con una intensidad desgarradora. —Sí lo hacía, pero no para ganarme. Para cansarme. Para frenarme. Para… traerme de vuelta.

—¿Y lo logró?

Hubo un largo silencio. —No al principio. Tuvo que lastimarme. —Me estremecí— Sabía dónde golpear… sin romperme.

Eso era amor en su forma más peligrosa y pura. Un cirujano de la violencia.

—¿Y tú?

Bárbara bajó la mirada. —Seguí, hasta que…

Su voz se quebró apenas, un matiz humano en la guerrera. —Dijo mi nombre.

El aire se congeló.

—No como advertencia. Como… recuerdo.

—¿Y eso funcionó?

Bárbara asintió. —Fue lo único que funcionó. Me detuve y lo vi, realmente lo vi. Cubierto de sangre. Pero de pie. Siempre de pie.

—¿Y qué pasó después?

Bárbara apoyó la frente contra la pesada puerta de madera y hierro. —Colapsé y él me sostuvo.

El silencio volvió, pero ahora tenía un peso emocional que superaba cualquier historia de guerra.

—Eso… —murmuré— no suena como una pelea.

Bárbara soltó una pequeña risa carente de alegría. —No lo fue, fue una intervención.

—¿Por eso dices que te salvó de ti misma?

Bárbara se giró. Sus ojos ya no eran los de la cazadora letal; eran los de alguien que ha visto el fondo del abismo y ha sido rescatada. —Sí, porque si él no estaba ahí… —el silencio terminó la frase con una imagen de muerte total.

—¿Y ahora? —pregunté— ¿Sigue pasando?

Bárbara negó. —No así, pero el riesgo… siempre está.

Eso no era tranquilizador, pero explicaba la vigilancia constante en el castillo. —¿Y el clan?

—Ellos saben y aun así… se quedan.

Eso lo decía todo sobre la lealtad de los Dracul. Bárbara abrió la puerta Lentamente. Sin dramatismo, con la solemnidad de quien revela su santuario y su celda al mismo tiempo.

—Entonces… —dijo— ¿Quieres conocer al hombre que decidió no matarme… cuando era la opción más fácil?

Respiré profundo y asentí. Ahora entendía que Nicolás no es solo su esposo o su antiguo protegido. Es su ancla, su límite, su única forma de no destruir todo lo que ama.

Y cuando la puerta terminó de abrirse, la luz de una habitación austera reveló una figura esperando.

Bárbara no dijo nada. Yo tampoco. Pero lo sentí antes de verlo. Él estaba allí, de pie, apoyado contra una mesa de piedra con la paciencia de quien ha aprendido a esperar a que las tormentas pasen. No se movió al vernos; no evaluó mi amenaza ni intentó imponerse. Simplemente… estaba.

—Nicolás —dijo Bárbara.

Su voz sonó distinta. Sin el filo de la guerrera, sin el juego de la depredadora. Era una nota real, despojada de siglos de armadura. Él levantó la mirada y, en ese instante, el rompecabezas terminó de encajar. No era el más intimidante físicamente, pero poseía una estabilidad que no necesitaba ruido para ser notada.



#118 en Fanfic
#72 en Paranormal
#35 en Mística

En el texto hay: vampiros, entrevista

Editado: 13.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.