Clan Dracul: La entrevista - Libro 4

Capítulo 10

Cameron se levantó de su taburete y comenzó a caminar por el laboratorio, revisando la temperatura de unas muestras de veneno de vampiros. Sus movimientos eran tan precisos que parecían coreografiados.

—¿Quién soy yo? —repitió, sin apartar la vista de los sensores—. Soy la anomalía en la historia de los Dracul. Mi mundo no se rige por el linaje ni por el honor, sino por lo que puede ser medido, pesado y modificado.

>Muchos ven mi frialdad como una carencia. Se equivocan. Es una herramienta de precisión. Si yo hubiera amado a Drácula como una mujer “normal”, hoy sería una sombra más en su galería de amantes rotas. Me mantuve a distancia para no ser consumida por su gravedad. Yo no soy el satélite de nadie; yo soy la que estudia la órbita.

>Para Drácula, ser un vampiro es ser un rey. Para mí, es ser una máquina biológica con un motor de combustión interna defectuoso pero duradero. Mi vida ha sido una búsqueda constante de la “Fórmula Dracul”: entender qué nos hace inmortales para, eventualmente, controlar esa inmortalidad.

—Usted volvió después del incidente de Katherine —comenté, observando su bata impecable—. Pero no volvió por nostalgia.

—La nostalgia es un residuo del pasado que nubla el presente —respondió Cameron con firmeza—. Volví porque Drácula es, biológicamente hablando, el espécimen más fascinante del planeta. Y sus hijas son variantes genéticas que no existen en ningún otro lugar. Regresar al clan fue como volver a la fuente de mi investigación.

>Aquí, en el ala norte, soy la encargada de que el clan no se extinga por su propia arrogancia. Trato sus heridas, estudio sus debilidades y, sobre todo, preparo a la siguiente generación para un mundo donde la ciencia humana está empezando a alcanzarnos. Mi lealtad no es hacia el trono de Drácula, sino hacia la continuidad biológica de su estirpe.

—El Conde piensa que él tiene el control —dije con una pequeña sonrisa—. Piensa que usted está aquí bajo sus términos.

Cameron se detuvo frente a un monitor que mostraba una cadena de ADN en constante rotación.

—Drácula necesita creer que es el arquitecto de su destino. Yo le permito esa ilusión porque es útil para la estabilidad del grupo. Mientras él se encarga de la política y el drama, yo me encargo de que su corazón siga latiendo y de que sus hijas no se desintegren bajo el peso de su propia historia. Él es el Rey, sí; pero yo soy la que conoce la composición química de su corona.

—Doctora —concluí, preparando el terreno—, usted ha dicho que el experimento más exitoso de su carrera fue su hija. El conde cree que la protege con mentiras, pero usted sabe que ella ya ha descifrado el código.

Cameron apagó el monitor y la habitación se sumió en una luz tenue y azulada. Se giró hacia mí.

—El análisis de los padres ha terminado —sentenció—. Si quieres entender realmente por qué el clan Dracul ha sobrevivido, debes dejar de hablar con los creadores y empezar a hablar con la creación. Perrie no es solo mi hija; es el siguiente paso evolutivo. Y créeme, ella no tiene paciencia para los dramas de su padre ni para mis protocolos si no hay un propósito detrás.

Me puse de pie, cerrando mi grabadora. La frialdad de Cameron era refrescante después del fuego de los otros Dracul, pero también mucho más inquietante.

—¿Dónde puedo encontrarla? —pregunté.

—En la biblioteca privada, en el nivel inferior del ala médica —respondió Cameron, volviendo a su microscopio—. Probablemente ya sepa que vas hacia allá. Ella siempre ha sido excelente prediciendo trayectorias.

Salí del laboratorio con la sensación de que estaba a punto de conocer a la mente más brillante de las hermanas Dracul.

Bajé las escaleras hacia el nivel inferior del ala médica, donde el silencio era absoluto. Allí, en una biblioteca que parecía más un centro de datos que una sala de lectura, encontré a Perrie. Estaba rodeada de pantallas y libros antiguos, pero no estaba sola. A su lado, revisando unos mapas digitales, estaba un hombre de mirada relajada y manos fuertes: Zack.

Perrie levantó la vista. Tenía la mirada gélida de su madre y la presencia imponente de su padre, pero había algo en ella que se sentía mucho más moderno, más... calibrado.

—Llegas tarde —dijo Perrie, sin preámbulos—. Mi madre ya te habrá dado su lección de bioquímica y mi padre su drama histórico. Supongo que ahora quieres saber cómo sobreviví yo a ambos.

—Me interesa tu historia, Perrie —dije, sentándome frente a ella—. Al igual que tus hermanas, fuiste contratada por tu tío Paul como guardaespaldas. Un trabajo de alta precisión para alguien con tu mente.

Zack soltó una risita y se apoyó en el respaldo de la silla de Perrie. —Y vaya que era precisa —intervino él—. Si no fuera por la fiesta irresponsable que montamos en Londres, probablemente ella todavía me estaría tres metros bajo tierra literalmente.

Perrie esbozó una sonrisa mínima, casi imperceptible. —Zack era mi objetivo de protección. Un caos andante. En aquella mansión de Londres, él y sus amigos decidieron que el mundo era suyo. Fue una noche de imprudencias que desafió todos mis protocolos de seguridad. Pero entre el ruido y el desorden, vi algo en él que mi lógica no pudo clasificar de inmediato: una lealtad inquebrantable.

Se acomoda.



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En el texto hay: vampiros, entrevista

Editado: 13.05.2026

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