Clan Dracul: La entrevista - Libro 4

Capítulo 15

Avanzo por el pasillo de piedra con paso firme, atenta a cualquier murmullo que rompiera la quietud de esta ala apartada del castillo. El eco de mis propios pasos parecía competir con la densa atmósfera del lugar, hasta que finalmente los diviso. Allí, reunidos en lo que parecía un momento de tensa calma, se encuentra la familia al completo: Henry, con su habitual porte altivo, rodeado por sus ocho hijos adultos. Es una escena peculiar; todos ellos, hombres y mujeres de presencia imponente, comparten el espacio con sus respectivas parejas e hijos, llenando el rincón con el murmullo de una descendencia numerosa. Todos están casados y con su propia vida familiar, a excepción de la hija menor, que permanece un poco más cerca de sus padres, observando el entorno con ojos curiosos.

En el centro de ese grupo, destacando con su inconfundible estilo rockero y su mirada felina color miel, está Katherine. Al notar mi aproximación, la vampira desvía la atención de su familia y alza una ceja, midiendo la situación con esa calma depredadora que la caracteriza.

—Katherine... —saludo, manteniendo una distancia respetuosa—. Me alegra haberla encontrado. Antes de reunirnos con su esposo y el resto de su familia, me gustaría que habláramos un momento a solas, si no tiene inconveniente.

Katherine miró de reojo a Henry y luego a sus hijos. Con un leve gesto de la mano, sutil, pero cargado de esa telequinesis latente que siempre parece acompañarla, les indicó que esperen.

—Está bien —respondió Katherine, con una voz suave pero firme, arrastrando las palabras con un deje de aburrimiento aristocrático—. Caminemos un poco. El aire en este rincón se está poniendo demasiado pesado, incluso para mis estándares.

Ambas comenzamos a alejarnos lentamente del grupo, adentrándonos en un corredor adyacente donde las antorchas proyectan sombras alargadas sobre los muros milenarios. Con esta caminata espero captar la verdadera esencia de la legendaria hija menor de Drácula, la misma que una vez desafió las leyes de su linaje y que ahora, siglos después, camina como madre y matriarca de su lado de la familia.

Nos detenemos junto a un gran ventanal gótico que mira hacia los bosques oscuros que rodean el castillo. La luz de la luna apenas lograba recortar la silueta de Katherine, quien se apoyó contra el marco de piedra con una elegancia perezosa, cruzando los brazos.

—Katherine —comienzo, modulando la voz para no romper el silencio del corredor—, verla hoy aquí, rodeada de sus ocho hijos y de la familia que ha construido, hace que sea inevitable mirar hacia atrás. Antes de todo esto, antes de Henry ... ¿cómo era su vida? ¿Cómo fue crecer bajo la sombra de una figura paterna tan monumental y terrible como Drácula?

Katherine guarda silencio un par de segundos. Una sonrisa felina, apenas un esbozo que dejó al descubierto la punta de sus colmillos. Sus ojos color miel brillaron con una mezcla de nostalgia y pura oscuridad.

—¿Crecer con Drácula? —repitió, y una risa baja, rasgada, escapó de su garganta—. No existía tal cosa como "crecer" en el sentido humano, querida. Existía sobrevivir, moldearse y, eventualmente, reinar.

Se separó del ventanal y empezó a caminar despacio, con esa cadencia impecable de quien sabe que el tiempo no significa nada.

—Imagínate lo que es abrir los ojos al mundo y que tu primer referente de poder sea el empalador de naciones. Mi padre no te enseñaba a caminar; te enseñaba a someter. Crecer a su lado era fascinante y, al mismo tiempo, un ejercicio constante de terror absoluto. Él no buscaba una hija dócil, buscaba una heredera digna de su sangre pura, y yo... bueno, yo absorbí cada gramo de esa oscuridad. Me convertí en su reflejo más peligroso.

Katherine se detuvo y mira fijamente, sus pupilas felinas se dilatan sutilmente ante el recuerdo.

—Hubo una época en la que mi sed no conocía límites, ni geográficos ni morales. Europa se me quedó pequeña, aburrida con sus intrigas cortesanas. Así que me marché. Crucé el Mediterráneo y descendí por el continente africano. Si mi padre era el terror de los Balcanes, yo quería ser la pesadilla de un mundo nuevo.

Hizo una pausa, saboreando las palabras con una frialdad que helaba la sangre.

—Acabé con aldeas enteras. Ciudades coloniales y asentamientos en el corazón de África que hoy ya ni aparecen en los mapas porque yo misma me encargué de borrarlos. No iba con sutilezas; llegaba como una tormenta de sangre y fuego. Recuerdo cuando usaba la telequinesis para cerrar las salidas de las chozas antes de entrar a cazar. No quedaba nadie vivo. Hombres, cosechas, ganado... lo consumía todo. Me gané nombres que la gente solo se atrevía a susurrar antes de dormir para alejar a los demonios. Era un monstruo perfecto, la joya de la corona de Drácula.

Se miró las uñas, impecables, como si buscara algún rastro invisible de la tierra y la sangre de aquellos siglos.

—Mi padre miraba mis masacres desde la distancia y sonreía con orgullo. Para él, cada aldea reducida a cenizas en África era la prueba de que su estirpe jamás flaquearía. Mi vida antes era eso: una búsqueda insaciable de destrucción, un pozo sin fondo de poder y crueldad. Era libre, letal y absolutamente despiadada.

Katherine volvió a mirar hacia el pasillo donde, a lo lejos, aguardaba su familia. Su expresión se suavizó un milímetro, transformándose en la matriarca que era ahora, aunque el peligro seguía latente bajo su piel.



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En el texto hay: vampiros, entrevista

Editado: 03.06.2026

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