Clan Dracul: La entrevista - Libro 4

Capítulo 14

Drácula guardó silencio por un largo momento, dejando que el peso de los siglos y de las decisiones tomadas se asentara en el despacho de su castillo en Hunedoara. Su mirada se suavizó, perdiendo esa rigidez gélida que lo caracterizaba al hablar de traiciones pasadas.

—El odio y el resentimiento son fuegos que consumen mucho, pero que no pueden arder para siempre si hay cenizas de un amor verdadero debajo —dijo el Conde, con una voz que vibraba con una madurez nueva—. Katherine nos dio la lección más grande. Al perdonar a Belinda, nos abrió una puerta que creíamos sellada con piedra y sangre. Cuando mi hija decidió dejar Londres para alejarse de Henry y buscar la tranquilidad de Arad, Transilvania, para llevar su embarazo y tener a sus hijos en un espacio diferente, eso hizo que todo cambiara para nosotros.

Flashback

Con Katherine instalada en una de las ciudades más pacíficas de la región, buscando paz para su nueva realidad, Belinda se convirtió en una presencia constante. Al principio, sus encuentros eran solo por y para su hija, pero la proximidad forzó lo inevitable.

En los pasillos de piedra y en los jardines iluminados por la luna, las miradas de reproche entre el Conde y Belinda comenzaron a transformarse. Cada roce accidental al hablar del futuro de los nietos que venían en camino despertaba un eco del pasado. El amor que los había consumido hacía dos siglos volvió lentamente, despojándose del veneno y la ambición, convirtiéndose en algo más profundo, maduro y necesario. Belinda volvió a sentir el pulso de la devoción por el Conde, y Drácula se descubrió enamorándose de ella como si fuera la primera vez.

—No podemos decírselo todavía, Lucian —susurró Belinda una noche en el ala norte, resguardada en los brazos del Conde—. Katherine está pasando por demasiado con su embarazo y su distancia con el resto de la familia y ese muchacho. No necesita la confusión de ver que sus padres, después de doscientos años de guerra, vuelven a estar juntos.

—Tres años, Belinda... Tres años mantuvimos este secreto —contó Drácula con una sonrisa nostálgica—. Al principio, cuando Katherine finalmente descubrió desde donde está que el amor había renacido entre nosotros, no lo asimiló del todo. Hubo silencio, hubo dudas. Pero su corazón generoso, el mismo que la llevó a perdonarte antes, la hizo aceptarlo. Ver a sus padres unidos le dio la paz que necesitaba para criar a sus hijos.

—¿Y qué pasó con su hijo, Conde? —pregunté.

Drácula se levantó y sirvió un poco de vino de sangre y lo llevó a su boca. Sus ojos brillaron con un orgullo que nunca antes había mostrado al hablar de sus descendientes.

—Nick... —pronunció el Conde con una profunda satisfacción—. Siempre quise un hijo hombre. Alguien que llevara la carga de este imperio no desde la sumisión, sino desde la complicidad masculina. Cuando Belinda y yo nos reconciliamos, el acercamiento con Nick fue inevitable.

> Nos sentamos en este mismo despacho con dos botellas de licor de sangre antiguo. Nick no me miraba como al monstruo de las leyendas, sino como al hombre que había amado a su madre a pesar de todo. Descubrí en él mí mismo carácter, pero templado por la libertad en la que su madre lo crió.

>Pasamos noches enteras discutiendo sobre el control de los clanes, compartiendo anécdotas de sus años en el mundo mortal y de mis siglos de conquistas. Nick estaba genuinamente feliz de ver a su madre sonreír de nuevo. Con el tiempo, dejamos atrás el protocolo de 'padre e hijo' para convertirnos en algo mejor: nos volvimos grandes amigos, confidentes, dos pilares que se respetan como iguales. Él es el heredero que siempre soñé, y tenerlo a mi lado, respaldando mi tregua y mi amor por Belinda, es mi mayor victoria.

De vuelta al presente

Drácula dio un sorbo a su copa, mirando la calidez del fuego.

—Así que, como ves, la historia de Belinda no terminó en la tragedia del hospital. Encontró su redención en Hunedoara, al lado de una Katherine que sanaba sus propias heridas y de un hijo, que completó mi eternidad.

Sonrío, sintiendo que por fin el aire del castillo no soplaba con vientos de guerra, sino con la promesa de una familia que, contra todo pronóstico, había aprendido a reconstruirse desde las cenizas.

—Conde —digo inclinándome hacia adelante—, me ha dejado en el umbral del momento más importante de esta historia. Me dijo que, a pesar de la huida del hospital, de los doscientos cuarenta y dos años que pasaron y del veneno que casi los destruye, usted y Belinda se casaron. Ella se convirtió en su única y legítima esposa, la Reina del clan.

La grabadora seguía corriendo, capturando el silencio expectante.

—¿Cómo fue esa boda? ¿Cómo se llega al altar con la mujer que le arrebató a su hijo varón, y cómo reaccionó el imperio vampírico ante la coronación de Belinda Moore? Cuéntenmelo todo.

Drácula miró fijamente el fuego de la chimenea, y una sonrisa verdaderamente nostálgica, despojada de toda amargura, se dibujó en sus labios.

Flashback

—No fue una boda común —comenzó el Conde, con una voz que resonaba con la majestuosidad de un rey—. Fue el evento que detuvo el tiempo en el mundo de las sombras. Sucedió poco después de que Katherine nos perdonara y de que Nick regresara a mi lado. Decidimos que si íbamos a ser una familia, lo seríamos ante los ojos de todo el imperio que fundé.



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En el texto hay: vampiros, entrevista

Editado: 03.06.2026

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